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Conciertos Rock & Metal

21 de noviembre 2017 | Teatro Cariola

Nota: Freddy Veliz | Fotos: Edward Hudson

 

Este martes 21 de noviembre fuimos testigos de una portentosa fiesta de heavy metal en el Teatro Cariola, de la mano de dos bandas íconos de un década. Por un lado los españoles BARÓN ROJO con su explosiva propuesta que llevó el heavy rock hispano a codearse con las grandes bandas  del género a nivel internacional en la primera mitad de los ochenta, y por otro los alemanes ACCEPT, cuyos pergaminos no necesitan presentación en una de las bandas alemanas más importantes del movimiento.

Con un recinto copado al máximo, y puntualmente a las 20:00 horas los españoles liderados por los hermanos De Castro, hacen su entrada al mismo escenario que los cobijó en su última visita a Chile el año pasado. Como era de esperar el público rompe gargantas desde el inicio con el himno “Barón Rojo” que sigue rápidamente y sin un segundo de espacio con “Son Como Hormigas”, problemas en el sonido, en especial en la voz de Carlos De Castro que poco se distinguía, pero que en medio de las voces del público lograba pasar algo desapercibido.

Un set de solo clásicos, al contrario de su anterior visita, donde incluyeron algunas cosas más nuevas, esta vez se centró en su discografía comprendida entre el debut de 1981 y el álbum ‘Desafío’ de  1992. Es imposible abstenerse de cantar emblemas como  “Incomunicación”, “Breakthoven” o “Satánico Plan”, introducida esta última con la poderosa y eficiente guitarra de Armando De Castro, quien se luce con su talento indiscutido en las seis cuerdas, además de imponer presencia y energía recorriendo el escenario y alentando al público, su rostro refleja lo bien que lo pasa haciendo rock, y eso es lo que obviamente gatilla el que mantenga con vida a su banda por tantos años.

La gran ventaja o virtud de Barón Rojo, es que logró crear himnos potentes, a través de letras directas que representan a los marginados del rock como también al ciudadano común, afectado por los abusos del poder, sea económico, político o religioso. Y como sus líricas son en español, se nos hace aún más fácil y cercano enganchar con ellos. Oír a todo el teatro corear cada una de las canciones que iban pasando, es una magnífica experiencia delatadora de que el rock hecho con pasión y agallas es el que trasciende. Si bien la mayoría del público presente sobrepasaba los 35 años, pudimos ver algunos más jóvenes e incluso niños disfrutndo a todo pulmón de la banda más importante del heavy metal español.

“Las Flores del Mal”, “Con Botas Sucias”, la increíble “Hijos de Caín”, no hacen más que validar esa gran etapa creativa de Barón Rojo en la década de los ochenta, años en que en Chile eran venerados por adolescentes heavy rockeros, tanto como a Iron Maiden o Judas Priest, que se hacían parte de esa declaración de principios llamada “Los Rockeros van al Infierno” Y que anoche unieran en un medley junto a “Los Desertores del Rock” y “Casi Me Mato”, antes de que en la pantalla dispuesta en el fondo del escenario apareciera el rostro de Malcolm Young, el recientemente fallecido guitarrista, compositor y fundador de AC/DC para homenajear a los que ya no se encuentran entre nosotros (por lo menos en forma física) con la primordial “Concierto Para Ellos”, las fotografías del mismo Young, Janis Joplin, John Lennon, Duanne Allman, Ronnie James Dio, Jimi Hendrix, Keith Moon, etc., nos recuerdan a los que forjaron la grandeza del rock, en uno de los momentos más emotivos de la jornada, las campanas doblaron especialmente por Malcolm.

Para el final nos entregan primero, la furia e impronta metálica de “Resistiré”, con el público desgarrando cuerdas vocales y con puños en alto, para luego bajar revoluciones y despedirse con la power ballad “Siempre Estás Allí” ese homenaje a sus fans, que cala directo al alma de los que siempre estamos ahí, gritando con fervor en medio de la multitud. Un regreso que si bien, falló en cuanto a la calidad del sonido, un problema constante en Teatro Cariola, demuestra lo bien parada que se encuentra la banda, manteniendo la esencia, a pesar de no contar con la formación original, el espíritu sigue presente bramando a nivel atronador.

Un extenso intermedio, que se hizo interminable por el calor reinante en el interior del histórico recinto, comenzaba a inquietar al público, eran casi las 23:00 horas, día de semana, muchos deben partir rápido a sus casas para levantarse temprano e iniciar una jornada laboral o académica, se escuchaban los reclamos de algunos por la demora, pero todo queda en el olvido cuando se abre el telón y los alemanes ACCEPT nos dan la primera zarpada con “Die By the Sword” de su más reciente álbum titulado “The Rise of Chaos” editado en agosto pasado. En medio de una escenografía que emulaba la carátula del álbum, la aplanadora teutona nos conminaba a una jornada de pesados riffs a un volumen ensordecedor, lo que de alguna manera les jugó en contra al saturarse en demasía el sonido.

Al contrario del set nostálgico de Barón Rojo, los germanos presentan un show equilibrado entre sus clásicos y parte de su más destacada discografía, apuntando principalmente a su nueva placa de estudio. Un gran trabajo, pero que aún falta madurar en los oídos de sus fanáticos, que se delatan al no recibir con el mismo entusiasmo cortes como “Koolaid”, “Analog Man” o “No Regrets” en comparación a esas gemas ochenteras del tipo “Restless and Wild” o “London Leatherboys”. Es cosa de tiempo, está claro, ya que el disco está sustentado en cortes como el mismo “The Rise of Chaos”, que da título al álbum, de características que debieran enganchar con su fanaticada, de hecho este fue uno de los que se vio a varios corear como un himno más del conjunto.

La dupla inquebrantable del guitarrista Wolf Hoffmann y el bajista Peter Baltes, los dos históricos integrantes de la banda, sostienen al conjunto con la vitalidad creativa para seguir sacando discos, y no vivir de los años de gloria, Hoffman es un líder innato y se adueña del escenario cada vez que interfiere con su flying V, levantando el mástil en una clásica pose heavy metalera que nos regala postales alegóricas, respecto a la actitud con que se vive el metal sobre las tablas. Por su parte Mark Tornillo sigue demostrando que nunca le ha quedado grande el puesto en el que alguna vez estuvo el pequeño gran Udo, y ha sabido mantenerse firme tras el micrófono, imponiendo su estilo y una gran performance, convenciéndonos cada vez más sobre su calidad de frontman.  Así también el ex Grave Digger, Uwe Lulis ha ido solidificando su función en el conjunto, aunque menos extrovertido que Hoffmann, es un apoyo sustancial en las guitarras, al igual que el joven baterista Christopher Williams, que debió reemplazar al experimentado Stefan Schwarzmann, y que a estas alturas ha logrado cohesionar de manera perfecta con la banda, esta formación ya había pisado nuestro país el año pasado, por lo que cada uno de ellos estaba al tanto del público al que se enfrentaría. Ahora llegaron con una nueva placa bajo el brazo, y el recibimiento fue como siempre grandioso.

Los momentos más intensos sin duda se vivieron en lo que podríamos calificar como una tercera parte de la extensa jornada, y esta es a partir del aplaudido solo de guitarra de Hoffmann, arremeten con los clásicos “Neon Nights”, la siempre intensa y coreada “Princess of the Dawn”, “Midnight Mover” y “Up to the Limit”, desde ahí en adelante se volvió a levantar el show, después de un cierto letargo que se vislumbraba en el público, que claramente esperaba los clásicos.  Con la clásica intro “Ein Heller und ein Batzen” el público corea al unísono “Heidi, Hei do, hei da, Heidi, Hei do, hei da,  Heidi, Hei do, hei da,  ha ha ha ha ha ha” y Tornillo desgarra su garganta para iniciar uno de esos clásicos imperecederos en la memora de toda una generación, “Fast as a Shark”, ese himno proto speed metal, hizo peligrar los muros del Cariola, antes de volver con el encore, y hacernos rendir ante la portentosa “Metal Heart” y sus guiños sinfónicos, increíble como estos clásicos creados hace tres décadas aun se mantienen frescos e innigualebles, composiciones que de alguna manera cimentaron la grandeza de Accept, y que los convirtió en un referente mundial del heavy metal. Prosiguen con la más actual y tremenda “Teutonic Terror”  para despedirse con  “Balls To The Wall” uno de esos himnos por excelencia de los teutones.

Fue un extensa jornada, que finalizó sobre la medianoche, con dos extensos shows, que fallaron en cuanto al sonido, pero fuimos sobre pagados con una verdadera fiesta de heavy rock, intensa, emocionante y cargada de himnos de esos que quedan inmersos en lo más profundo de nuestra memoria, y por qué no, de nuestras almas metaleras.

 

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