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Conciertos Rock & Metal

Por Pablo Jofré

 

 

Teniendo en conocimiento las diversas opiniones que pueda haber al respecto sobre este tema, me gustaría poner sobre la mesa una realidad que por motivos de poca disposición política real e incentivo de la ciudadanía al respecto, se ha obviado.

En palabras más bien introductorias, puedo plantear que todo se resume en un dejo que lamentablemente por decisiones mal tomadas a nivel histórico nacional o simplemente por un bajo interés al respecto  (asunto que no cabe duda alguna) se ha considerado el arte en general pensado como profesión,  como un tema de no importancia momentánea, de poca contingencia a nivel país, de algo que solo se ve como entretención y no como una real profesión seria por parte de las autoridades a cargo de esta área o bien de quienes solicitan el trabajo de un artista, siempre buscando la gratuidad del servicio solicitado o el pago de una miseria por el trabajo entregado o a realizar.

 A fin de cuentas, el artista chileno es notoriamente subvalorado al momento de la función que cumple en la sociedad como contribuyente tanto a nivel de rentabilidad por su trabajo y el pago que éste realiza por mínimo que sea a los impuestos, validando el pleonasmo, impuestos según salario que la misma ley impone; no dejando de lado la consideración que se le debe tener por el aporte cultural que realiza. En ningún caso hablo de estar exentos de dicho pago fiscal, pero considerando la precaria y espero momentánea poca importancia a dicho trabajo, la contribución económica para efectos de impuestos a mi parecer debe ser inferior a lo que una persona contribuye por una rentabilidad más estable en el tiempo que por poco que sea según la realidad país a largo plazo obtendrá lo que impuso toda su vida mediante pensiones que ellos mismos según la AFP escogida decidieron arriesgar y lamentablemente aquellas entidades privadas siguen robando y burlándose de quienes merecen de verdad un buen pasar al momento de su retiro, lo que provoca millones de factores que causan problemas sociales e indignación ciudadana al no considerar válidos o justos sueldos de vejes que no aportan a vivir una tranquilidad económica al momento del retiro laboral por edad. Imaginemos entonces lo que el artista vive con respecto a esto y la inseguridad que provoca realizar lo que uno ama y dedicar su vida a ello sin la tranquilidad de una seguridad que principalmente el estado debe entregar para todos.

Como se habrán dado cuenta no me refiero principalmente a artistas nacionales con una trayectoria y popularidad que si efectivamente pueden vivir del arte, ya sea música, teatro, pintura, literatura, etcétera, obviamente a efectos de beneficios se les debe considerar de igual manera en lo que respecta a lo expuesto anteriormente en sentido de seguridad económica futura, lógico. Principalmente me refiero a aquellos que su fin de mes depende solo de la autogestión, del como jerga utilizada por ellos mismos el “moverse”, el interactuar con otros para lograr llevar a conocimiento popular su trabajo. Lamentablemente no todos somos dichos artistas populares que suenan cada 10 minutos en las radios o aparecen en programas de televisión para que su fanaticada aumente, o tienen los recursos para lograrlo, no tengo nada en contra de eso, pero siendo realistas el “pituto” en este sentido lo puede todo, dejando de lado a quienes son igual de aptos y profesionales, además de amar su trabajo como cualquier otro, lo que ahora por fin, después de lo ya expuesto durante este artículo, puedo comenzar a tratar. No se desanime en seguir leyendo, la solución quizá esté más en nuestras manos como personajes dentro del rubro artístico si nos organizamos bien y enfrentamos la realidad que acontece.

Consideremos los factores que impiden el real funcionamiento del arte como forma de trabajo:

Primero, el neoliberalismo mata el arte y la cultura por no ser rentable al mercado. Por lo cual el actual sistema no protege de forma real a quienes estudian y piensan el arte como su actividad profesional y principal forma de ingreso monetario. Segundo, el mínimo incentivo que garantiza el estado para dichos efectos es pésimo, no se crean oportunidades reales para quienes estén comenzando en su trabajo artístico y la disposición a legislar al respecto es nula, ya que no hay proyectos serios de ley que avalen el pensar de los trabajadores del rubro. Tercero, la autogestión corre por cuenta del artista en todo aspecto, hablando macro en sentido económico el “know how” está en manos de él completamente. Cuarto, la Constitución de la República protege el arte, pero no a quien lo realiza en el sentido ejecutorial, por tanto no establece por lógica derechos al momento de ejercerlo.  Quinto, al no haber lo anterior, el trabajador queda desprotegido ya que no se establecen medios ni facultades reales de autoridad para promover éste derecho, las autoridades están (ministro de cultura por ejemplo) pero como sabemos dicho ministerio no tiene el conocimiento necesario de lo que el artista realmente necesita para ejercer su profesión, ni la autoridad máxima de gobierno el ojo necesario para otorgar el cargo a alguien con conocimiento pleno de la situación; y dicho sea de paso, siempre, desde que tengo memoria, los ministros de cultura han sido actores (sin desmerecer aquel arte por supuesto), no entiendo el motivo por el cual no se cambia el rubro del profesional a cargo del ministerio, variar en primera instancia eso para que otras formas de arte y cultura se difundan más ampliamente y no tener solo difusión artística teatral como única opción existente en nuestro país; se promueven someramente otras pero principalmente obras de teatro y eventos relacionados. Solo pensemos en cuánto recurso se dedica al teatro y cuánto a la música por poner un ejemplo, la diferencia es notoria. Principalmente por la mala administración y distribución de dichos recursos.

En fin, pueden existir muchos factores más, cada persona puede tener uno nuevo que aportar con respecto a algo tan fundamental, por algo que Chile a luchado tanto: El derecho a la cultura, promover el arte y disfrutar de dicha entretención y diversidad cultural en cualquier rincón de nuestro país. Pero cabe preguntarse, ¿Chile garantiza que los profesionales que entregan dicho arte mediante su trabajo estén satisfechos con al menos lo que respecta su tranquilidad laboral y económica? lo dudo y es lamentable.

Quien lleva el arte en su vida y ama trabajar en ello, no necesita exceso de lujos, solo oportunidades para aportar y fomentar más cultura y arte donde vivimos todos, tema importante que beneficia a los que buscan de ella y, si es posible, a quienes quieran de forma libre acceder a ella sin prejuicios ni ideologías divisorias que solo nos alejan del tema central.

 Protejamos a nuestros artistas nacionales, porque cuando uno menos lo espera, con su arte nos pueden incluso, salvar la vida.

 

“Lo que el alma hace por su cuerpo es lo que el artista hace por su pueblo”.

(Gabriela Mistral)

 

 

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