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La Rockola:

“La Grasa de Las Capitales” (1979) – Serú Girán

Por Mario Molina Leiva

 

Desde que era niño tuve la suerte de escuchar al gran Charly García, en esa época, de la mano de Sui Generis, con la que me enamoré del rock latino. Este gigante de la música argentina, de genio tan alto como su arrogancia y extravagancia, se las ingenió para volarme la cabeza con cada uno de sus proyectos, pues debemos recordar que este monstruo es la mente criminal detrás de sendas bandas que han calado profundamente en el alma de todo aquel que ose meterse en su camino, como son la ya mencionada Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros, y la banda que hoy nos convoca: Serú Girán. 

Esta mítica agrupación puede ser considerada el Dream Team del rock argentino, al albergar en su alineación a músicos de la talla de David Lebón (Pappo Blues, Pescado Rabioso) en las guitarras y voces, Oscar Moro (Los Gatos, La Máquina de Hacer Pájaros) en la batería, Pedro Aznar (que empezaría a cimentar su prolífica carrera en esta agrupación) en el bajo y voces, y al bigote bicolor en el piano y en las voces, todos instrumentistas virtuosos y compositores soberbios, responsables de una gran cantidad de clásicos, a veces tan polémicos como notables, que marcaron época en sus más de 2 décadas de existencia. 

Se me hace bastante difícil el decidirme por una sola canción de entre todas las que componen la prolífica obra de esta tremenda banda, pero finalmente sucumbí ante los favoritismos que mueven las pasiones, y me quedo con mi disco favorito, La Grasa de las Capitales (1979), específicamente con la canción que le da título a esta obra maestra. 

Hay que decir que este disco no estuvo exento de polémicas, en especial por lo crudo que pudo llegar a ser en su momento en cuanto a sus letras y contenidos, con una crítica social abierta y directa en contra de una sociedad grotesca y degenerada, con  temáticas existencialistas bien razonadas e historias taciturnas que producen cierto escozor en la sociedad de la época. Con un sonido más directo que su predecesor, La Grasa de las Capitales nos entrega un sonido quizás más simple, pero no por ello superfluo, nos entrega un disco rico y completo, y dentro de todo, memorable. 

Es cosa de escuchar una sola vez esta pieza maestra para quedar pasmados ante sus letras y música, La Grasa de las Capitales viene a poner el limón en las llagas de una sociedad indolente y estupidificada con una lírica cruda y dirigida como misil al espectáculo montado por la dictadura militar que gobernaba la época, bajo una estructura para nada convencional que raya en el rock progresivo gracias a la utilización de variados elementos tan patentes de este estilo, pero con la onda e impronta que huele a Serú. 

A primera vista, éste tema es la cara visible del disco más emblemático de entre todas las entregas de la agrupación, en cuanto vuelve a poner en primer plano la crítica social en la labor creativa de los músicos, sin descuidar la riqueza de las composiciones como nos han demostrado. Nos encontramos ante un Serú Girán totalmente distinto al de su primera placa, una banda que, luego de unas lindas vacaciones, despiertan sumergidos en la grasa de una sociedad farandulizada y gobernada por caretas decadentes: Estamos ante el despertar de un grupo de hombres asqueados de lo que ven en su país. El papel del músico como cartógrafo de los movimientos sociales, como alma crítica es un rol que García había dejado un poco de lado en sus últimos años, pero que  en esta ocasión vuelve en gloria y majestad para sacudir un poco las arenas de esa insulsa sociedad. Es bastante patente y clara la lírica de esta canción, que habla por si sola de lo que vive la argentina de la época, en plena dictadura militar, con todo lo que ello significa, y que se condice con el resto del contendió que el álbum nos entrega. 

En cuanto al lado musical de esta canción, cuando escuchamos “La Grasa de las Capitales” destacan al oído muchos de los elementos y del lenguaje que clásicamente utiliza el rock progresivo, pero llama la atención la forma en que Serú utiliza estos recursos, generando un tema increíblemente más digerible y de alcance popular de lo que el género permitía, gran razón a mi juicio para la gran llegada que tuvo este disco, en parte gracias a su contenido lírico de alto calibre, pero sobre todo por lo completo y cautivante de sus composiciones, que se refleja en temas como éste. 

Atmósferas envolventes, angustiantes a ratos y tranquilizantes en otros, cadencias sublimes y arreglos emocionantes son los logros que García se encarga de plasmar en los sintetizadores y pianos desde un principio. No es menor tampoco su trabajo como vocalista en este tema, en especial cuando hacemos referencia a los arreglos vocales que realiza en conjunto con Lebón y Aznar, que a pesar de no ser un cantante eximio, logra con su voz crear un aura específica que pega de lleno en el contenido lírico de esta obra. Un bajo fretless fuera de control, de una increíble potencia, resalta de entre todo el conjunto. Sin ser demasiado difícil percatarse de su presencia y calidad, Aznar se da a escuchar a través de todo el tema, cumpliendo un rol protagónico en esta canción, las líneas que marca se vuelven vivas en muchas ocasiones, lo que nos muestra a este notable bajista en una de sus más sobresalientes participaciones. Por otro lado, las cuerdas de Lebón no se muestran en demasía en este tema: con mínimas intervenciones, nos llega el sonido de una guitarra ausente, interviniendo sino en un par de ocasiones y siempre opacada por un piano portentoso, pero no hay que quitarle mérito a este gran guitarrista, que si bien no interviene de manera importante en el tema cumple con resaltar los instrumentos que deben sobresalir, labor que no muchos guitarristas son capaces de realizar. Para finalizar, nos topamos con Moro y su batería descomunal, imprescindible para la generación de los ambientes tan bien logrados a lo largo del tema. De buenas y primeras, le entrega al tema todo el peso que requiere, con las sutilezas necesarias para marcar y controlar las intensidades y momentos con notable técnica y sentimiento. Todo en conjunto nos entrega una magna composición, excelente punto de partida para un disco que lograría posicionarse como el mejor disco del año ese 1979 en el país del otro lado de la cordillera. 

Sin mucho más que decir, “La Grasa de las Capitales” se convierte en el punto de partida de un disco que daría que hablar, tanto musicalmente como socialmente, y no es casualidad que este disco habría de llegar a ser lo que llegó a ser: la base de la carrera de estos cuatro gigantes del rock. Está claro que el efecto Serú Girán queda plasmado en este tema, y el estilo e impronta de este Dream Team queda patentado como marca personal por un tema que por donde se le mire no hace más que dejarnos totalmente satisfechos, con un dejo de melancolía por una de las bandas más grandes que haya visto el rock en nuestro continente.

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Letra: La Grasa de las capitales

Que importan tus ideales
que importa tu canción?
La grasa de las capitales
cubre tu corazón

Por qué tenes que llorar?
es que hay otro en tu lugar que dice:
“Vamos, vamos, la fama,
la oportunidad está aquí”,
lo mismo me pasó a mí, lo tienes
todo, todo y no hay nada.
A buscar el pan y el vino
ya fui muchas veces
a sembrar ese camino
que nunca florece, no transes más.

Con la cantina, con la cantora
con la T.V. gastadora
con esas chicas bien decoradas
con esas viejas todas quemadas
gente re vista, gente careta
la grasa inmunda cual fugazzetta!
No se banca más!
La grasa de las capitales no se banca más.

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