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Conciertos Rock & Metal

guitarra

Por Pablo Rojahelis.

 

El Rock & Roll y el Blues chileno se asemejan muchas veces  a una vivienda urbana colectiva en la que cada cuarto es alquilado por una familia o por un grupo de hombres solos, donde únicamente los servicios (como comedor y baños) son comunes para todos los inquilinos, brindándonos de esa manera la posibilidad de mantener impecables nuestras áreas comunes, y poniéndonos a la par en un verdadero concepto comunitario, el conventillo.

¿Qué sería de este concepto sin el “pelambre”? es casi parte de la cultura popular, hablar de un conventillo es como recordar a la “vieja copuchenta” que entre las cortinas se atrinchera para conocer los pormenores de la vida del vecino y ampliar el repertorio cuando llega la hora de sacar el tejido.

La mayoría de las veces los habitantes funcionan a la perfección juntos, este conventillo musical nuestro ha ido poco a poco transformándose en comunidad, y son cada vez menos los que en un afán envidioso se preocupan de marcar límites y territorios desde el egoísmo, abrir la boca para desacreditar, y hacer correr rumores para ganar espacio en una escena que bajo esa perspectiva tiene los días contados.

He escuchado “pelambres” de todo tipo, he visto molestias absurdas, y desesperaciones varias que nacen desde la sensación ridícula de compartir el ADN con Muddy Waters o Elvis Presley, pero la verdad es que ni con betún en la cara ni grasa en el pelo, como me dijo una vez mi amigo Felipe Toro, “Es como dos chinos compitiendo por la mejor versión del “Guatón Loyola”

Poco a poco hemos ido comprendiendo que pese a nuestras diferencias estilísticas (algunos puristas, otros experimentales, pero a la larga todos honestos) podemos construir algo desde la esquina chilena, con identidad, con pasión, con esmero, y con calidad, con mensajes desde nuestras propias experiencias y con amigos con los que compartimos el mismo patio, eso es abrir las puertas de nuestras casas, y poner todo nuestro talento al servicio de nuestros pares con el afán de crear una mejor comunidad y sacar de nuestro entorno el concepto de el conventillo.

La creatividad va en alza, todos somos capaces de percibirlo, de sentirlo en cada recorrido musical que emprendemos en nuestro país, pero ese potencial no explota aún, no por falta de talento o buena música, sino porque hay muchos que aún están agrupados bajo la consigna “Sálvese quien pueda y a la cresta el resto” y no se dan cuenta que el virtuosismo, la creatividad, y el arte no prosperan desde rutas solitarias, porque necesitan potenciarse desde la fraternidad, la mutua admiración con nuestros pares, la solidaridad, y el compañerismo, por supuesto todo por un fin más grande que la propia carrera o la fama, hablo de la música, de la escena, de lo que dejaremos como legado a los músicos de otros tiempos.

Tenemos mucho talento hoy en nuestras ciudades, pero no sirven de nada si no nos ponemos de acuerdo, si no nos juntamos, si no nos admiramos, si no nos compartimos, si no hacemos el boca en boca, estamos escribiendo historia de la música chilena, porque cada sonido honesto es parte de ella, pero ¿Como contarán este cuento en el futuro? ¿Como una bonanza creativa que se mantuvo bajo tierra gracias a que nadie se preocupó de un bien superior que es el movimiento artístico?¿O se contará sobre una revolución musical que abrió nuevos caminos, potenció un sonido, trajo identidad, y regaló música increíble e infinita para Chile y el mundo?

Depende de nosotros y de nadie más, cualquier cosa que ocurra es culpa nuestra, porque nosotros estamos aquí y ahora para transformar esto en una realidad, no desde la comodidad de la mediocridad, si no desde el sacrificio que implica ser mejores.

Hay que abandonar el conventillo para salir a comerse el mundo.

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