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Conciertos Rock & Metal

david gilmour chileno

Desde las múltiples inspiraciones que nos ha dejado el paso de David Gilmour por nuestra capital es que me suelto al juego de fantasear con un “David Gilmour” chileno, me abandono a soñar que su ubicación en el mapa podría afectar su camino, así también nuestra manera de convivir con la cultura pondría obstáculos para su desarrollo, imagino sus luchas, vivo sus derrotas, y casi puedo saborear sus triunfos.

Para entrar en el juego debemos creer en la gran posibilidad de que luego de haber vivido el show del pasado domingo en el estadio nacional, un joven chileno ha sido tocado en sus sensibilidades, ha sido inspirado, él tiene el talento, el carisma, y la actitud correcta, tiene todos los dones para ser un artista del mismo nivel que el inglés, salvo que vive en Santiago, es nuestro compatriota.

El primer obstáculo con el que nuestro pequeño David se encuentra es su familia, sí, aunque suene viejo y retrógrado se irá a dormir escuchando frases como “nadie vive de la música en Chile”, “Acá triunfa uno en un millón”, o simplemente “saca una carrera que te de plata y luego podrás hacer lo que quieras”, triste, pero ese es el primer empujón, más bien un choque que intenta sacarlo del camino e instalarlo en otra ruta.

Suponiendo que nuestro David logra sobreponerse al impacto psicológico que implica la constante bulla propinada por la familia, deberá enfrentarse a su círculo social, sus amistades, su entorno escolar, y sus profesores, quienes en un porcentaje altísimo tratarán de ridículos sus sueños, intentarán que piense en pequeño, dentro de una caja, viviendo en el fundo, intentando que regrese al rebaño, con aspiraciones más terrenales, con los pies bien puestos en la tierra, intentando que vea la música como hobbie, como algo secundario, como quien colecciona estampillas, una pasión que fluya entre cuatro paredes, porque “tu jamás serás como David Gilmour”, porque “eso jamás ha ocurrido en Chile”, es casi como si estuviera prohibido soñar y perseguir ideales, como si las pasiones fueran numeradas y la música estuviera fuera de esa lista, como si los talentos estuvieran categorizados en útiles y otros inservibles, como si la felicidad y el éxito fueran medidos por números y dinero, estableciendo un camino al éxito detallado en wikipedia y auspiciado por algún retail, como si no bastara que donde antes encontrabas una disquería hoy exista una farmacia… algo nos debería decir esto.

Una vez que David logre luchar contra todo este entorno, con una fuerza indescriptible se instalará como músico en una banda, entonces comenzará la parte más cruel, que es la relación con sus pares y con los medios que podrían difundir su música, su talento, su pasión, y su manera de ver la vida a través del arte, se encontrará con músicos diciéndole que “aterrice sus ideas”, que “estamos en Chile”, que “haga unas peguitas pa´salvar”, que se enganche en un tributo, o que haga música “más oreja”, intentando de esta manera que David “agache el moño” e impulsando en muchos casos a la mediocridad como mecanismo de sobrevivencia, como dijo una vez Krusty el payaso “Nunca seas mejor que yo… y yo soy bastante malo”

En la búsqueda de la difusión nuestro talentoso amigo se encontrará con que “no hay plata para cultura”, o que su música no está dentro de la línea que da puntos en un Fondart, que el Regetón tiene más espacios municipales que su propuesta musical, se encontrará con medios masivos que le dirán lo mismo, lo invitarán a un casting para algún programa de talentos, le preguntarán si tiene canciones más movidas, o le dirán que tiene que hacer un video con una chiquilla guapa para intentar vender, porque nadie compra cosas tan profundas, lo que vende es la superficialidad y la diversión sin contenido, porque “nadie quiere pensar mientras escucha una canción” porque lo que da dinero en la música es la promiscuidad y el desenfreno, ya que los sentimientos, los textos profundos, lo experimental, la música atrevida y desarrollada “es pa´tontos graves”

Luego cuando quiera poner un tema en la radio le dirán “¿no tienes una canción más corta?”, o “necesitas un coro pegador y que aparezca antes del minuto de canción”, los bares le dirán que no hay dinero, que le dan un par de tragos eso sí, pero ojo… “tienes que traer gente”.

Esto sucede así porque en la mayoría de los bares con música en vivo no se preocupan de tener su público, si no que viven del público de las bandas, que debería ser sólo un extra, pero, en vez darle valor a su local por sí mismo, profitan de la gente que atraen los músicos, vendiendo muchas veces tragos a valores altísimos, y pagando lo mínimo a la banda, una injusticia a la que muchos están acostumbrados, y con la que nuestro David tendrá que luchar o simplemente, tirar la toalla.

En conclusión, ¿puede existir un músico del nivel de David Gilmour en Chile?, por supuesto que sí, estoy seguro que ya existen numerosos talentos desbordantes como el del inglés, pero no llegan a ser visibles porque desde que nacen les dicen que no lo lograrán, se hace mofa de sus aspiraciones, y se les ubica en una parcela “por su propia seguridad”

Nosotros debemos dejar de usar el término “guardando las proporciones” porque es lo más mediocre que se puede decir en cualquier situación, es limitarse, empequeñecerse, no hay que guardar proporciones con nada ni con nadie, hay que ser tan grandes como imaginamos, y espero que en algunos años más seamos conscientes que nuestra música puede estar, y está al más alto nivel en el planeta, sólo necesitamos fomentarla, cuidarla, compartirla, y disfrutarla, espero con el corazón en llamas que pronto veamos muchos de esos “David” por todos lados, porque nos traerán vida, cultura, y nos enseñarán a apreciarnos como sociedad, tenemos todo lo necesario, es por eso que me pongo en acción para encontrar al David Gilmour chileno.

Por Pablo Rojahelis.

 

 

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