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Conciertos Rock & Metal

Foto: GettyImages

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Por Pablo Rojahelis

 

La paradoja de la música en el mundo de hoy, es que tenemos sonidos en HD y canciones más insípidas, más acceso a la música y puntos de vista más estrechos, gastamos más dinero en conciertos, pero tenemos menos discos en nuestras casas, compramos los mejores tickets, pero disfrutamos menos el show gracias a los teléfonos “inteligentes”, llenamos recintos más grandes, pero los fans son cada día familias más chicas, tenemos mayores comodidades para escuchar un concierto local, pero menos tiempo para ir. Tenemos más músicos con grados académicos, pero menos sentido común, mayor lenguaje y conocimiento musical, pero menor capacidad de juicio, más expertos, pero más problemas, en definitiva mejor música, pero menor bienestar.

Tocamos demasiado, peleamos demasiado, gastamos demasiado, reímos muy poco, manejamos muy rápido, nos desvelamos demasiado, amanecemos cansados, leemos muy poco, cantamos casi nada, vemos mucha tele, y meditamos muy rara vez.

Hemos hecho crecer nuestro equipamiento, multiplicado lo que poseemos, pero empequeñecemos nuestros valores. Hablamos demasiado, nos queremos muy poco y odiamos frecuentemente.

Los músicos hemos aprendido a ganarnos la vida, pero no a vivir. Hemos logrado a lo largo de la historia llegar a los rincones más lejanos, pero hoy se nos dificulta acercarnos al escenario para conocer a un nuevo artista, hemos conquistado el planeta con sonidos, pero dejamos de conmover desde el interior. Hemos hecho grandes cosas, pero eso no significa que hayan sido las mejores, o las “venerables”.

Hemos limpiado y mejorado nuestras escenas, pero hemos contaminado nuestras almas, hemos derribado todas nuestras barreras, pero no nuestros prejuicios, copiamos más cosas del colega, pero aprendemos menos, planeamos más proyectos, pero realizamos menos, hemos aprendido a hacer todo rápido, pero no hemos aprendido a esperar. Tenemos redes sociales, aplicaciones, en definitiva, tecnología que puede procesar más información y difundirla, pero nos comunicamos cada vez menos.

Estos son tiempos de canciones a la rápida y propuestas lentas, de artistas de gran altura, pero sin carácter, de enormes dividendos económicos, pero de relaciones entre bandas absolutamente superficiales.

Hoy en día siempre hay al menos dos personas empujando una banda, pero hay más recesos o disoluciones, equipos más lujosos, pero músicos más desalmados.

Son tiempos de grabaciones rápidas, álbumes desechables, moral distraída, y música basura.

El cambio de paradigma está en nosotros, tenemos las herramientas, el deseo, y estamos rodeados de personas que quieren lo mismo, tu rol es estelar… tienes la fuerza, eres actor principal.

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