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Conciertos Rock & Metal

ruta

Embarcarse en un viaje es siempre motivo de alegría para los músicos, la posibilidad de compartir nuestros sonidos con personas que están un tanto alejadas de donde nos tocó vivir, y que agradecen con energía el hecho de que estemos haciendo sonar nuestros instrumentos para ellos, una especie de regalo, aunque el verdadero regalo son ellos mismos, son los que llenan el corazón y nos hacen sentir que vamos por el camino correcto, porque nuestra música no es para cuatro paredes, para revistas, radios, o TV, lo que hacemos es para la gente, es el reflejo de lo que sentimos y queremos compartir.

Es así cómo me subí nuevamente en una camioneta con La Puzzydoll para recorrer parte del sur de Chile, un viaje alucinante, con paisajes que son de cuento, y con personas que son inolvidables.

Viajar en estas circunstancias para una banda independiente es un esfuerzo, porque la comodidad se olvida en favor de llegar a cada ciudad de la manera más económica posible, y así poder tener un periplo más tranquilo, llegando con todos los equipos para brindar un show de gran calidad, de la misma manera que lo hacemos en nuestra propia ciudad de origen.

Durante estos viajes nuestros lugares favoritos son las “picadas” en la ruta, donde por pocas lukas puedes tener una comida de antología, baños limpios, o también un buen hospedaje que permita el poco descanso que es posible en estas circunstancias, el camino se convierte en un documental acompañado por los comentarios de todos los pasajeros que las hacen de directores, con una banda sonora que muchas veces se convierte en un coro enérgico hasta llegar a la siguiente ciudad, donde sin importar las horas en la ruta montamos nuestros equipos para entregar a los presentes un show muchas veces más extenso de lo habitual, y con una energía que nace simplemente de las vibras que entrega el público, y por supuesto los innumerables bis a los que es imposible negarse, porque el cariño todo lo puede.

Mientras recorremos la ruta 5 sur pienso primero en la frase “Y no me digas pobre por ir viajando así, no ves que voy contento, no ves que voy feliz” y en la cantidad de bandas que hacen lo mismo, en este viaje sabía que muchos amigos estaban en el sur tocando (Jano Letelier, Sangre de Toro, Martín Poblete), y me imaginaba que el concepto y la sensación era similar, porque no viajamos para hacernos ricos, aunque debo reconocer que la mayoría de los locales ofrecen un excelente trato, muchas veces mejor que el que recibimos en Santiago, incluso siendo más pequeños y teniendo menos recursos, porque para ellos la visita tiene un valor distinto al económico, demostrando un aprecio tremendo, y un goce sin espacio para la duda o el prejuicio.

Cada viaje lo recuerdo por frases que me dice la gente, como una chica en Los Ángeles que vocifera ante mi “Para acá no viene nadie, gracias por estar acá, en Santiago no valoran que pueden escuchar siempre a muchas bandas geniales, en cambio para nosotros es un regalo”, o en Pucón donde nos dicen “Gracias por venir a este pueblo y darle buena música a todos los que siempre estamos atentos a estas tremendas visitas”, o en Temuco donde escuchamos “Yo soy su fan número uno, siempre que vienen yo también estoy acá”

En provincia nunca he visto a alguien preocupado o molesto por gastar $3000 por un show, nadie tratando de entrar a la mala, ni nada por el estilo, en cambio en Santiago te pide entrar gratis hasta el amigo médico que tiene un sueldo que supera 20 veces el tuyo, eso es un punto importante, casi una falta de respeto, porque lo importante es la cantidad de alcohol y no la música, muchos de ellos conversan y ríen a carcajadas dándonos la espalda mientras tocamos, y lo peor es que siempre son los que se sientan adelante, ocupando lugares que podrían ser utilizados por personas que sí quieren ver el show, por eso si va a usted a un show no se ponga adelante para hacerse el lindo, si su afán es la conversación y el “joteo”, póngase atrás donde los músicos no tengamos que lidiar con su frialdad y sus “selfies” sin respeto para la banda y el resto de los asistentes.

Los músicos apreciamos el cariño profundamente, y la mayoría de las veces ocurre de esa manera, tanto en Santiago como en provincias, pero el sur tiene esa magia que nace de un melómano escuchando discos frente a una estufa a leña, algún bebestible con malicia, y que sin importar si llueve, suenan truenos, o cae granizo, llega al local sin excusas para disfrutar una noche de Rock que se vive con el alma.

 

Por Pablo Rojahelis

 

 

 

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