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Conciertos Rock & Metal

mon laferte

Por PJ Rojahelis

Hoy todos creemos que tenemos algo que decir sobre Mon Laferte, se ha dicho suficiente sobre sus méritos, su esfuerzo, su carisma, su voz, y su profesionalismo, nadie puede ponerlo en duda, todos deberíamos estar contentos que sea música chilena de calidad la que ocupe ese espacio en la televisión, pero no, algo pasa, una sensación de ultra tumba se asoma en el ADN del chileno, se activa, se pone en acción y toma el control. Es entonces cuando comienza el “chaqueteo”, este afán de ir a ver magia y querer descubrir el truco olvidando de paso el espectáculo, una suerte de búsqueda de la herida escondida, del error de antaño, es literalmente buscarle la quinta pata al gato.

Esto no es nuevo, Mon Laferte no es la primera ni será la última que pase por esto, es un maravilloso regalo que viene de la mano con la popularidad, y a mayor popularidad, más chaqueteo, es realmente deporte nacional, parte de la herencia de la represión quizás, el afán de poner la pata encima, el ser “apocadito”, el ridiculizar al talentoso, al amigo, al familiar, y al desconocido.

Al detenernos en los memes y comentarios en redes descubrimos la comparación con Amy Winehouse, una que es por lo demás bastante odiosa. Es como si Los Jaivas no hubieran heredado algo de Pink Floyd, Los Prisioneros de The Clash, Los Tres de The Stray Cats, Los Bunkers de The Beatles, La Ley de Depeche Mode/U2, o Francisca Valezuela de Fionna Apple. Está ahí, es latente, se escucha y se ve en todas las propuestas, existe la influencia en lo músical y en lo estético, no es un misterio, pero hay algo más que también es parte ser fan chileno, que es ese afán de maestro chasquilla, el saberselas todas, mostrarse preparado y culto aunque no sea su tema, y es entonces cuando entra en juego lo peor de todo, el ego, que hace que aparezca el ninguneo, la mentira, la envidia, y con ello el desprestigio gratuito por el afán de demostrar sabiduría, poder, o ambas (usted escoja).

Se escucha mucho con respecto al ego de los músicos, como si ese mismo ego no afectara de gran manera al fan, al radioescucha, o al televidente, pero es como si fuera tabú, no se habla abiertamente del tema, porque, ¿como uno va a decir algo malo sobre la gente que está consumiendo la música opinando con rudeza y sin fundamentos sobre el artista? ¡Eso jamás! es de mal gusto porque nos involucra a todos, no sólo al artista, entonces ahí cambia la sensación y se acusa gravedad o atrevimiento, total es una tontera, son juegos, es facebook, no es real.

El chaqueteo musical ha existido siempre, recordemos que muchos años atrás inventaron que Palmenia Pizarro era yeta, siendo que en sus tiempos era una excelente interprete con una voz muy especial, pero afloró la envidia, la maldad, el cahuín alimentó al ego, y… ¡A la hoguera!

Con Cecilia pasó lo mismo, se contaban las peores historias sobre ella a pesar de ser una artista que en otro lado del planeta sería una reina y viviría como tal, pero al parecer sucede con todos los que llegan alto en nuestro país, somos los campeones de la zancadilla, promotores del bullying, somos gente que cuida la peguita, que frena lo artistico y lo emotivo en favor de lo que le venden, gente que enseña a los jovenes a pensar en una caja cuidando que nadie salga muy lejos del fundo.

El chaqueteo es una enfermedad de nuestra sociedad, y el mainstream la alimenta, como en el caso de Mon Laferte que hoy explota en Chile a nivel masivo gracias a un festival de alto impacto, aunque ella anteriormente había elevado su carrera en México con gran difusión, embarcandose en extensas giras por tierras aztecas y Estados Unidos, y que hoy gracias al Festival de Viña se pone al alcance de todos los chilenos (pese a ser chilena, pero usted sabe como somos los chilenos, esto no es nuevo)

Este festival tiene un problema, dejó de ser un festival, y si somos sinceros es un programa de televisión de tomo y lomo, ¿viste la competencia?, ¿quien ganó el festival el año pasado?¿te acuerdas?, así de desechable se volvió, y como si eso no bastara, todo es adornado por programas durante el día entero sobre una farándula mediocre, comentando si el vestido, si los zapatos, o si las uñas, puras tonteras, ¿y cuando hablamos de música?, ¿es un festival de diseñadores?, ¿es un festival de farándula?,¿de peluqueros? ¿es un reality?, a estas alturas parece que nadie está muy seguro, pero ese es el entorno donde el músico chileno llega a la masividad en el país, ese es el circuito, nuestra versión del Rock & Roll Hall of Fame, por ahí pasan “los que la hiceron”, pero lo hacen en un entorno nada musical, salvo el momento de sus shows… festival de la canción.

No podemos esperar que no exista chaqueteo si el artista chileno alcanza la masividad en un ambiente desfavorable desde los medios masivos y desde las redes sociales, todo viene con veneno, al parecer esa es la consigna, aprendamos a reconocer el veneno, a hacerlo a un lado y disfrutar de la música.

No hace falta seguir reprimiendose, es música, el resto te lo inventaron, lo siento.

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