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Conciertos Rock & Metal

Por Litta

 

Con el triunfo de la unidad popular, el 4 de septiembre de 1970, la historia del pueblo chileno cambiaría para siempre. Parte de este cambio tenía una gran raíz ideológica y cultural. Bajo este contexto, la música adquiriría un notorio y significante protagonismo, ya que a partir de 1969, las expresiones musicales populares serán un importante vehículo para los protagonistas de la historia.

Por fin después de tanto, los y las artistas de nuestro gran Chile tenían la opción de lograr llegar hacia los grandes templos del conocimiento, la educación popular comenzaba a inundar cada rincón de nuestro gran país, una sociedad que se enriquecía culturalmente y que por fin le daba espacio a aquellas disciplinas que en algún momento significaron solo pasatiempos para los más ricos de la sociedad.

Con la Unidad Popular por fin se podía considerar la utopía de estudiar, de llegar a dónde solo se creía llegaban los hijos de los ricos, por fin las carreras de arte, musica, danza y teatro no estaban soconflictoos de una elite.

Sin embargo la crueldad y el capitalismo preparaban su revrevancha. El tanquetazo del 11 de septiembre del 73′ no solo dio fin al gobierno de Salvador Allende, sino que además fracturó el avance cultural que habíamos alcanzado como sociedad. Como en toda dictadura, guerra y colonización, el expresionismo más honesto del artista se convertía en parte del enemigo público y la respuesta de la emancipación. Había que terminar con esa diversidad que le entregaba voz a la multitud, más allá del conflicto político-militar, no podemos pecar de miopes y no reconocer el gran daño que le ha hecho al arte la milicia, no solo en Chile sino que en el mundo, quién no sea capaz de ver lo que el siglo XX y sus guerras en si, le han hecho al arte peca de ignorante obstinado.

Lo que para muchos puede significar un episodio histórico con aires de política y Estado, para la cultura significó la fractura expuesta del arte.

Un 11 de septiembre más, uno más que nos recuerda cuando el plomo avasalló con todo el auge musical, artístico, teatral y todo el gran yacimiento de cultura que emanaban las polis del conocimiento, que por primera vez en la historia se abrían colectivamente y ya no significaban el privilegio de una sola clase.

En nuestro país, no solo desde el exterminio de artistas y cineastas es lo que nos pesa tras este trauma, también en lo academico, el cierre de carreras y espacios de fluctuación cultural comienzan desde allí a potenciarse,  cual Nazis en la Segunda Guerra Mundial cuando prohibían la “música de negros”, borrando todo vestigio del Inmaculado jazz y blues, así también en Chile se comenzó a perseguir y castigar a quienes se resistían al exterminio del canto artístico popular.

Muchos fueron los artistas, escritores y cineastas chilenos que la dictadura de Pinochet asesinó o condenó al exilio, quienes en vida fueron las grandes mentes de nuestra riqueza. Uno a uno caían nuestras esperanzas por convertirnos en potencia cultural. Y hoy, después de décadas nos sigue pesando este oscuro pasado.

Hoy en dónde vemos como dentro de las carreras más caras se encuentran las artísticas, que la lobotomía social nos arrancó el sentido de pertenencia hacia nuestra cultura, en donde la sobrevaloración del mediocre en dictadura dejó un vestigio en nuestra radio y televisión, hoy, que veo como muchos terminan convirtiendo la calle en un escenario y siguen siendo maltratados por la ignorancia. Hoy después de 44 años de observar esta gran herida, de ver que al artista aún se le maltrata, se le ningunea y no se le reconoce, compruebo que aún no hemos tomado conciencia del daño que causaron.

Recordamos y conmemoramos a aquellos que desde la clandestinidad y el exilio gritaron su descontento, pero finalmente… ¿qué es un acorde en comparación a un disparo?

Aún tenemos mucho hollín con olor a dictadura en nuestra música, en nuestra danza, nuestro teatro y arte, aún tocamos canciones esperando reivindicar lo que alguna vez nos quitaron y mientras sigamos avanzando sin reconocer lo perdido, seguiremos siendo testigos aletargados de injusticias, como cuando le rompen los instrumentos a los músicos del Transantiago, como cuando le cobran al pintor de las plazas un permiso, como maltratan al artista callejero y como lucran con nuestra cultura. No habrá paz en el arte, hasta que no exista contextualización y comprensión crítica de nuestro pasado, no habrá avance en nuestra cultura mientras haya despolitización de nuestro presente.

En memoria de los y las artistas asesinadas en dictadura.

 

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