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Conciertos Rock & Metal

Viernes 18 de enero 2019, Teatro Caupolicán

Nota: Litta – Fotos: Mauro Donoso

 

Para absolutamente ninguno de los asistentes del viernes pasará desapercibido el recuerdo de esta fecha, sin duda alguna el Antonfest, más allá de significar la celebración del cumpleaños número 50 de uno de los forjadores de la escena nacional, Anton Reisenegger, también ha servido como el punto de inflexión de la historia, en donde vimos a todas las generaciones fraguar un nuevo camino e historia del metal nacional. A pesar de que en un principio como es de costumbre, saltaron los maestros del chaqueteo a desvalorizar la iniciativa, el des criterio finalmente no obtuvo ni una pizca de pesa ante la magnánima fecha.

Agrupaciones de grueso calibre y una productora que durante todo el 2018 nos regaloneó a destajo, fueron la conjugación maestra para escribir un nuevo episodio, aunque la promesa fue única e irrepetible por la organización esperamos con orgullo se repita en el futuro. Un recinto con historia, en donde hemos visto pasar a verdaderas leyendas del metal internacional como Pantera, Anthrax, Testament, Cannibal Corpse, entre otras, que además ha sabido albergar con vehemencia el sonido y ovación a través de los años, nos entregó una vez más el ímpetu de una ensordecedora y brutal acústica, que de la mano al tecnicismo y amor por el metal hicieron del viernes una fecha histórica para la memoria colectiva.

La historia la sostienen sus estandartes y en el mundo del metal chileno, es innegable que Pentagram y Criminal son de aquellos que desde el fin del mundo en una época difícil de vivirla, supieron cimentar las bases para lo que hoy todos conocemos como nuestra amada y potente escena. La selección de las bandas fue sin duda un gran acierto, ya que más allá de contar con grandes trayectorias, también contamos con choques generacionales que frente a la adversidad de un implacable progreso han mantenido viva la flama desde sus comienzos, crecer y ver crecer a tus amigos es sin duda un deleite que pocos hemos podido vivenciar y reconocer.

Nuclear, Poema Arcanvs, Recrucide, Electrozombies, Cabrio, Metal Command y Bonebreaker, fueron parte de la versátil parrilla de este primer y último Antonfest, en su mayoría agrupaciones que consiguieron posicionarse en el medio sin la ayuda de la tecnología, que desde el mano a mano, las tokatas de galpones, las grabaciones en estudios creados artesanalmente y los casetes grabados desde la radio, lograron cambiar la historia para que hoy más de alguno vea con nostalgia el pasado y mire con entusiasmo el futuro.

Hay un largo camino recorrido por cada artífice. Como en la consistencia del sonido que dispara Electrozombies, Comegato y compañía brindaron un espectáculo rítmico, el inframundo de la cofradía sistémica expresada ampliamente con los nuevos sonidos de la banda, haciendo vibrar los órganos blandos con la destemplanza y frenesí de sus cuerdas y percusiones, -una maquiavélica tarea que han realizado desde sus orígenes-, coreando la esencia de la pútrida sociedad. Nadie en su insano juicio quería salir de las profundidades esa noche. El apogeo de las notas bajas fue hábilmente detonado por la pulcra presentación de Poema Arcanvs, quienes ostentaron su trayectoria en unísono a su perfección, ningún cabo suelto en lo que fue su parejo momento, para muchos cargada de recuerdos y episodios lúgubres de una adolescencia corrompida por el metal y su bipolaridad sónica. El nuevo milenio se abría paso entre la multitud, con un Caupolicán repleto en la planicie, los no tan longevos pero no por eso menos importantes de Recrucide, hacían su aparición, condensando su tecnicismo hacia la proyección constante de un crudo metal que resonó hasta el último rincón del teatro. Un acto impecable que hemos visto repetirse desde sus inicios, se logra ver a destajo un trabajo en equipo, además de la actitud y personalidad de su estilo, singulares y para nadie ajeno el futuro que se avecina para esta gran banda nacional.

Era el momento de precalentar… Hace un buen tiempo que sabemos lo despiadado que se pone el público con el maniático metal de Nuclear, quienes han prevalecido en la hostilidad del centralismo, logrando el asentamiento de su material desde las lejanas tierras de Arica. En lo personal un gusto ser parte de la misma tierra y tener recuerdos de sus inicios, -cuando se hacían llamar Escoria-, y hoy seguir compartiendo al ritmo de su desquiciado metal consciente. Las siempre bien emplazadas palabras de Seba dan un sentido de pertenencia que muy pocos han logrado instaurar. Un mosh que no cesó nunca ante la masacre de tímpanos, excepto para cantar el “Cumpleaños Feliz”. Altas expectativas comenzaban a formarse entonces para lo que vendría después.

Pasada las once de la noche, Pentagram, hacia su aparición y junto a Anton la supremacía del inverosímil metal colisionaba cabezas sin piedad, una catedra de historia y calidad, que sin lugar a dudas sacudió furiosamente a todas las generaciones que se hicieron presentes aquel viernes. Son los inmortales simbolismos los que mantienen viva una realidad, no está demás entonces decir que esta banda es un sólido e inmaculado gran símbolo del metal chileno y Latinoamérica, una piedra angular que permitió a muchos contemplar las posibilidades de construir una escena.

50 años no son nada al parecer para Anton, ya que por segunda vez subía al escenario junto a Criminal, una de las presentaciones más esperadas y daría el cierre perfecto para esta gran fiesta. Un setlist ejecutado con rabia y potencia, con un sonido demencial a cargo de Miguel Toro, que nos dejó a todos con resaca sensorial. Históricas conjugaciones que se plasmaron en canciones que  caldearon todo el show para el cierre con un perfecto, “Pressure” haciéndonos presa fácil de una centrifuga insaciable, para detonar nuestras lánguidas consciencias con la gran “Hijos de la miseria”, una de las mejores composiciones de finales de los 90’s, en donde un contenido musical supo potenciar una lírica sin precedentes, un himno que incluso hoy sirve como retrato fidedigno de una sociedad tan destruida como la nuestra. Para finalizar, un emblema distorsionado, el reflejo fiel de nuestra dinámica como especie y que extrapola por completo el subconsciente, el nuevo milenio en su máxima expresión, “Por la Fuerza de la Razón”.

El Caupolicán literalmente en llamas, el día más caluroso del fin de semana terminaba con casi 2000 almas, voraces bestias que acudieron al llamado de una infernal e histórica velada.

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