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Conciertos Rock & Metal

22 de mayo 2019 – Teatro Cariola

Nota: Freddy Veliz – Fotos: Antonia Cardenas

 

Dead Kennedys, banda fundacional del hardcore punk norteamericano, regresó a nuestro país para celebrar sus cuarenta años de trayectoria,  a pesar de haber sufrido un letargo de al menos 14 años desde su disolución el año 1986, y el alejamiento definitivo de uno de sus más importantes impulsores, el vocalista Jello Biafra, dueño de un estilo que dio un sello inconfundible a la agrupación oriunda de la ciudad de San Francisco, California.

Para muchos Dead Kennedys murió con la retirada de Biafra y los posteriores conflictos comerciales entre las partes, que sellaron definitivamente las esperanzas de pensar en alguna reunión. Los demás integrantes lograron quedarse con el nombre y desde el 2000 han mantenido a la agrupación girando por el orbe con distintos vocalistas, y aunque nunca han sorprendido con alguna nueva producción, sus cuatro discos de estudio, editados en la década del ochenta, suenan tan vigentes, que a los fanáticos parece no importarles, sin embargo los estadounidenses han confesado en algunas recientes entrevistas, estar motivados para publicar nuevo material, luego de una sequía de por lo menos 34 años (Bedtime for Democracy, última placa de la banda fue publicada en 1986), esperemos que así ocurra.

La banda californiana actuó en Chile por última vez el 2016, como parte del cartel del festival Rockout, y este 21 de mayo remecieron el histórico Teatro Cariola, celebrando como se debe, con un arsenal de clásicos que se mantienen vivos en la memoria histórica de un género que se niega a morir. East Bay Ray en la guitarra, D.H. Peligro en la batería y Klaus Flouride en el bajo es la base legendaria del conjunto, acompañados en la voz por Ron “Skip” Greer ,  quien se ha hecho cargo del frente desde el 2008, siendo el cantante que más ha perdurado en la banda, sobrepasando incluso los años de Biafra frente al micrófono.

El teatro fue ocupado solo en su planta baja, con un aforo de cerca de 800 personas, que no dudaron en dejarse llevar por la frenética propuesta de la agrupación, quienes arremeten puntualmente  las 21: 00 horas con “Forward to Death”, un inconfundible del primer álbum ‘Fresh Fruit for Rotting Vegetables’, del que se extrajeron la mayor cantidad de temas para esta gira aniversario.

La música de Dead Kennedys es catártica, impulsiva y provocadora. Su historia está repleta de conflictos con las autoridades y grupos moralistas y religiosos, por su constante crítica al sistema, muchas veces con ironía y desfachatez, una característica impuesta por Biafra y que lo hace irremplazable, por mucho esfuerzo que haga Skip, que a pesar de todo, tiene cojones de sobra para estar en el puesto y seguir derramando actitud punk sobre el escenario, no podemos negar su llegada con el público y el histrionismo que se adapta muy bien al estilo de la banda.

Un mosh en el medio de la pista iba paulatinamente aumentando, llegando a puntos eufóricos con la surfera y punzante “Police Truck” un himno inconmensurable dentro del catálogo DK, dirigido al abuso de autoridad de los cuerpos policiales, una temática vigente hasta nuestros días a nivel global. Skip baja del escenario a  la barricada y apoyado en las barreras junto a los fanáticos de la primera línea derrocha toda su carga vocal. La parodia a las organizaciones deportivas con “Jock-O-Rama” fue una verdadera fiesta que se prolongaría con “Kill the Poor” y la crítica a la industria musical con “MP3 Get of the Web” actualización del clásico “Mtv Get of the Air” del álbum ‘Frankenchrist’ (1985).

“Too Drunk to Fuck” generaría una de los más intensas revueltas de la jornada, acompañados además de frenéticos bailes playeros, comparable solo con la directa y furiosa velocidad de “Nazi Punks Fuck Off’ que terminó dejando a Flouride con algunos problemas técnicos, mientras el vocalista rellenaba cantando el coro de “We are the Champions” de Queen. El bajista, de vuelta, aclara que ellos no son campeones, sino que son Dead Kennedys, y se lanza a la carga con las notas bajas introduciéndonos en ese incombustible clásico titulado “California Über Alles” que se vio enmarcado por la luminosidad de una bengala encendida en medio del público antes del primer encore, caos y carnaval punk a destajo.

Un breve descanso los devuelve al escenario con una tripleta compuesta por  “Bleed for Me”, la versión punketa rocanrolera de “Viva Las Vegas” y otro de esos himnos inolvidables con “Holiday in Cambodia” cuyo final con Skip nuevamente en medio del público de las primeras filas cantando “Sweet Home Alabama” de Lynyrd Skynyrd, sella de manera provisoria esta cuarta visita del conjunto a Chile, antes de la demoledora “Chemical Warfare”.

 Un regreso sin novedades, con un set calcado a los anteriores, pero con la intensidad intacta como para en una hora y quince minutos, dejar plasmada en nuestras cabezas la frase eterna del “Punk no Muere”, aunque nos dejen con algunas dudas respecto a la veracidad de la esencia de esa frase en sí a estas alturas, pero que al menos nos hace creer que las canciones perduran más allá de sus intérpretes, y lo que hace Dead Kennedys , con o sin Biafra, es mantener vivo ese discurso político comprometido y consciente, que con una buena cuota de sarcasmo, ha marcado a generaciones, y de eso también fuimos testigos, en un teatro donde el cruce etario era evidente, dejando la constancia de que nunca se es muy viejo para el punk.

 

 

 

 

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