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Conciertos Rock & Metal

Nota: Freddy Véliz    Fotos: Cristian Carrasco

Dire Straits Legacy, 10 de abril 2019, Teatro Caupolicán, Santiago – Chile

Dire Straits, es de esas agrupaciones que marcaron una época, y se hicieron de un sello único en cuanto a propuesta musical. Gestados en pleno auge del punk rock, la banda liderada por el gran guitarrista Mark Knopfler, impuso su estilo ligado al blues, el rock, el folk y el pop de alta gama, poniendo una gran cantidad de hits en las radios, y ganándose el respeto de sus pares y del público. La banda alcanzó a perdurar unida por 18 años, su líder se embarcó en una carrera solista y los fanáticos quedaron huérfanos de una banda irrepetible.

A más de dos décadas de su separación, un grupo de músicos que pasaron por la alineación en distintas etapas, liderados por el tecladista Alan Clark, deciden reunirse e invitar a algunos músicos amigos para celebrar el legado de la agrupación, la cual Knopfler se niega a resucitar. Aprovechando el impulso de haber sido inducidos en el Rock and Roll Hall of Fame el 2018, Clark, Phil Palmer, Jack Sonni y Danny Cummings se embarcan en un proyecto que bautizan como Dire Straits Legacy, con el pretexto de mantener vivos los clásicos y celebrar el legado dejado por Knopfler a la música popular. Eso no es todo, porque no se trata solo de vivir de la nostalgia, también componen nuevas canciones y las lanzan en un disco titulado Three Chords Trick como Legacy. También invitan a músicos de la talla del baterista  Steve Ferrone, que ha colaborado con Eric Clapton, Tom Petty, Duran Duran, Slash y un largo etc. de importantes artistas, el saxofonista Mel Collins, miembro histórico de King Crimson en sus primeros discos de los 70s y parte de la última alineación; Trevor Horn, afamado bajista y productor que a su haber tiene trabajos con Yes, Tina Turner, Simply Minds, Mike Oldfield, entre otros, también el cantante y guitarrista Marco Caviglia, quien se desempeñó por veinte años como la voz principal de Solid Rock, reconocida banda tributo italiana a Dire Straits y finalmente Primiano Dibiase, en teclados, quien tiene un nutrido catálogo como músico de sesión en su natal Italia. Todos ellos, a excepción de Danny Cummings (quien comienza pronto una gira con Mark Knopfler), estuvieron este 10 de abril sobre el escenario del Teatro Caupolicán de Santiago.

Dire Straits, tuvo gran éxito y reconocimiento en el mundo, por la década de los ochenta extendiéndose a parte de los noventa, y Chile no se mantuvo al margen de este fenómeno, menos en años en que programas televisivos como Magnetoscopio Musical o Más Música, programaban los videos de la banda como destacados imperdibles junto los trabajos de Madonna, Michael Jackson o A-ha, y a esa generación, que creció cantando o bailando los éxitos de aquellos años, pertenece gran parte de la audiencia que llegó al recinto de San Diego.

Muchos reparos anteceden a este tipo de “bandas homenaje”, en especial cuando sus figuras más importantes no están presentes. Con Dire Straits Legacy, ocurre algo similar a lo que pasa con The Orchestra (ex músicos de la Electric Band Orchestra) o Creedence Clearwater Revisited, bandas que apelan a la nostalgia y que giran por el mundo con parte de sus integrntes originales, pero sin los nombres más fuertes de su alineación clásica. Las expectativas sobre el show de DSL son diversas, y genera curiosidad ver a una banda que nunca pisó suelo chileno en sus años de gloria, y esta es la oportunidad de, al menos, revivir esos clásicos con los que muchos crecieron.

Con un Teatro Caupolicán ocupado por un aforo de cerca de tres mil personas, se da inicio, luego de una demasiado extensa intro que jugaba con las melodías de “Private Investigation”, con el clásico “Solid Rock” a una presentación que remece los recuerdos y rápidamente comienza a provocar emociones en el público, en especial cuando Alan Clark toca las reconocidas notas de entrada para “Walk of Life”, un coro instantáneo se escucha en el teatro, cantando uno de los mayores éxitos de la banda, utilizado en cuanto evento deportivo se realiza en el orbe, un hit oreja que contiene una melodía incubada en la memoria de toda una generación. Caviglia utiliza un registro muy similar al de Knopfler, y va cambiando de guitarras  en cada una de las canciones que interpreta, de la Fender Stratocaster a la icónica National Style O, logra con fidelidad reemplazar al histórico guitarrista, aunque siempre queda ese raro sentimiento de extrañar el alma de todo.

Más de alguien se estremeció con los acordes de “Private Investigations” , o disfrutó las instrumentaciones de  “Tunnel of Love” y “Romeo & Juliet”, cortes donde los guitarristas se enfrascan en una suerte de jams eternas que dejan en evidencia el talento inacabable de cada uno los ocho músicos sobre el escenario.

La banda también se da la libertad de interpretar un corte original titulado “Jesus Street” incluido en el álbum Three Chord Trick, antes de introducirnos en “Your Latest Trick”, donde Mel Collins nos eriza la piel con su ejecución del saxo, un verdadero maestro, que tendremos la oportunidad de volver a tener en Chile en octubre junto a King Crimson. Luego el bajista Trevor Horn, toma el micrófono y la banda nos entrega una versión algo fallida de “Owner Of A Lonely Heart” de Yes, recordemos que Horn produjo el álbum 90125 de los británicos, y tuvo participación en la composición de este clásico hit. Además de haber sido vocalista, en el no siempre bien ponderado, álbum Drama.

En gran parte del concierto, el público se mantuvo pasivo, con solo algunos respondiendo con palmas o los infaltables gritos desde la galería, faltaba una inyección de energía para que esto se transformara en una verdadera celebración, que es el origen al cual apuntan  los músicos que los motiva para esta gira, con las loables interpretaciones de “Telegraph Road” y “Sultans of Swing”, incombustibles y emocionantes, la banda comienza a despedirse. Caviglia invita al público a dejar sus asientos y acercarse al escenario, recién ahí, se comienza a sentir la temperatura ambiente de una fiesta, con una triada directo al hueso que comienza con “Brothers in Arms”, y prosigue con la eterna y emblemática “Money For Nothing”, para terminar con la incólume “So Far Away”, coreada por todo el teatro. Fue el final de una noche variada en emociones, que más allá de algunas evidentes fallas técnicas , nos invade un sentir de nostalgia, y de esa alegría a medias, como el de estar recibiendo el mejor premio de consuelo.

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