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Conciertos Rock & Metal

7 de septiembre 2017 | Teatro Caupolicán

Nota: Freddy Veliz | Fotos: Cristian Carrasco

 

Focus, es toda una institución dentro de las bandas clásicas del hard rock y el progresivo. Un conjunto que a comienzos de la década del 70 comenzó a destacar entre sus contemporáneos por su instintiva mezcla del rock duro con la raíz folclórica holandesa, incluyendo además algunos rastros de jazz y música arcana. Su principal figura Thijs Van Leer, cual Ian Anderson (Jethro Tull), incorporaba la flauta traversa, además de crear una base de su sonido distintiva desde el hammond y su particular registro vocal que nos traslada a los tradicionales cantos de su cultura ancestral. La agrupación, con casi cinco décadas de trayectoria, anunció esta, como su gira de despedida, lo que al parecer no es realidad, puesto que su líder confesó a algunos medios, que hubo un error en los anuncios publicitados, y que tiene programado seguir sobre los escenarios.

La banda regresó a nuestro país por cuarta vez, y lo hizo en un Teatro Caupolicán con muy baja asistencia, lamentable para tamaña agrupación. Como apertura, los chilenos de AISLES tuvieron la misión de ir abriendo el camino con su rock progresivo de alto nivel interpretativo, una banda que con su último álbum doble, Hawaii, se ha enfrentado a grandes momentos de su carrera, vienen llegando de su primera gira por México y preparan partir en las próximas semanas a Estados Unidos. Aisles logró cautivar a los pocos asistentes que a la hora en que subían al escenario, ingresaban al recinto de San Diego.

Cumplidas las 21:10 horas, la legendaria agrupación europea, con Van Leer a la cabeza, comienza su actuación, que desde la nostalgia de sus clásicos, nos entrega un espectáculo austero desde lo escenográfico, pero rico en sus líneas instrumentales. Con una calidad de sonido que desde el primer minuto nos delata la preocupación por transmitir su música de la mejor forma posible. No importó la baja asistencia, la entrega de la banda es íntegra. Con una alineación que además de Thijs, el otro miembro histórico es el baterista Pierre Van Der Linden con quien sorprende en cada uno de los cortes que van armando este recorrido de prominentes clásicos de la historia del rock. El guitarrista Menno Gootjes, quien es parte de la banda desde el 2011, toma el lugar en que alguna vez Jan Akkerman jugó un papel protagónico en el sonido de Focus, y lo hace con un gran nivel, manteniendo esa potencia que por momentos nos hace pensar que los holandeses tuvieron un importante papel dentro de las raíces del metal, por otro lado el recientemente incorporado Udo Pannekeet en el bajo de seis cuerdas, es el valor agregado para una poderosa base rítmica. Un músico que viene del mundo del jazz, se acopla perfectamente al estilo de Focus, sus improvisaciones junto a Thijs Van Leer quien desde el hammond envuelve el recinto con ese sonido inscrito en los anales del rock de fines de los sesenta y principios de los setenta, derivan de finos compases jazzeros a lo explosivo del rock.

Un set list que no cambió demasiado de su anterior visita, clásicos inmortales como “House of the King”, “Eruption” o “Sylvia” con versiones extendidas en improvisaciones majestuosas, el público no deja de aplaudir cada intervención de los músicos. Es imposible despegar la mirada de Van Der Linden, que sin dudas, es uno de los grandes bateristas que ha dado el rock, una técnica depurada y libre, y que a sus 71 años de edad se muestra con una energía envidiable con sus baquetas.

Tener en frente a Thijs Van Leer  siempre será un privilegio, músico innovador, de una sencillez admirable, transmite magia cada vez que toma la flauta traversa, un viejo juglar que se ha transformado en una leyenda viviente. Su voz ya se siente desgastada, en el himno por excelencia de Focus, “ Hocus Pocus”, mantiene el registro para interpretar en yodel, pero no llega a las notas más altas de su juventud, sin embargo, Gootjes se transforma en cómplice al suplir esas notas con su guitarra, manteniendo así mayor fidelidad con la obra original.

Con “Focus III” y “Answers? Questions! Questions? Answers!” el cuarteto se despide en medio de una cálida ovación por parte de un público leal, que llegó al Teatro a disfrutar de la grandeza de una agrupación cuya mayor gloria la vivió en la primera mitad de los setenta, pero que en la segunda década del siglo XXI continúa exhibiendo un legado que se hizo eterno, y aún podemos seguir experimentando en vivo, lástima que fueron pocos los que ahí estuvieron, pero esos pocos, podrán atesorar este mágico momento por el resto de sus vidas, y esa es la gran recompensa que nos da la música, la gran recompensa de Focus.

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