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Conciertos Rock & Metal

Un jueves apocalíptico, el metal se apoderó de cada espacio durante más de 5 horas imparables de concierto

Nota: Litta | Fotografias: Cristian Carrasco

Un verdadero culto al género, como bien lo dijo Mark Morton en la entrevista para iRock, fue lo que se vivió el jueves, una cumbre de metal que traspasó incluso los duros corazones de los más acérrimos y “true” de la escena, en donde vimos congregados a diversos estilos, edades y géneros, – es maravillosa la cantidad de mujeres que disfrutamos de principio y a fin, me da mucho gusto ver como las nuevas generaciones de mujeres en el metal son cada vez más numerosas-, disfrutando de algo que a muchos nos llena de pasión.

Como siempre, es un gusto ver producto nacional presente en estos eventos, porque siempre llena de orgullo escuchar el nivel con el que nuestra escena criolla se impone, aunque sea de temprano y sin muchos asistentes, la mayoría logra dejar establecida la calidad del show desde el primer acorde. Así fue con la impecable y puntual presentación de Forahneo, quienes completamente agradecidos del fiel público, también fueron dueños de una importante cuota de mensajes conscientizadores, no tuvieron reparos en expresar el descontento con la realidad política nacional y con la deslealtad en la escena nacional, así con temas como Black The Day, Code Of Silence, F.Y.V.M. y You Speak You Lie, entre otros, dieron el punta pie a una noche que se sabía sería del terror.

La primera hecatombe internacional se da pasado las 19 horas, con la presentación de los alemanes de Heaven Shall Burn, quienes se muestran bastante cercanos y con un dialogo ameno con el público, como siempre con temas de contenido sociopolítico poderoso, mezclados con su demoledor estilo inclasificable para muchos, para otros una mezcla de metal extremo que podría incluso deconstruirse en una infinidad de sonoridades. Con el estruendoso y grotesco gutural del carismático Marcus Bischoff, más las alianzas sincronizadas en las cuerdas de Maik Weichert, Alexander Dietz y Eric Bischoff, que juntos adornan los cortes y el perfecto metrónomo en las percusiones de Christian Bass.

The Loss Of Fury es la primera molotov de este tremendo grupo terrorista alemán, con el que inician la apertura a una pintoresca guerrilla de sonidos y letras contra todo lo que la libertad y justicia desean quemar en esta podrida sociedad, Bring The War Home, Voice OF The Voicless y el nuevo sonido de Corium, tema que entre quienes seguimos a la banda desde sus inicios solo nos emociona el hecho de que en su video aparezca nuestra hermosa Patagonia plasmada, pero la vieja carga se pierde con esa especie de melódico que hoy parece tendencia en muchas agrupaciones.

Suena uo de los temas más esperados, el metafórico homenaje a nuestro gran Victor Jara, The Weapon They Fear, dejando un circle pit a su paso mientras el coreado “…never to be silenced” estremece hasta la última médula del Caupolicán y el crowd surfing de Marcus corona un gran momento a mitad de jornada, vendría Endzeit y el vieja escuela Counterweight, tema que revela la destreza en las cuerdas vocales de Marcus, una pieza que en el disco Deaf To Our Prayers nos llenó de furia en el 2006 y esta vez en vivo el movilizador del mosh fue exactamente el mismo componente de hace 11 años, y como broche de oro finalizan con una gran versión de Black Tears. Un poco gusto a poco el fin, me hubiera gustado escuchar más de la época del ‘Iconoclast’, por un momento esperé la aparición de temas como Joel, pero aun así fue un setlist que recorrió amablemente una historia. Un sonido que no a michos nos pareció pulcro pero sin duda dejo clara la calidad de la banda, es una que no muchos conocían y que claramente dieron una carta de presentación del más alto nivel.

Era tiempo de recibir la masacre en carne y hueso, Carcass, con la perfección en el sonido que les precede, nos introducen en un apocalíptico show de principio a fin, con una intro majestuosa, 1985, manosean nuestros oídos para destrozarlos con algo de lo más reciente, 316L Grade Surgical Steel. Era preciso entonces clavar nuestros pies en el suelo si no queríamos ser alcanzados por la gran turba que desatarían las siguientes bestialidades del death metal, Buried Dreams y ese sensual riff ejecutado como una sinfonía junto a la categórica voz de Jeffrey Walker, que seguido de Incarnated Solvent Abuse, Carnal Forge y Unfit for Human Consumption, conforman un viaje al más puro infierno de Dante. Bill Steer, lo advirtió hace un tiempo en la entrevista para iRock y aun así la advertencia fue completamente devorada por la realidad.

Uno del Nuevo milenio, Cadaver Pouch Conveyor System, el taladro de Captive Bolt Pistol, el ochentero Exhume to Consume, perteneciente al ‘Symphonies of Sickness’ y el delicioso homónimo del primogénito Reek of Putrefaction, fueron una memorable dosis de grindcore a la vena, con aguja infectada y sin anestesia, como si hubiéramos vuelto a escuchar un mugroso casete en nuestras viejas radios.

Comenzaba a sonar esa indolente partida, Edge of Darkness, se habría paso entre los gritos del teatro y de sorpresa como un “mix”, irrumpía nuevamente el sonido del ‘Heartwork’ con This Mortal Coil y al unísono un mosh pit desbordante, que nos  transportó completamente al siglo Xll y los rituales de la caballería musulmana en Las Cruzadas.

El taquillero sonido de una conocida guitarra se comienza a suscitar en el lugar, era hora de Black Star y mientras contemplativos esperábamos la entrada de Jeff en las voces, nos colisionan nuevamente con un “mix” y dos éxitos de los 90’s se hacen presente, uno tras otro suenan, Keep On Rotting in the Free World y Corporal Jigsore Quandary, se abre una breve charla como en casi todos los breaks, Jeff sociabiliza simpáticamente con el público antes de patear los cráneos despiadadamente con el maravilloso manifiesto  del metal extremo, Heartwork.  Imposible tener palabras para describir la perfección del sonido que se vivió de las manos de Bill, Ben Ash, Daniel Wilding y Jeff, claramente un nivel que comprueba empíricamente la solidez de la experiencia y la técnica de la experticia, concluyendo entonces uno de los shows más esperados de lo que va del año con la introducción de Carneous Cacoffin.

Sin ser un extenso show, será sin duda uno que quedará plasmado en la memoria colectiva de todos quienes fuimos testigos de la carnicería que los británicos dejaron por su paso en Chile, con un setlist que no necesitó nada extra en lo absoluto y en lo personal se convirtió en el gran número de la velada.

Cuando ya pensábamos que no podía ser peor, suben Lamb of God a las alturas, con un estruendo que se materializó a través de las extremidades de Chris Adler, Mark Morton, John Campbell y Willie Adler. Unánime, comienza una espectacular presentación junto a una estampida que no tendría piedad con nada a su paso, sin misericordia los corderos de Dios aplastan los músculos auditivos con dos balas perforantes, como lo son Ruin y 512, que al llegar a una defensa sólida en la membrana externa masacran todo, mientras y el núcleo penetra por completo, provocando así un impacto esquizoide en los miles de asistentes.

Una cruda presentación, que exige aquella mounstrocidad de la que somos reconocidos como público. Randy pide a la masa entonces terminar en un grito el nombre del siguiente hit, –Now You’ve..Got Something to Die For, y todo vuelve a ser caos en la planicie del coliseo, más tarde nos deleitan con parte de lo mas reciente, Still Echoes, de esta forma encienden el camino para adentrarnos en un real sendero al  infierno, aquel que siempre hemos contemplado desde nuestros reproductores en 320kbp y que en vivo francamente es un incomparable misil al centro del sentido auditivo, Walk with Me in Hell, una pieza coronada por muchos como un groove metal que trastorna al espectador y oyente. Luego un demoledor, Hourglass, sin ningún titubeo en la velocidad de la ejecución seguido de Engage the Fear Machine y el ‘speed’, Set to Fail nos dejarían con los flujos sanguíneos a todo dar…

Nos acercábamos al fibal de una tremenda noche llena de descargo y quizás toda la expiación violenta de los pecados de cada uno. El último viaje al génesis del nuevo milenio, con tres tracks parte de los álbumes, ‘Ashes of the Wake’ y ‘Sacrament’, -a mi juicio dos de los mejores logrados de los oriundos de Richmond, Virginia-, a niveles insalubres de volumen, Blacken the Cursed Sun, The Faded Line y el clásico Redneck,   colocan el punto final a una extensa jornada de devastación.

iRockers, exactamente lo que por meses habíamos especulado al momento de conocer el lineup, un día de furia y de completa catarsis para deleitarnos con un corssover de bandas que hicieron de aquel jueves una tremenda oda al “día de furia” y por eso, ad portas a unas primarias que no saben llenarnos más que de asco y una final al borde del nerviosismo, iniciamos un fin de semana que más de alguno gracias a esta velada comenzará con completo relajo.

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