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Conciertos Rock & Metal

Nota: Freddy Veliz – Fotos: Eugenia Fuentes

 

Inspirados en la ópera rock de 1970, Jesus Christ Superstar de Andrew Lloyd Weber, que posteriormente fue presentada como musical de Broadway y luego adaptada al cine por Norman Jewison, convirtiéndose en una obra de culto, el año 2003, un grupo de músicos chilenos, provenientes de la escena metalera nacional, liderados por el cantante Víctor Escobar de Alto Voltaje y Cristian Galaz, se imponen el desafío de crear una adaptación de la taquillera obra, en clave metal. Más que una locura, lo podemos ver como una evolución natural de un patrimonio artístico mundial, que en 50 años de historia ha sabido de cientos de versiones en distintos idiomas y estilos, incluso acá mismo en Chile, a mediados de la década de los setenta, se creó una versión andina de esta aclamada ópera rock.

Rebautizada como Jesucristo Metalstar, esta adaptación, ha ido creciendo con el tiempo, y este fin de semana santo, se presentó en cuatro funciones en el Teatro Teletón, lugar que ya la había albergado anteriormente. En iRock tuvimos la oportunidad de ser testigos de la primera función del viernes 19 de abril, probablemente el acto más complejo de presenciar, debido a las dificultades que puedan suscitarse como acto estreno.

Un trabajo colectivo que reunió a músicos, actores y bailarines, más un completo equipo técnico, que trabajan a punta de amor por el arte entregando un espectáculo de gran factura. En el escenario de dos niveles, más una imponente pantalla como fondo escenográfico, donde se fueron proyectando imágenes que complementaban cada escena, y con una banda de apoyo en las alturas de la tarima, se va gestando esta historia que representa los últimos días de Jesucristo, un Jesús visto desde la perspectiva humana, alejado de la imagen divina y mística con la que tradicionalmente lo ha dado a conocer la religión.

El elenco principal está conformado por Rodrigo Galaz como Jesús; Jaime Salva de la banda Tomo Como Rey en el papel de Judas; la destacada cantante de Bandanna,  Danna Sánchez como María Magdalena; Víctor Escobar y César Vigouroux de Alto Voltaje y Sobernot respectivamente como Anás y Caifás; Rubén Hormazábal como Herodes; Cristian Farías como Pilatos; Felipe del Valle (Drake) como Simón Zelote y Ángelo Cancino interpretando a Pedro. Bajo la dirección musical de Francisco Urrutia y Teatral de Cristian López, con una puesta coreográfica a cargo de Matías Olmedo.

La música se mantiene bastante fiel a la esencia de la obra original, con la salvedad de poseer un sonido y algunas libertades y arreglos instrumentales que aportan el sello característico del metal, además de un vestuario acorde al género, donde cueros, cadenas y tachas existen en abundancia. Los personajes de Anás y Caifás, a mi parecer, son los que mayor impacto causan, donde el concepto oscuro de estos antagonistas de la trama, se grafica perfecto con un maquillaje y atuendos ligados al black metal, Vigouroux (Caifás) posee un potente rango vocal que lo eleva como una de las mejores interpretaciones de la obra, sin dejar de  lado a Danna Sánchez, que en el papel de María Magdalena, a pesar de los nervios evidentes, logra transmitir con su voz y puesta en escena los momentos dramáticos de su relación con Jesús.

Hay escenas muy bien logradas, como el momento en que los enfermos se acercan a Jesús pidiendo ser sanados, personajes vestidos de mantas y máscaras que se arrastran hacia el “Hijo de Dios”, quien sentado en el centro termina en un grito de hastío, un pasaje de mucha carga dramática muy bien escenificada . También la minimalista escena de Pilatos sentado en su escritorio, y como marco de fondo,  proyectada en la pantalla, las manos lavadas y manchadas en sangre, con la música envolviéndonos en una atmósfera de incertidumbre. El buen trabajo coreográfico, donde el baile y acrobacias van compenetrándonos en distintos estados, la lucha, la celebración, la locura, esta última tiene uno de sus momentos cúlmines cuando Herodes aparece en escena, como un lúdico presentador circense, acompañado de coloridos bufones, acróbatas y bailarines que llenan el escenario de colores en medio de un carnaval burlesco cuestionando a Cristo como rey de los judíos.

La obra, más allá de algunos detalles técnicos, o de descoordinación en algunos pasajes, propios de una primera función, está muy bien montada, los personajes logran atraparte, aunque por momentos no se logre entender la letra de algunas canciones, podemos hilar la narración, y hacernos partícipes y sensibilizarnos en instantes tan dramáticos como los latigazos propinados a Jesús, o de Judas quitándose la vida arrepentido por haber entregado a su “Señor”.

En lo global terminas aplaudiendo y valorando el trabajo de este grupo de obreros de la música y el arte integral, que desde la autogestión han logrado enfrentar la complejidad de montar una obra de tal magnitud. No es fácil, pero la convicción de estos artistas chilenos, solo demuestran que cuando te propones algo con seriedad, respeto y profesionalismo, puedes obtener resultados asombrosos. Esto va más allá de una religión, y puede disfrutarse en familia al margen de los credos personales. No puedo dejar de mencionar, la presentación del Cd, que se ofrecía a la salida de la sala, un registro que plasma de gran forma esta obra musical para continuar disfrutándola en casa.

No queda más que enviar nuestras felicitaciones a los forjadores de este proyecto, y esperar que se difunda como un verdadero patrimonio cultural que se le entrega a nuestro país.

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