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Conciertos Rock & Metal

Un jueves con algo más que gusto a viernes, un día de rememorar y de expandir todo hacia un masivo mar de puños


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27 de abril 2017 | Teatro Caupolicán

Nota: Litta | Fotos: Claudio Poblete

A diferencia de otros eventos en donde los teloneros nacionales tocan prácticamente ante un vacío, Temple Agents tuvo la dicha de presentarse frente a un colmado Caupolicán, claramente son una banda que posee un gran potencial y quienes les hemos visto en otros escenarios podemos dar fe de aquello, pero algo en la incómoda ecualización hizo que no pudiéramos “sacarle el jugo” a su show, en el cual la ausencia de casi todos los bajos hizo que fuera una puesta en escena de una voz y un bombo. A pesar de eso el apoyo a nuestros compatriotas fue unánime y una respetuosa ovación fue la que finalizó con una clásica foto.

Era ya una espera cargada de emociones, nervios, ansiedad y sobre todo Hombres Araña, que sin ningún titubeo se lanzaban desde las plateas a la cancha, a medida que se iban colocando las piezas sobre el escenario el coliseo emitía estruendosos sonidos de asombro. Se apagan las luces y comienzan a subir al fin al escenario Jonathan, Munky, Brian, Ray y Trujillo Jr. No hubo espera para entonces desatar el oleaje intenso que se movió al ritmo de Right Now, para luego sin piedad proyectar Here to Stay, locura total que no tuvo ningún punto suave hasta que Rotting in Vain comienza a sonar, al primer acorde se deja caer el gran telón que adornaba el fondo con imponentes letras rojas,  el inmenso álbum art del The Serenity of Suffering ornamentaba entonces la velada.

No se lograba percibir por completo la guitarra en un comienzo, pero era un hecho ya digno de un griterío perenne, los noventas y la agresividad de Somebody Someone nos golpeaban contra la gran masa que en algún momento tocó ese gran casete, –Issues-, en el personal stereo. Una fiesta y eso fue lo que quisieron interpretar con el extrañamente poco coreado Word Up! Un cover que sirvió para apaciguar y a la vez bajar un poco el calentamiento global del recinto. “We will rock you” se abría paso en la atmosfera y una vez más la masa se colocaba en posición, la batalla se abriría con la transformación de este clásico hacia la pluralidad de Coming Undone.

Nuevamente remontándonos a ese sonido digno de ser coronado como el pasado y presente, Insane, tema del último disco nos enviaba sin mesura a esa época dorada del Nu Metal, vendría a continuación una pieza que para algunos no es un gran tesoro del sonido de Korn, pero que sin lugar a duda eso al exótico público chileno le valió y el goce fue brutal, una bengala, un wall of death y la mitad de la jornada ya era un completo éxito gracias a esa energía que solo ese oceano de gente pudo dar. Y’All Want a Single, dejaba el aire más que caldeado para lo que vendría, la maldad se hizo presente y el mítico Make Me Bad irrumpía con un sonido perfecto, el bajo del “chico” Trujillo por un momento nos hizo incluso olvidar que se trataba de un niño.

El esperado momento de muchos/as comienza, los noventas a flor de piel y Jonathan junto a su gaita colisionan las emociones de todos, un despilfarro de nostalgia a todo dar coronado por el fornido One de Metallica que pronto mutaría en ese tremendo Shoots and Ladders.

Momento de presentar ante el público chileno el talento del master en las percusiones, un solo enérgico de batería es el que se mandó Ray Luzier que casi nos hace creer que habíamos vuelto al presente, ¡pero no! Suena ese indiscutible dialogo entre un platillo y la guitarra, ese noventero y esplendido Blind. Se pactaba una división en el centro del arenal, esperamos desde lo más alto hasta lo más bajo para desatar toda la furia que nos invadió, y de ese clásico del homónimo del 94’ nos asaltan con el efímero y brioso Twist, para finalizar con otro emblema de los añorados noventas, Good God y esta vez el pequeño Trujillo dio catedra con su Slap, en lo personal me transportó a la impecable presentación que dio Korn en el Woodstock del 99’.

Llega el encore, y sí es tiempo de revivir la gran incomprensión de la que hablamos en nuestro pasado artículo, el maravilloso Falling Away From Me desenlaza un fervor unísono que no se detiene, sino que avanza hasta llegar al gran punto final, uno de los más esperados y populares, el magnánimo Freak on a Leash.

Gusto a poco, nostálgico y sobre todo monstruoso, así es como puedo terminar de describir este paso de Korn por Chile, nos quedamos con las ganas de recibir una sorpresa y de sentirnos parte de la excepción, disfrutar quizás de Clown, A.D.I.D.A.S. o inclusive más del Serenity of Suffering, pero de lo bueno poco y esperemos la próxima visita sea igual o mejor. Pero finalmente gracias, por darnos un paseo al recóndito siglo XX.

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