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Conciertos Rock & Metal

Nota: Freddy Véliz   Fotos: Andie Borie

L7 + Frank’s White Canvas + Cler Canifrú.  Club Chocolate, 30 de Noviembre 2018, Santiago – Chile

18 años cumplió Rockaxis, pioneros en Chile en llevar la información y noticias del rock a las plataformas digitales, sin duda el medio especializado más importante de lo que va en el milenio en nuestro país. Mayoría de edad que quisieron celebrar en grande junto a una de las bandas de culto más respetadas de la primera mitad de los noventa, me refiero a L7, agrupación conformada únicamente por mujeres y que desde mediados de la década de los ochenta, fue abriéndose camino en un mundo reservado casi exclusivamente a los hombres. Las oriundas de Los Ángeles, el año 2001 se sumergieron en un hiato, que las tuvo fuera de las pistas por catorce años, y este 30 de noviembre llegaron a Chile por primera vez en el marco del aniversario del medio citado anteriormente.

Como toda fiesta, debe contar también con más invitados, y en un acierto de la producción, se logró concretar la participación de dos bandas locales lideradas por mujeres, conformando así un encuentro donde ellas tuvieron en sus manos toda la furia y el poder del rock and roll desplegada en el Club Chocolate, recinto ubicado en el epicentro bohemio de Santiago.

Cerca de las 19:40 horas, la destacada guitarrista chilena Cler Canifrú, tuvo la misión de comenzar a encender los fuegos junto a su banda, y “Escorpiones”, primer single que la cantante e instrumentista presentara de su álbum K9 el 2013, resonó en el interior del local, al que paulatinamente comenzaba a llegar un público ansioso de vibrar en una nueva jornada de rock and roll. Un despliegue escénico sencillo, pero certero y repleto de la potencia rockera, que desde la crudeza y honestidad con que el conjunto realza su propuesta, va legitimando su participación en este evento donde las mujeres se tomaron el protagonismo. Lo de Canifrú está enmarcado en un estilo que no se congracia por ser encasillado en un subgénero especial, lo suyo es el rock sin más miramientos, y cortes como “El Buzo” o la power ballad “Dormida en la Nieve”, lanzada a comienzos de este año, donde fluyen las influencias noventeras de la guitarrista, van delineando un show más breve de lo esperado, puesto que su set debió ser acortado, generando cuestionamientos respecto a este tipo de decisiones que afectan a los artistas nacionales en estas instancias. Es de conocimiento general que recintos como Chocolate tienen horarios limitados para los conciertos, eso de antemano es manejado por los productores, acordando tiempos con los músicos, entonces que esos acuerdos no se cumplan, terminan de cierta forma mermando el trabajo de los conjuntos que desarrollan seriamente para presentar un show a la altura, y Cler Canifru lo estaba logrando con creces, de manera puntual y con una presentación que muestra cómo ha ido creciendo y evolucionando musicalmente.

Para el abrupto final, Cler invitó a Masiel, su compañera en la banda Lilits, para despacharse un certero golpe al mentón con “Rebel Girl”, tema original de las estadounidenses Bikini Kill, emblemas del movimiento Riot Grrrl, el cual representa al poder femenino que en los noventas tuvo un explosivo surgimiento con cientos de bandas donde las mujeres tuvieron la palabra desde una actitud frontal, contestataria y de fuerte inclinación punk. Un show intenso, que más allá del problema puntual citado en líneas anteriores, solo deja entrever el gran trabajo que viene realizando la talentosa guitarrista, a quien no le faltan agallas para dejarlo todo en el escenario.

El segundo turno, en espera para recibir a las californianas, fue del dúo Frank’s White Canvas, quienes subieron al escenario con un arsenal de halagos detrás, una de las bandas revelación de esta década en Chile, quienes con cuatro años a cuestas, dos epés, y un esperado largaduración por venir, se han nutrido de un amplio pergamino de logros, que suman una gira por Estados Unidos, una participación en Mad Cool Festival de Madrid, España, invitación a distintos festivales, entre los que se viene la próxima Cumbre en Club Hípico, y Lollapalooza 2019. Karin Aguilera en voz y guitarra junto a su cómplice, la baterista Pancha Torés, siempre acompañados por el guitarrista Yeray Santos, se toman el escenario, con ciertos problemas técnicos en la guitarra de Karin al inicio con “Bullseye”, lo que no opacó su acto, siempre encumbrado dentro de los más profesionales y pulcros que podemos apreciar actualmente en nuestro país. Las Frank’s poseen un catálogo lleno de grandes canciones, que invitan a seguirlas con palmas y coros desde el público. Piezas como “Grey Devenir”,“Wake Up”, “Secret Garden” o las contagiantes cadencias de “Good Rebel”  elevaron la adrenalina ad portas del esperado concierto de L7 en Chile, una apertura más que suman estas chicas que parecen no temer a nada, y que en solo cuatro años de existencia, son una de las grandes esperanzas para el circuito del pop y el rock en nuestro país, con una propuesta exportable y de una  calidad que asombra.

Siendo las 21:00 horas, Club Chocolate se veía copado en cada rincón para recibir a estas norteamericanas que golpearon duro a comienzos de la década del noventa, posicionándose como una de las bandas más peligrosas a la hora de enfrentarlas en un escenario, una carrera llena de polémicas y actos que ofendieron a los más recatados moralistas, en una época en que el mundo afrontó grandes cambios, tanto a nivel político, moral o social. Unas veinteañeras que no temieron escupir su rabia al mundo, con un buen aderezo de humor, pero más cojones que varios machos consolidados en el negocio del rock. Por primera vez seríamos testigos de la actitud desbordante y explosiva de estas cuatro féminas que, a estas alturas sobrepasan los cincuenta años de edad, pero que no les falta energía para seguir pateando traseros.

Desde el inicio, con “Deathwish”, extraído del clásico ‘Smell the Magic’, segundo álbum de estudio, publicado por el ya lejano 1990, el público fue desatando la euforia en medio de los crudos riffs que disparaban Donita Sparks y Suzi Gardner desde la alta tarima del club, mientras la enérgica bajista Jennifer Finch hace su show aparte, cabeceando, lanzándose al suelo, apuntando al público con el mástil en una actitud amenazante y empática a la vez. Tras los certeros golpes de Demetra Plakas retumbaban con la fuerza rítmica furiosa de su estilo.

Es increíble lo que logra el cuarteto en vivo, canciones que superan las dos décadas desde su gestación, reviven con más fuerza y una eufórica nueva mirada, “Andres”, “Everglade”, “Monster”, “Scrap” y “Fuel My Fire” son una inyección contundente de actitud punketa sin concesiones, y el público reacciona con un desorden furioso, con los infaltables pogos, body surfing, y siguiendo con puños en alto cada corte que se reparten entre sí las integrantes del conjunto de Los Angeles para cantar con ímpetu cada verso.

Un concierto de ebullición constante, la potencia siempre a tope, y la energía se dispara por cada rincón del recinto emplazado en pleno Barrio Bellavista. Intensidad que corrió peligro, cuando en medio del hervidero que se vivía, un fanático sube al escenario, quien es interceptado por un guardia de seguridad, que termina siendo arrastrado en un riesgoso stage diving por parte del fan, cayendo abruptamente al piso. Felizmente, pasados unos inciertos minutos, el guardia se recuperó y fue retirado del lugar, en medio de una burlesca arenga del público, ante tamaña acción, que acusó la falta de experiencia del funcionario en este tipo de hechos, que son normales en un concierto de rock, donde la euforia se apodera de los apasionados asistentes. Las integrantes de la banda se mostraron siempre preocupadas por el hecho, y una vez  resuelto el entuerto, retoman el concierto, que prosigue en total normalidad, con la misma intensidad y bravura que las identifica.

El rock and Roll no debe permitirse dormir en los laureles, y L7 así lo demuestran con “I Came Back to Bitch” (2018),  para más adelante dedicar unas palabras a Donald Trump, antes de despacharse “Dispatch from Mar-a-Lago”, lanzado el 2017 y que firma en definitiva el regreso de la banda, cortes que mantienen la impronta garage de su sonido, y que sonaron brutalmente maravillosos en este debut por nuestro país, clásicos instantáneos, muy bien recibidos por los asistentes, que llegaron al peak de la ovación cuando himnos como “Shitlist”, o el cover “American Society” de la banda Eddie & The Subtitles nos iban conduciendo hacia el final con el hit “Pretend We’re Dead” y la feroz “Fast and Frightening”.

Una noche difícil de olvidar para los asistentes, una experiencia que seguramente muchos nunca pensaron vivir. L7 pisó suelo chileno, y lo hizo con la contundencia y actitud más vigentes que nunca.

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