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Conciertos Rock & Metal

Nota: Freddy Véliz    Fotos: Andie Borie

Nuclear Assault + Dorso + Nuclear.  11 de Agosto 2019. Blondie, Santiago – Chile

El 2015, los norteamericanos Nuclear Assault, visitaron Chile por segunda vez, y lo hicieron con una supuesta gira de despedida, show que finalizó con un aura de duda sobre el asalto final. Ese presentimiento, no estaba alejado de la realidad, ya que a cuatro años de esa presentación, volvieron este 11 de agosto a Santiago para repetir el azote de metal con el que se han caracterizado por más de tres décadas.

En el marco de una nueva versión de Metal Attack, el conjunto comandado por el ex bajista de Anthrax, Danny Lilker y el guitarrista y cantante John Conelly llegó a las profundidades del Club Blondie en un reencuentro con su poderosa propuesta crossover.

Para esta ocasión, el cónclave debía estar a la altura de tan ilustre visita, y dos  experimentadas bandas nacionales tuvieron la misión de abrir camino para una velada explosiva. Los primeros en subir al escenario, fueron los ariqueños de Nuclear, quienes están prontos a sacar un nuevo material, del que nos dejaron con las ganas de oír algún adelanto. Con ciertos reparos en el sonido, cuyo exacerbado volumen hizo sufrir nuestros tímpanos, que hacían esfuerzos por definir lo que llegaba desde el escenario. El conjunto liderado por  Matías Leonicio en la voz, tiene una vasta experiencia abriendo shows internacionales, y eso queda de manifiesto en la energía desbordante de su propuesta, influenciada firmemente en el thrash metal de vieja guardia y el hardcore punk. Lamentablemente poco fue el público que ingresó temprano al recinto, lo que mermó algún atisbo de moshpit  que se generara en la pista, sin embargo la entrega del conjunto nortino, no defrauda nunca, y ejerce con autoridad los laureles que se han ganado como una de las bandas de metal más importantes del último tiempo en nuestro país.

El segundo turno recayó en los legendarios Dorso, que también están prontos a sacar una esperada nueva placa de estudio, y ellos, sí nos adelantan parte de eso. Pera Cuadra y compañía inician su presentación con uno de sus reconocibles clásicos, “Ultraputrefactus Criatura”,  del elogiado ‘El Espanto Surge de la Tumba’.  El local capitalino, ya lucía una mayor cantidad de público, y aparecen los moshpits con mayor convocatoria. Un desagradable acople en una de las guitarras, aminoró el placer de disfrutar la partida, feliz y alegremente esto se soluciona, y el nuevo engendro que está por nacer se nos presenta con “Poser Apocalipsis”, corte que ya pinta para clásico de su nuevo álbum. “Horrible Sacrifice”, continua con este metal de tintes gore que ha caracterizado a Dorso durante su vasta carrera, una banda dueña de un sello que nadie puede emular, si existe un conjunto cuya propuesta es imposible encasillar dentro de algún subgénero del metal, es Dorso, un estilo nacido de la genial y retorcida mente de su bajista y cantante, quien ha logrado mantener viva la leyenda junto a los guitarristas Álvaro Soms y Gamal Eltit, más el baterista Fran Muñoz.

Cortes como “Panificator”, “Deadly Pajarraco”, la novel “Gore & Roll” o “Dr. Mortis”, fueron desatando una jornada aplastante con lo mejor del metal chileno, que culmina con “Hidra”, uno de los infaltables himnos del conjunto, que ha sido coreada al menos por tres generaciones, finalizando con una arrolladora versión de “Silvestre Holocaust”, con un público enfervorizado que ya se preparaba para el próximo asalto.

A las 21:00 horas, los norteamericanos salen a escena, en medio de la ovación de algo más de quinientas personas, que repletaron al menos la mitad de la pista de Blondie. Sin mediar palabras, una ráfaga de riffs destructores cae sobre el aforo, que se enfrasca en un mosh, que prácticamente no se detuvo en todo el show de Nuclear Assault. “Rise From the Ashes” y el emblemático “Brainwashed”, dieron el primer puntapié a un recorrido cargado de clásicos incombustibles de los neoyorquinos, que a solo meses de la gran catástrofe de Chernóbil en 1986, debutaban discográficamente con ‘Game Over’. Un álbum que rápidamente les abrió el camino para posicionarse como uno de los principales referentes del thrash metal y el crossover por aquellos años dorados del estilo.

El conjunto no acusa desgaste alguno a más de tres décadas de su fundación, John Conelly, si bien físicamente denota el paso del tiempo, vocalmente mantiene la potencia y rabia para expresar sus afiladas y críticas letras al mundo, además de rasgar las cuerdas de su Flying V con tal agresividad y pasión, que estas en algún momento no resisten la tensión a la que son expuestas. A su costado derecho Eric Burke lo sigue incólume. Lilker, se suma en los coros y su impronta en el bajo le da el peso necesario para que el azote sea portentoso. En la batería, esta vez el cuarteto se acompañó de la expertise de Nic Barker, ex baterista de Cradle of Filth, Dimmu Borgir, Brujería entre otros destacados nombres de la escena mundial. Un coloso que sostiene una base rítmica infranqueable.

“New Song”, “Game Over”, “Cristical Mass”, “Sin”, “F# Wake Up”, fueron parte de una jornada catártica y violenta, a tal punto que el frontman en algún minuto pidió controlar las emociones, para evitar cualquier accidente en medio del mosh imparable que observaba desde su lugar tras el micrófono. El público obedece en parte, porque la revuelta prosigue hasta el momento en que la banda se despide con “Trail of Tears”, dejando un extraño sabor entre dulce y agraz, por lo breve de una presentación que se esperó por cuatro años y que duró tan solo una hora. Si bien la intensidad del concierto siempre fue de una altura superior, el público aun tenía energías, y las ganas de seguir siendo sacudidos por la reacción atómica de una banda que se niega a dejar de esparcir metal radioactivo por el mundo.  Podría haber sido un poco más extenso y hubiese sido una cita perfecta, aunque más de alguno hoy sufre las consecuencias de un fugaz ataque nuclear.

 

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