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Conciertos Rock & Metal

11 de abril 2018 | Estadio Nacional

Nota: Litta – Fotos: DG Medios

Él día comenzaba a formarse gris tras el paso de las horas, como una atmósfera completa el clima servía de antesala para la transmutación musical que se viviría en nuestro país junto a la segunda visita de los británicos, Radiohead, quienes en esta ocasión volvían presentando su más reciente producción,  “A Moon Shaped Pool” (2016).

Fueron 9 años que tuvieron que esperar, las más de 50 mil personas que ayer a pecho colmado corearon de principio a fin todo el setlist que montaron, junto a magnánimas decoraciones, iluminaría galáctica, imágenes cítricas de un viaje inconsciente e inclusiones sonoras magistrales que brindaron una dimensión especial para cada canción. Es imposible describir la subjetividad de cada asistente, más allá de aventurarnos a decir que Radiohead supo llegar a tiempo, para muchos en plena crisis existencial, para otros a sellar ciclos, mirar con entusiasmo el futuro y otros para recordar con nostalgia esa juventud que se desvanece junto a la maduración del sonido de una de las agrupaciones más importantes de los 90’s.

Daydreaming, es la primera en aparecer en escena junto a una bella proyección en blanco, la luz absoluta se apodera de todos los sentidos y ya en la tercera pieza, Airbag, comenzábamos, entusiastamente, a enmarañar las expectativas de un viaje histórico que mostró algunos de los mejores pasajes de grandes obras como “OK Computer”, “The Bends”,  “Hail to the Thief”, “Amnesiac”, “In Rainbows” y “A Moon Shaped Pool”. Los momentos más sublimes se vivieron con los clásicos como Pyramid Song y Street Spirit (Fade Out), que en conjunto a un turquesa juego de luces y una interpretación de instrumentos de cuerda y percusión, nos invitaron a remover la infinidad de nuestra memoria auditiva, haciéndonos parte de un video clip en el imaginario colectivo.

Hubo presencia de imperfecciones a lo largo del show, pero que le dieron un toque honesto y cercano, de ese que siempre es parte de la esencia poco pulida y visceral de la música de Thom Yorke y Cia. Esta no necesita de tecnicismos para tocar fibras sensibles como otros géneros. Uno de los más notorios sucesos que describen lo que menciono antes, fue la interpretación de 2 + 2 = 5, que iba a ser tocada a principio del show pero por claros signos en problemas de la entrada se trasladó a la posición 15 del setlist, en donde quienes disfrutan de un agudo sentido de la audición notaron lo difícil que fue sostener la constancia en el arpegio al principio del tema, pero que ya llegada la parte de la percusión todo simplemente fluyó. Phil Selway y su faena en las percusiones colisionan de forma tan perfecta que pudimos ingresar a espacios de trance, Colin Greenwood por otro lado predominando la esencia baja, y en un espacio singular Ed O’Brian en la guitarra, mientras que en un orbe completamente fuera de eje Jonny Greenwood, complementaba el sonido con toda su mágico virtuosismo.

Para sorpresa de todos, el primer final llegaba de la mano de Idioteque y la continuación del encore con Fake Plastic Trees, en donde muchos recordaron a ese joven Tom paseando en un carro de supermercado mirando a éste hombre totalmente envejecido, interpretando con la misma voz de hace más de 20 años esta canción…

El momento en que comienza Exit Music (for a Film), fue posible percibir como un todo la magnitud del impacto que provoca tanto la melodía como la letra de esta canción, que incluso luego de ser interpretada el singular frontman siguió cantando para culminar en un silencio que permitió proseguir con otros disparos directos al corazón, como Reckoner que llegaba junto con el final de este penúltimo acto, que gracias al sollozar de la masa pudimos retomar para finalizar con tres óperas primas, Nude, Paranoid  y Karma Police, aparecían en escena para solidificar y concluir este viaje por el espacio/tiempo de toda una historia generacional, que gracias a este concierto hicieron explícita la actualidad, el paso de los años y por su puesto la relevancia que tiene la música de esta banda en la vida de muchas personas, que más allá de ir a escuchar, fueron a sentir con toda su humanidad, como si el tacto, la vista y todos los sentidos fueran parte del elemento auditivo, un completo viaje sensorial.

 

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