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Conciertos Rock & Metal

Nota: Freddy Véliz   Fotos: Claudio Poblete

Saxon, 8 de Marzo 2019, Club Blondie   Santago – Chile

Ocho años debimos esperar para tener de vuelta en nuestras tierras a los británicos Saxon, banda emblema de la NWOBHM, cuyo nombre a estas alturas es sinónimo de Leyenda del Metal. Si bien su historia se remonta a 1976, es en 1979, cuando ya con marca definitiva, editan su primer álbum de estudio, pasando a formar parte de los primeros cimientos del movimiento que definió el metal a partir de la primera mitad de la década de los ochenta.

La agrupación inglesa logró gran notoriedad en Europa, no alcanzando el mismo éxito en nuestro continente, a pesar de ser un referente constante de la época. Sus días de gloria se limitaron a esos primeros años, y tal como muchos de sus contemporáneos, se debilita en los noventa. En Chile, si bien logran concentrar un grupo de seguidores, no obtienen mayor popularidad, y eso quedó demostrado en su visita el 2011, cuando se escoge el Caupolicán para recibirlos como la gran leyenda que son, y los resultados en cuanto a convocatoria fueron bastante pobres, llegando a ocuparse la mitad de capacidad del sector cancha, una postal bastante deprimente para tal nivel de invitado.

Saxon regresó a Sudamérica el 2013, excluyendo a nuestro país de su ruta, clara señal de ser un número poco atractivo, como para que alguna productora se arriesgara a traerlos nuevamente, luego de lo sucedido en su debut. Felizmente este 2019, la historia dijo otra cosa, y Biff Byford junto a sus compañeros, vuelven a Chile, esta vez a un recinto más adecuado para  su arrastre, y Club Blondie, cuya capacidad bordea las 1.200 personas, es el lugar escogido, en una acertada decisión de producción. El concierto realizado ayer 8 de marzo, cumplió con las expectativas, y Saxon fue recibido con un local repleto en cada uno de sus rincones.

En las profundidades del club capitalino, desde temprano se comenzó a recibir a los fanáticos, que debieron sortear las dificultades de tránsito generadas por la multitudinaria marcha en torno al Día Internacional de la Mujer, lo que obligó incluso, adelantar la hora de apertura del recinto. La espera fue acompañada de un playlist de clásicos del heavy metal, ad-hoc  a lo que se vendría más tarde. Cuando resuenan por los parlantes las primeras notas de “It’s a Long Way to the Top (If You Wanna Rock ‘n’ Roll)” de AC/DC, sabemos que en solo segundos los británicos estarán sobre el escenario, quienes de entrada nos golpean con “Thunderboldt”, corte que da título al último y elogiado álbum de estudio, editado el año recién pasado. Un tema portentoso, que pone de manifiesto la vigencia sonora que puede lograr una banda luego de cuarenta años de su primer disco. Un sonido demoledor, que estuvo al límite de reventar los tímpanos de los asistentes, ¡Qué manera de sonar esas guitarras!.

Rápidamente retrocedemos al 2013, y “Sacrifice” es recibida como un clásico, de esos que luego aparecerían en una seguidilla explosiva con himnos tan grandiosos como “Wheels of the Steel”, los coros marchantes de “Denim and Leather” y “Strong Arm of the Law”, una triada que fue acompañada de una postal de brazos en alto y banderas flameantes, se vivía una real fiesta de heavy metal con estos emblemas de estadio. “Bathering Ram” bajó un poco la adrenalina, corte del 2015 que pasa un tanto desapercibido, antes de trasladarnos al debut homónimo del ’79 con “Rainbow Theme”, “Frozen Rainbow” y la tremenda “Backs to the Wall”, un ardid de voces desgarrando gargantas junto a Byford, quien no acusa prácticamente desgaste vocal, manteniendo un registro fiel a sus primeros tiempos, es increíble la capacidad para mantener su calidad vocal luego de tantos años sobre los escenarios, sin dudas, uno de los frontman más influyentes e injustamente subestimados de la historia del heavy rock.

Además de Byford, Saxon se completa con los guitarristas Doug Scarratt y Paul Quinn (Único miembro fundador junto a Byford), Nibbs Carter en bajo y Nigel Gockler en batería, formación que se mantiene inamovible desde el 2005, aunque tuvo su primera versión a mitad de los 90s cuando ingresa Carter en 1996, el miembro más “nuevo” de la alineación. Una conformación que viene trabajando junta por más de dos décadas, por lo tanto, hay un engranaje bien constituido, lo que determina los resultados de un show que roza la perfección desde todos los frentes, a pesar de que por momentos, los altos decibeles hicieran mella en la definición del sonido.

Motörhead, y Lemmy en especial, influyeron a toda esta generación de músicos que abordaron el metal a fines de los setentas, y aunque el fallecido hombre de la voz aguardentosa siempre evitó que definieran su música como heavy metal, es innegable que su sonido apuntaba hacia allá, y así es reconocido por los sajones que en su último álbum, lo homenajean con “They Played Rock and Roll”, título que cita la frase acuñada por Kilmister en cada presentación en vivo de su histórica banda. Un corte que emula la base rítmica característica de Motörhead y que el público recibe como un himno más, antes de ser azotados por la incombustible “Power and the Glory”, y ser los jueces electores de “Ride Like the Wind” ese cover de Christopher Cross que los hizo saborear las listas de éxitos en 1988, a pesar de los cuestionamientos que hubo por parte de sus fans más puristas.

“Solid Ball of Rock” es es título del disco que los introdujo en los noventa, y de ese álbum rescatan el tema que le da título, para a continuación atacar de lleno con joyas ochenteras como “Motorcycle Man”, “747 (Strangers in the Night)”, “And the Bands Played On”, interrumpidas por “Lionheart” del 2004, para seguir con “To Hell and Back Again”, “Dallas 1 PM” y “Crusader”, antes de dejar el escenario y darnos un respiro en medio del calor reinante en el interior del mítico local santiaguino.

La fanaticada pide el regreso de la banda, Byford y compañía vuelven para disparar los últimos cartuchos con una triada compuesta por las excelsas “Heavy Metal Thunder”, “Never Surrender” y “Princess of the Night”, clásicos a la altura de las gemas más valiosas del estilo. Es increíble como una banda logra componer tal cantidad de himnos, de una grandilocuencia que contagia a cualquiera, para unirse en un canto masivo, que festeja y se involucra en una congregación de almas con corazón de acero, del más inoxidable y consecuente, con riffs que son parte de la memoria colectiva de una generación de heavymetaleros a través del mundo. Saxon no logró llegar a los niveles de popularidad de contemporáneos como Iron Maiden o Def Leppard, hizo el intento con ideas fallidas a fines de los ochenta, que finalmente los catapultaron a un grupo de bandas que se mantuvieron en el límite del underground y el mainstream, pero el respeto nunca lo han perdido, el águila de acero mantiene su vuelo y lo hizo como los más grandes por los cielos de Santiago.

 

 

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