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Conciertos Rock & Metal

Slayer llegó por septima vez a nuestro país, para presentar su último trabajo en un Movistar Arena colmado de fanáticos


8 de mayo 2017 | Movistar Arena

Nota: Freddy Veliz | Fotos: Cristian Carrasco

 

 

Séptima visita de Slayer a nuestro país, octavo show en la tierra natal de Tom Araya, y la banda aún causa estragos y mantiene el entusiasmo de sus fans por sus presentaciones. A pesar de extrañar la figura de Jeff Hanneman o la ausencia de su baterista original, Dave Lombardo, los seguidores de la banda pionera del thrash metal demuestran una lealtad infranqueable por los creadores de Reign in Blood.

Cada acto de Slayer se vive con intensidad y la adrenalina a tope desde varias horas antes de que suban al escenario, el ambiente que logra  crear la banda es solo comparable con lo que provocan conjuntos como Iron Maiden, Metalllica o Megadeth, un show en el que todo el que se autoproclame amante del metal se siente obligado a estar presente.

Con ‘Repentless’ su última placa bajo el brazo, la banda de Kerry King, Tom Araya, Gary Holt y Paul Bostaph una vez más llegaba a Movistar Arena para desatar toda su furia.

Con el nombre de “Héroes del Metal”, se tituló este reencuentro con los estadounidenses, que además contaría con una doble apertura donde la banda chilena escogida en un reñido concurso por el público, Dekapited, sería la encargada de disparar las primeras municiones thrasheras de la jornada.

El cuarteto nacional desde el inicio logró provocar la locura de un público que recién hacía ingreso al recinto, quienes desde el primer segundo se enfrascaron en un intenso mosh pit que no se detuvo durante toda la presentación, donde mostraron parte de su poderoso catálogo. El conjunto expone vitalidad y actitud sobre el escenario. Un certero golpe a nuestros cráneos, sonando a la altura de las circunstancias, y adelantando el corte “Mundo Decadente”, incluido en el nuevo ep ‘Sin Misericordia”.  Dekapited sorprendió por su gran calidad en vivo, recibiendo el reconocimiento del público que vibró con su desquiciada  presentación.

A continuación el turno de tomarse el escenario fue de los trasandinos A.N.I.M.A.L , quienes traerían de vuelta ese sonido noventero donde el metal daba luces de renovación en el mundo con subgéneros como el aggro, en que riffs duros, golpeantes y con bastante groove, instan a saltar en masa, coreando letras donde el compromiso por la defensa de nuestros pueblos originarios, y en contra de los poderosos que desde la política y el dinero sumen a nuestros pueblos en la incertidumbre, son el tema central.

Con el clásico “Solo por ser Indios” la banda liderada por Andrés Giménez comienza un acto directo al grano, el vocalista constantemente se dirige al público, con discursos a favor de los indígenas latinoamericanos, en especial por los mapuches, entablando empatía con nuestro país. Nos recuerda que debutaron en Chile el año 1994 en la discotheque Blondie (coincidentemente el mismo año en que debutó Slayer en suelo nacional), y lanza algunos dardos en contra de Mtv por los cambios de programación que sufrió con el tiempo, recordándonos que canciones como “El Camino del Hombre” rotaban constantemente en Headbangers Ball, conducido por Alfredo Lewin. Me dio la sensación que Giménez intentaba producir mayor cercanía con el público, refiriéndose repetidamente a temas que de una u otra forma se relacionan con Chile, en cierta manera logró su objetivo, recibiendo constantes aplausos por sus dichos.

El público se enfrascaba en intensos mosh, y un wall of death impulsado desde el escenario por Andrés al presentar “Barrio Patrón”, probablemente uno de los 45 segundos más intensos de un show que finalizaba con la potente versión de “Cop Killer”, original de Body Count. De esta forma quedaba configurado el comienzo de una jornada que se auguraba infernal.

Cuando el reloj marcó las 21:00 horas, el interior del Movistar Arena se veía repleto para recibir una vez más a Slayer en tierras chilenas. La espera llega a su fin cuando luego de introducirnos con “Delusions of Savior” el cuarteto norteamericano arremete con “Repentless”, corte que da nombre a su última placa de estudio, editada el 2015, y que marca el regreso de Paul Bostaph en la batería, y la primera con Gary Holt en la guitarra, reemplazando al tristemente fallecido Jeff Hanneman. Un disco que ha recibido buenas críticas por gran parte de los medios especializados y sus seguidores.

El atronador sonido fue demoledor desde el comienzo, Slayer rápidamente se remonta a sus primeros años y el clásico “The Antichrist”, de su opera prima ‘Show No Mercy” (1983), comienza a provocar los primeros estragos en una fanaticada que no escatima en atacar con furiosos mosh que se generan por distintos puntos de la cancha, acciones que se irán repitiendo a lo largo de todo el show, aumentando en los himnos más entrañables del conjunto, como la increíble interpretación de “Postmortem” que nos envolvía en una de las grandes obras maestras  del metal, cuyo feroz cambio de ritmo sobre el final provoca una hecatombe de empujones, headbangings y furia metalera, el más infernal de los conciertos estaba en su tope, o eso creíamos en ese momento, porque aún quedaba bastante por recorrer.

Luego de la poderosa “Hate Worlwide” perteneciente a su penúltimo trabajo ‘World Painted Blood”(2009), Tom Araya se posiciona frente al micrófono y estimula a los fanáticos a gritar repetidos ¡Viva Chile!, que remitiéndonos a su antológico grito en Bulgaria en el marco del Sonisphere 2010, finaliza con un poderoso ¡Viva Chile Mierda! para acribillarnos con “War Ensemble” y baja las revoluciones con la pesada “When the Stillness Comes” de su última placa, un descanso necesario a estas alturas, en que el oxigeno era escaso . Un set inspirado, que consideró sus más importantes obras, así cortes clásicos como “Mandatory Suicide” del South of Heaven o “Fight Till Death” del debut Show No Mercy se entremezclaban con “Dead Skin Mask” de Season in the Abyss.

Una de las sorpresas fue la inclusión de “Die by the Sword”, clásico que no habían incluido en sus presentaciones en Colombia , Argentina o Costa Rica. Desde ese instante comenzó una maratón devastadora de himnos que transformaron el Arena en la transición del purgatorio al infierno, “Chemical Warfare” del imprescindible Ep Haunting the Chapel. “Seasons in the Abyss” y la gloriosa “Hell Awaits” dejaron tumbados a los presentes para un encore venido directamente del averno. Definitivamente uno de los pasajes más demoledores de los que tenga recuerdos en concierto alguno, Slayer demuestra su poderío con cuatro himnos esenciales, entrando con “South of Heaven” que se solapa con los tambores de Bostaph en medio de la oscura introducción que nos adentra en la magnánima “Raining Blood” provocando que la gran masa de metalheads se entregue a uno de los más feroces mosh pits, que no se detienen al ser aplastados por una increíble versión de “Black Magic” y terminar con el himno por excelencia de Slayer, la más devastadora obra jamás creada por banda de metal alguna, “Angel Of Death” pasa como una aplanadora por sobre las miles de personas que llegaron al Parque O’higgins cual peregrinación, en busca de ser sometidos a una experiencia única de thrash con la banda más poderosa del planeta.

Un concierto que refleja la solidez de Slayer, que ha sorteado sus bajas con la consistencia de los grandes, centrados en sus objetivos, sin dejarse llevar por las críticas de los más fundamentalistas, que no vieron con buenos ojos la retirada de Lombardo, ni tampoco la continuidad de Slayer sin Hanneman. Publicaron un disco a la altura de su trayectoria, y ahí están, manteniendo el podio como una de las bandas, sino la más, poderosa de la escena mundial .

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