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Conciertos Rock & Metal

Nota: Freddy Véliz O.   Fotos: Paula Muñoz M.

Lanzamiento Alquimia, Sala Scd Pza. Egaña,  25 de agosto 2018

Téfiret nace en la quinta región hace seis años, tiempo que ha bastado para ir posicionándose como una de las apuestas más potentes del circuito rockero actual. Hace algunos días presentó su tercer álbum de estudio titulado ‘Alquimia’, y este sábado 25 de agosto fue el momento de lanzarlo en vivo, en la acogedora Sala Scd de Plaza Egaña en Santiago.

El cuarteto, acostumbrado a no dejar detalles al azar, se embarcó en dar un espectáculo a la altura de una gran celebración, un nuevo disco ve la luz, y como si de un hijo se tratase, debía presentarse en sociedad con el mejor traje. Esas eran las expectativas desde el primer momento. El conjunto desarrolló el arte de su disco con la productora Medu1a, altamente reconocidos tanto en Chile como en el extranjero por su gran trabajo de diseño para bandas, y el trabajo en ‘Alquimia’ no está exento de ese sello que los caracteriza, en el ambiente de la gráfica nacional.

La transformación es el concepto que encierra un título mágico desde la palabra misma, y Téfiret, así como reescribieron su nombre, nos muestran un trabajo que da un salto grande, y nos presenta a una banda capaz de madurar tremendamente desde un disco a otro. Si “Dual” ya nos había impresionado por la energía emanada, ‘Alquimia’ es una versátil muestra de ideas tanto musicales como de contenido lírico, con gran presencia de un mensaje que identifica a la sociedad actual, con sus virtudes y problemas. Todo ese potente contenido del álbum, quedó de manifiesto en la presentación ofrecida el sábado.

Como preámbulo al show de Téfiret, tuvimos el placer de disfrutar de la propuesta de la bajista y cantante América Paz, quien desprovista de banda de apoyo, y sola con su bajo de seis cuerdas, desenfundó parte de su apuesta musical donde el funk y todo el groove que eso conlleva se va generando en medio de improvisaciones, donde América demuestra el tremendo talento que tiene, y la cantidad de recursos técnicos que domina. Canciones de su primer disco ‘54’ como “Muy Funky” , “Marchemos”, o hacia el final una emocionante versión de “Gracias a la Vida” de Violeta Parra, nos van preparando para el show de fondo.

América ha desarrollado una carrera de amplia connotación estilística y transversal, ha sido o es parte de bandas de metal, de tributos, se ha desempeñado como artista callejera, ha colaborado desde el folclore acompañando a su madre, la  también destacada cantante Sol Domínguez (Sol y Medianoche), etc. Una música completa que sin dudas siempre es una experiencia enriquecedora verla en vivo, y fue muy bien recibida por los presentes.

Mientras esperábamos la aparición de Téfiret en el escenario, nos llamó la atención la cantidad de elementos como micrófonos o atriles dispuestos sobre el escenario, la banda porteña es un cuarteto, y así los hemos visto en sus varias presentaciones, a excepción de en ocasiones contar con Gabriel González en el teclado como quinto integrante, lo que obviamente nos hacía sospechar de que este show sería diferente, y que varias sorpresas nos tenían guardadas entre manos. Boris Valenzuela, Ricardo Peña, Esteban Silva y Catalina Blanco entran a escena junto a algunos invitados, y bajo una introducción en guitarra de Boris acompañado de imágenes discursivas en la pantalla de fondo, nos adentra en un espectáculo lleno de emociones, con Catalina Blanco tomando su lugar frente al micrófono para dar el primer golpe con “Altavoz”, primer single de ‘Alquimia’, cuyo contenido lírico se enfoca en captar el empoderamiento de la sociedad actual, un discurso inclusivo, que llama a la aceptación de unos a otros, al respeto y el entender que la unión de la sociedad es más fuerte que el poder de unos pocos, solo se necesita alzar la voz. Mientras una de las invitadas va interpretando la letra  en lenguaje de señas, la banda sigue avanzando en mostrar su nueva obra en forma íntegra.

Catalina, más allá de su gran capacidad vocal, es dueña de un desplante que la hace predominar la escena, y no lo hace en desmedro de sus compañeros, es un complemento a un tremendo trabajo instrumental, un trabajo certero y macizo, que sorprende. Alquimia es un álbum de muchos matices, lo que nos invita a pasar por distintos estados emocionales, y en vivo Téfiret lo potencia con astucia, incluyendo coros, o la guitarra acústica de Matías Villalón, todo enmarcado en visuales proyectadas en el gran telón de fondo. La vocalista intenta hacernos partícipes de la historia tras el disco, de cómo gestó, por ejemplo, la colaboración del músico chileno-norteamericano Alain Johannes en la versión de estudio de “Aura”, un corte muy orgánico, en base a texturas acústicas que baja las revoluciones casi en mitad del show, también nos invita a escuchar “Hoguera”, tema pensado para el disco, pero que quedó fuera, y ahora es una joya inédita, o podría convertirse en el primer tema nuevo de alguna próxima obra, quien sabe.

Es difícil destacar un highlight en medio de un concierto de tantos momentos especiales, pero me gustaría destacar “Tribu” que está destinado a ser un coreable himno de la banda. La inclusión del cuarteto de cuerdas en “Alquimia” tema principal del disco, impregnó solemnidad a una pieza  que se escuchó realmente hermosa en la sala. Tampoco faltan los momentos catártico psicodélicos y progresivos como en “Esferas” uno de esos hipnóticos instantes que sientes estar perdido entre  inspiradas estructuras musicales, en las que no adviertes en que momento te encuentras con el final.

Hacia el final de la potente velada, no podía faltar un repaso de sus anteriores obras y con la crimsoniana “Rito”, junto a la siempre contagiante “Tierra” y “Fénix” con todo el público de pie, los porteños se despiden de este magnífico inicio de un nuevo ciclo, junto a una obra que, en lo personal, me sorprendió, por el desarrollo que le impregnaron, revelando un gran crecimiento creativo y artístico. Pocas veces podemos ver a una banda con la trayectoria de Téfiret (6 años) que muestre avances tan completos, desde distintas aristas han sabido generar movimiento, preocupados de la producción, de trabajar su imagen, y mantener una conexión directa con sus seguidores, con quienes incluso se dieron el tiempo de compartir un vino de honor en las afueras de la sala. Un conjunto que, como lo he dicho antes, está para grandes cosas, y no me extrañaría, más temprano que tarde, verlos empinados en las grandes lides, tienen el potencial para jugar a lo grande, y de eso fuimos testigos en esa memorable noche de sábado.

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