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Conciertos Rock & Metal

19 de julio 2017 | Club Chocolate

Nota: Freddy Veliz | Fotos: Cristian Carrasco

 

Este pasado miércoles 19 de julio, una explosiva experiencia de rock and roll vivimos en Club Chocolate, pleno Barrio Bellavista junto a The Dead Daisies, colectivo musical fundado el 2012 por el guitarrista David Lowy y el cantante  Jon Stevens (Inxs), ambos de origen australiano. Stevens dejó la agrupación el 2015, siendo reemplazado por John Corabi, vocalista que logró notoriedad a mediados de los noventa al reemplazar por un tiempo a Vince Neil en Mötley Crüe.  Así con Lowy, Corabi, más el destacado guitarrista Dough Aldrich (Dio, Whitesnake, House of Lords), el bajista Marco Mendoza (Thin Lizzy, Whitesnake) y el talentoso baterista Brian Tichy (Billy Idol, Gilby Clarke, Derek Sherinian) esta portentosa constelación de estrellas iluminaría la mitad de semana en Santiago.

Como apertura al encuentro, los locales Exxocet tuvieron el privilegio de ser parte de este espectáculo, demostrando el gran nivel del que se han ido haciendo dueños con el tiempo. Con un breve set de seis canciones, lograron encender el ambiente con su propuesta hard rockera enraizada en la estética glam metal que irrumpió en el mundo por esos ya lejanos ‘80s. Una banda sólida en su tratamiento instrumental, que si bien en lo musical no hay demasiada sorpresa, posibilitan la oportunidad de tener en Chile unos representantes de gran categoría en el estilo que pregonan.

Partiendo con dos novedades como “Cannibal Carnival” y “Mighty Jungle” la banda logra concentrar la atención del público que repletaba el recinto, una asistencia ávida de buen rock and roll. Exxocet cuenta con un fiel grupo de seguidores que llegaron a unir fuerzas y a corear himnos como “Latina Girl” o “Party Tonite” transformando el ambiente en una fiesta que tal como titulan su último corte, podría haber durado fácil la noche entera.

Con minutos sobrepasados de la hora estipulada, se escucha el calibrado y perfecto mash-up de Whole Lotta Love y  War Pigs, de Led Zeppelin y Black Sabbath respectivamente, anuncio inequívoco de que The Dead Daisies aparecería en escena, y justamente uno a uno comienzan a subir al escenario la respetable conformación de músicos para dar inicio con “Long Way to Go” seguida de “Mexico” tal cual se ordenan en Live & Louder, álbum en vivo lanzado en mayo y que sirvió de pretexto para esta gira. Una hábil muestra de hard rock de vieja guardia, donde priman esos riffs cañeros que han conquistado a generaciones, sin aderezos extras, solo buen rock and roll cuyas pretensiones no van más allá de mantener viva la esencia del género en su más fiel expresión. Las composiciones de The Dead Daisies dejan entreabiertas asociaciones directas con clásicos eternos como ocurre con “Make Some Noise” , una cruza entre “We Will Rock You” de Queen y “Cherry Pie” de Warrant, perfectamente armadas para fluir como una obra que brilla sola, provocando sensaciones propias de un himno de estadio. Algo similar ocurre con “With You And I” cuya cadencia nos remite sutilmente a “Get Down, Make Love” de Queen. La historia del rock está llena de retroalimentación, consciente o inconscientemente se van rescatando ideas que sirven para mantener las raíces, el espíritu y la actitud rockera, y The Dead Daisies cumplen cabalmente su cometido, sin ambiciones ni ínfulas de querer revolucionar el rock con pomposidades inútiles o rebuscados arreglos.

Una de las características que mejor identifican a la banda son sus individualidades, porque con tan solo tener en frente a un monstruo de las cuerdas como Dough Aldrich da para sentirse privilegiados, y lo hemos tenido en varias ocasiones en Chile, recordemos su paso con Ronnie James Dio, Whitesnake o Glen Hughes, siempre destacando por su impronta, un héroe de la guitarra con todos los clichés que eso implica y que sostienen cualquier show de rock and roll. Por otra parte el carisma de Marco Mendoza es para aplaudir, el bajista descendiente de mexicanos tiene la ventaja del idioma para poder comunicarse sin problemas, conectando de manera espontánea con el público siendo el canal perfecto con el resto de la banda en especial con Corabi que se suma a las bromas que constantemente distienden el ambiente. Lowy de más bajo perfil proyecta ser un músico disciplinado, que se complementa firmemente con Aldrich en una dupla incorruptible. Brian Tichy es un fenómeno poco valorado a nivel masivo, pero que cuenta con un dominio fenomenal tras la batería, con influencias claras en las más grandes leyendas, comenzando con John Bonham, y  quedó fehacientemente demostrado en su performance en solitario, emulando a Bonzo al golpear platillos y tambores con sus manos tal como el fallecido genio de Led Zeppelin registrara con “Moby Dick” en The Song Remains the Same, los aplausos y la ovación del público fueron instantáneos.

En el trayecto se van hilando composiciones propias con versiones potentes de clásicos como “Fortunate Son” de Creedence Clearwater Revival, “Join Together” de, los prontamente en Chile, The Who o una pesada interpretación del emblema perteneciente a The Beatles  “Helter Skelter”, momento en el que invitan a compartir escenario a la talentosa guitarrista chilena Cler Canifru, que desde una tímida entrada logra posicionarse en el centro del escenario para pararse de igual a igual con estos tremendos e históricos músicos, un instante verdaderamente explosivo con tres guitarras creando un muro de riffs indestructible, probablemente uno de los puntos más altos de una jornada que finalizaría con la adrenalina a tope con dos clásicos imprescindibles de la historia: “We’re an American Band” de Grand Funk Railroad y “Highway Star” de Deep Purple con mosh incluido, y los rostros de impresión del quinteto que sintió la energía que emana el público chileno cuando es gratificado con un buen concierto de rock del más pesado y purificador.

En infinidad de ocasiones se hacen premoniciones respecto del futuro del rock, lo dan por muerto o en profunda agonía, en cierta parte existe algo de razón si nos centramos en el dominio que ejerció la industria sobre el género, despojándolo de esa esencia honestamente contestataria y confrontacional, donde el fin último no era solo lanzar éxito tras éxito en una carrera comercial. No podemos desconocer que muchas de estas súper bandas de estrellas se reúnen con fines monetarios, The Dead Daisies no quedan fuera de ese círculo, pero se agradece que el producto que entregan sea consistente, honesto y que logran transmitir a través de canciones bien construidas, la pasión por un sonido que se mantiene vivo en manos de quienes perciben que aún hay mucho que dar. Sosteniendo las bases se pueden heredar influencias a las nuevas generaciones, para que eso siga palpitando y refrescándose por bastante tiempo más. Al fin y al cabo es solo rock and roll, y nos gusta.

 

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