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Conciertos Rock & Metal

Nota: Freddy Veliz – Fotos: Patricio Borie

 

Después de 16 años, la banda sueca de rock progresivo The Flower Kings regresó a nuestro país. Un conjunto que a mediados de la década de los noventa, tomó la posta del renacer del género, logrando captar la atención de los proggers a nivel mundial. En medio de la ola que generaron bandas como Dream Theater en Estados Unidos o Porcupine Tree desde Inglaterra, los suecos The Flowers Kings nunca llegaron a tal nivel de masividad, pero si han convertido su nombre en un referente que se respeta.

Fundada por el guitarrista Roine Stolt (The Tangent, Transatlantic), en sus inicios como un proyecto solista, han editado doce álbumes de estudio, y parte de esa trayectoria es lo que repasaron ayer en un Teatro Nescafé de las Artes con una discreta cantidad de público, que llegó a vibrar con la propuesta escandinava.

Introducidos con la (archiutilizada) música del film Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick, el quinteto liderado por Stolt aparece en el escenario en medio de los aplausos de quienes esperaron más de una década por tenerlos de vuelta en Santiago. Con la rockera e intensa “Last Minute on Earth” del álbum del 2001 ‘The Rainmaker’, pegada a la más melódica “What if God is Alone?” de ‘Paradox Hotel’ lanzado el 2006, comienzan a envolvernos en una propuesta, muchas veces cuestionada, pero que por lo menos en su show, dejan entrever una gran calidad interpretativa, con músicos poseedores de una tremenda solidez técnica. Claro, es inevitable encontrar referencias obvias a sus más cercanas influencias, concentradas en su primera etapa definitivamente en el más clásico Yes, un ejemplo tácito se vive cuando, una vez Roine presenta a los integrantes del conjunto, se lanzan con “There Is More to This World”, uno de sus más antiguos cortes, incluido en el recordado ‘Retropolis’ de 1996, donde la influencia de la banda del fallecido Chris Squire es demasiado evidente, y es quizás en esos trabajos, donde la crítica muchas veces fue lapidaria, al calificarlos como una banda que se dedicaba a rescatar al borde de la copia, lo más clásico del género progresivo.

Lo ofrecido por The Flower Kings en Teatro Nescafé de las Artes, fue una muestra del crecimiento que han logrado desde esos primeros años, una evolución necesaria para mantenerse vigentes. Roine Stolt y Hasse Fröberg conforman una dupla potente que se turna tanto en las cuerdas como en las voces, capturando momentos de gran espontaneidad. Por otro lado el bajista Jonas Reingold, pupilo absoluto de Squire, sorprende por la sutileza y naturalidad con que aborda el peso de la base rítmica junto al talentoso baterista italiano Mirko DeMaio, una máquina que trabaja con precisión absoluta, dejando a Zach Kamins, que desborde creatividad y virtuosismo tras los teclados, haciéndose imprescindible en el sonido de The Flower Kings.

Es conocida la obsesión de Stolt por componer canciones de extensa duración, lo que explica el hecho de que un breve set de canciones, se desarrollen en más de dos horas de concierto. Quien no estuvo presente, podría suponer  una presentación tediosa, pero al contrario, el tiempo se hizo corto, en un concierto donde los matices sonoros, en conjunto con la versatilidad de los arreglos de Roine, se trasladan por distintos estados, que van desde lo etéreo y reflexivo a lo más enérgico, melódico, incluso llegando en algunos casos a emparentarse con lo más granado del metal progresivo, una transversalidad que debemos atribuir también al complemento vocal que Roine tiene en  Hasse, quien desempeña el lado más agresivo del sonido de Flower Kings. Una experiencia que los asistentes agradecieron con un gran recibimiento hacia los suecos, que demostraron el por qué están situados como referentes obligados al hacer recuentos históricos del progresivo en los últimos 25 años. Más allá de algunos acoples que punzaron los oídos de los asistentes, el sonido estuvo al nivel de lo que se espera en una banda como ellos, bien afiatada, ejecutando con sobriedad y elegancia una propuesta de estructuras complejas,  con métricas que sorprenden de un momento a otro, cambiando el rumbo de nuestros sentidos. El desempeño de Zach Kamins en el teclado, que tiene el peso de reemplazar al histórico Tomas Bordin, es simplemente magistral, logra inmiscuirse con soltura, improvisando con armoniosos resultados, y  grandes momentos en cortes como la primal “The Flower Kings” fusionada con “Cosmic Lover” que lo hacen dueño de los aplausos, extendidos luego en las sublimes “In the Eyes of the World” y “Stardust we Are”.

Stolt nos deriva en este viaje cósmico progresivo hacia el final para entregarnos una senda versión con parte de “I am the Sun”, de ese elogiado álbum titulado ‘Space Revolver’ del 2000. Un trance musical premunido de mágicos momentos, en mano de uno de los músicos más respetados del ambiente progresivo mundial, que regresó a Chile, esta vez con su banda, para un recorrido musical, que pone en entredicho las críticas, puesto que superó ampliamente las expectativas en un concierto redondo, donde los oídos de un público exigente, pudieron disfrutar de una velada perfecta.

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