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Conciertos Rock & Metal

the strokes

Nota: Freddy Veliz

 

Mientras el joven Dj nerlandés Martin Garrix repletaba el Movistar Arena de adolescentes dominados por la euforia de la música electrónica, el VTR Stage recibía a otros miles de personas que apostaban por ver el regreso de los neoyorkinos The Strokes a nuestro país. La banda liderada por Julian Casablancas y Albert Hammond Jr. Tuvo un importante traspié al inicio de su show, con evidentes problemas técnicos que impidieron oír la voz y el bajo en “The Modern Age” y parte de “Soma”, momento en el que se percatan de la falla, y los músicos bajándole el perfil y llevando el asunto hacia la broma, deciden, una vez solucionado el problema, volver a tocar el primer corte para no defraudar a sus fans que vivieron minutos de incertidumbre.

The Strokes, poseen una buena cantidad de hits que logran entusiasmar a su fanaticada, pero que no logra prender por completo a la audiencia que se quedó hasta el final de la jornada. La agrupación que apuesta por un sonido retro, de raíces garage, sin tanta parafernalia escénica mantienen una discreta interacción con su público, y éxitos como “Someday”, “12:51” o “Last Nite” fueron los que estimularon a los mayores coros, saltos y bailes de un público menor en cantidad que el del cierre del sábado. Una propuesta poco lucida, peor aún, con evidentes problemas de sonido que se mantuvieron en todo el transcurso del concierto,

La trayectoria de The Strokes se inicia a dos años de su formación con el exitoso primer álbum (Is This It – 2001), cuando irrumpieron en el mundo, sumándose así a una gran camada de agrupaciones que devolvían la simpleza del rock, con olor a garaje.

El problema mayor es que la banda no muestra gran evolución con su propuesta, que se estanca en bases rítmicas que se repiten una y otra vez, sin matices mayores a los que puede aportar en cierta medida la voz de Casablancas,  pero eso ocurre en contados momentos y el set de casi una veintena de canciones se torna cansador a una hora que esperamos más espectacularidad, en el sentido musical y escénico, nos vemos envueltos en un show más bien débil, que nos hizo pensar que no fue el número apropiado para cerrar el festival, los fuegos de artificio al final del show con “Take It or Leave It” se sintieron desmedidos para lo que los estadounidenses nos ofrecieron, un concierto que solo sus más acérrimos seguidores podrán sentir perfecto, pero que desde una objetiva perspectiva se aleja bastante de la realidad.

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