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Conciertos Rock & Metal

La segunda jornada de Lollapalooza 2019 se desarrolló con un variado cartel que comprende desde el trap, pasando por la música latina tropical, el jazz, rock, pop, electrónica, metalcore, etc. Una buena instancia para estar al tanto de lo que está sucediendo en la música actual. El encargado de abrir este segundo día fue el chileno Zaturno,  congregando a sus seguidores en el Banco de Chile Stage. La banda Humboldt, proveniente de la V región, se instaló a las 13:30 en el más reducido escenario Acer, para ofrecer un show donde aprovecharon de promocionar su más reciente álbum de estudio, frente a un público receptivo ante una propuesta de elaborado y efectivo pop-rock.

A las 14:30 horas, el saxofonista norteamericano Kamasi Washington nos invitó a sumergirnos en un envolvente viaje de estructuras jazzeras, experimentales, psicodélicas y repletas de un groove que nos congrega a conectarnos con el baile y los sonidos afros, donde tienen cabida el soul y y los espirituals. Kamasi logra proyectar la herencia de John Coltrane hacia sonidos urbanos, conquistando a las masas. Verlo en Lollapalooza no debiera extrañar, su capacidad para influir en el gusto de un público transversal, queda de manifiesto en su presentación, donde se acompaña de la cantante Patrice Quinn, quien por momentos pareciera entrar en un trance, al seguir las cadencias instrumentales con movimientos y bailes constantes. La banda está conformada por dos baterías, contrabajo, trombón, teclados, y por supuesto el saxo de Washington, una configuración que lamentablemente nuestros oídos no pudieron apreciar con la claridad que hubiésemos querido, debido a problemas que han sido repetitivos en ese escenario respecto al sonido, el golpeteo del bombo de Tony Austin retumba por sobre los demás, cubriendo en un manto poco agradable la riqueza cromática de la música de Kamasi, igualmente su propuesta cautiva y logra transformarse en uno de los shows más atractivos musicalmente hablando, de esta segunda jornada.

¿Quién dijo que no había rock en Lollapalooza?

Luego de que Ziggy Marley ofreciera un antológico recorrido por las cadencias del reggae, donde emocionó a miles de asistentes que se posicionaron en el VTRStage al incluir sendas versiones de clásicos de su padre, junto a sus propias composiciones, una triada de conjuntos pondrían la cuota de guitarras y peso en la tarde de sábado. En el otro escenario central, los norteamericanos Portugal.The Man retornaban a Lollapalooza Chile, para entregar su atractiva propuesta de rock y mensajes politicos. Con una eficaz y potente versión de “For Whom The Bells Tolls” de Metallica la banda se lanza en un concierto donde prima el ben sonido y matices instrumentales que van más llá del rock propiamente tal. El conjunto impacta por sus mensajes políticos, empatizando con la contingencia de nuestro país, proyectando en la pantalla de fondo mensajes como “No Todos Somos Chadwick”, “Justicia Para Camilo Catrillanca”, etc, refieriéndose además a la privatización del agua y la problemática mapuche.

Adentrándonos hacia el sector del AcerStage nos encontramos con la presentación de la novel banda estadounidense Fever 333, trío que en enero pasado debutó discográficamente y que viene a proponer un sonido enraizado en el metal con influencias del rap y el hardcore, por momentos es imposible no asociarlos a Rage Against The Machine, por su parada de confrontación política y social. Fever 333 son los responsables de hacer debutar los moshpits en esta edición de Lollapalooza, revuelta que elevó el polvo del sector, creando una caótica postal en medio de los frenéticos cortes como “Burn It”,”We’re Coming In” o “Made in America”. Jason Aaron Butler y Stephen Harrison, voz y guitarra repectivamente, bajan del escenario y se dirigen hacia la tarima sobre la mesa de sonido, donde en una actitud de orador político el cantante intenta comunicarse con el público desprovisto de micrófono, lo que logramos entender sus referencias apuntaban a que los ciudadanos debemos ejercer nuestro poder y defender nuestros derechos. Un concierto enérgico que terminó en uno de los más masivos mosh que se han experimentado en Lollapalooza. Un show compacto pero explosivo de principio a fin, que marcó la tarde dejando abierta la esperanza de que el rock y el metal si pueden ganarse un espacio en este festival.

Luego de la polvareda dejada por los norteamericanos, el público se dirige rápidamente hacia uno de los escenarios centrales donde esperarían repetir de cierta forma la revuelta con los duros sonidos del metalcore a cargo de Bring Me The Horizon, uno de los pilares del subgénero, y que coincidentemente estuvo girando con los Fever 333 como invitados. 

 

 

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