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Conciertos Rock & Metal

15 de mayo 2018 | Club Blondie

Nota: Litta | Fotos: Cristian Carrasco

Una noche fría y que no tendría mayores sorpresas para el común de la población, cambiaba su destino rotundamente para un selecto grupo de personas que llegaba a Blondie, ha pasado un tiempo desde que las leyendas orquestales de metal, Therion, han estado en nuestro país, lo cierto es que vendrían con una compleja obra de arte y que tiene su origen en las mismas entrañas del 1900, basándose en un cuento que tiene grandes fijaciones teológicas y que en este singular producto musical se le promulga a través del nombre de Beloved Antichrist, pero la gran espectativa era reencontrarnos con toda la trayectoria, como bien nos lo prometió el cerebro de la banda en la pasada entrevista con iRock. 

Antes del show de la ópera, The Devil, una banda difícil de ponerle una etiqueta presentaba su debut en este subterráneo. La banda depende en gran medida de dos artilugios: miembros anónimos con máscaras venecianas, vestidos de negro y elegancia, proponen un carácter en la puesta en escena que junto a la ausencia de voces reemplazadas por transmisiones de televisión, acompañadas por videos a través de un proyector, condecoran de forma peculiar, dejando claro que su mensaje es la “maldita” humanidad. Avanzado ya dos temas la multitud todavía estaba muy atenta en el show de la banda, y muchos de los presentes no parecían particularmente conmovidos o entender mucho lo que estaba sucediendo, pero sí como una histeria colectiva el riff de Alternative Dimensions, hizo sucumbir a todos en esta nueva tendencia musical, muy pesada y puntual. Podrían haber sido perfectamente  Paradise Lost sin Nick Holmes por todo lo que ostentaron. Pero la ausencia de un líder y público que no estaba familiarizado con las canciones hace una reacción sombría, que quizás es parte también del impacto que desean causar, pero lo que es seguro, su show es voraz, desde su presencia hasta lo que proyectan en las visuales, metal para la nueva sociedad.

Therion finalmente regresó con su familia chilena. Aunque sus líneas podrían haberse reducido desde la última vez que estuvieron aquí promocionando “Les Fleurs du Mal (2012)”, sus seguidores apenas comenzó Theme Of Antichrist, dejaron su corazón y su alma frente al escenario. No hace falta decirlo, también lo hizo la banda. Con una vestimenta magnifica, Christofer Johnsson, Nalle Påhlsson, Christian Vidal, Thomas Vikström, Linnéa Vikström y Chiara Malvestiti, le dieron carácter a cada personaje y distinción a esta nueva presentación, que desde la sinceridad, creo que su próxima visita podría ser fácilmente acompañada de orquesta y en un teatro, porque han llegado a una maduración perfecta del sonido.

Una destacable interpretación vocal fue la que se vivió al momento de Din, tema en que Linnéa Vikström, parecía poseída por el mismísimo Rob Halford, además de su actitud y vestimenta, su voz llega a unos altos inimaginables que nos hacen pensar en el heavy metal que lleva dentro. Al momento de escucharse  el piano de Wine Of Aluqah, el desenfreno de 1998 llegaba junto al hermoso semblante del Vovin, y así sin piedad temas más tarde nos transportarían a la magistral época del Theli, con Cults of the Shadow y posteriormente con el sonido milenial de The Invincible. En este paseo ya comenzábamos a entender todo mágicamente, era un completo paquete celestial todo en uno, una homologación maestra con las mejores etapas de la banda, sin dejar ningún cabo suelto las estupefactas miradas ya coronaban la noche, lo que se esperaba fuera un show normal se transformó en una cátedra del sonido neoclásico del metal sinfónico.

Finalmente, cuando ya llegábamos al final de la hermosa velada, temas como The Rise Of Sodom And Gomorrah, nos brindaban una imagen de nuestra temprana juventud, de cómo conquistamos al metal durante nuestra iniciación en el género y como este nos maravilló una vez más, para dejarnos con una mochila cargada de energía para un buen retorno a casa, To Mega Therion, llegaba para saciar las solicitudes del maestro, Christofer Johnsson, quien desde la cúspide exigía una demostración de nuestra feroz audiencia, los que le supieron dar en el clavo al tercer intento de una colosal introducción, “To Mega Fucking Therion” y el clamor hizo lo suyo. Cuando ya estaba todo dicho, un efímero encore se frustró por el insaciable público, con muestras de agradecimiento, con saludos y uñetas voladoras la mítica agrupación sueca evidenció una vez más el cariño y admiración por sus fans, para así entonces culminar con una última muestra sonora, Quetzalcoatl, y la promesa de un regreso futuro por este lejano pero enérgico territorio.

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