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Conciertos Rock & Metal

Con el apagón de su voz, la tiranía se ensañó con el clamor de la multitud. Apagaron la voz de Victor, pero encendieron la de toda una generación.

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Por Litta

 

La historia nos duele en septiembre, y son el arte y la música, uno de los penares de este negro mes en la memoria colectiva. Hoy en conmemoración al asesinato de una de las mentes sociales, conscientes, humildes y prodigiosas más poderosas de nuestro patrimonio musical, y en iRock queremos rendir un modesto homenaje al rebelde más brillante y profeta de los acordes más sinceros del canto popular.

Me he propuesto resguardar lo más honesto que me evoca al escuchar su música y es que el apretón de tripas, acompañado de tímidas lagrimas que me produce cada letra y tonada, merecen ser transmitidos, estoy nerviosa escribiendo porque siento que en cada homenaje que se rinde, está la responsabilidad de aportar con una partícula de justicia a su trascendental trayectoria y  desgarradora muerte.

Recuerdo cuando niña mi padre colocaba a Victor Jara todas las mañanas de los 11 de septiembre, mientras mi madre cantaba con un notorio nudo en la garganta, que mientras cocinaba hacía que pizcas de lágrimas condimentaran la comida. Yo, siendo muy ingenua, aún no comprendía porqué se teñía de tristeza el ambiente en el hogar, hasta que un día me atreví a preguntar. Entonces me contaron la historia de un profesor, amante del arte, joven, soñador e idealista, recuerdo las voces y énfasis de mis padres contándome como en cada canción, él plasmaba la realidad perceptible de una existencia humana, me hablaron de un niño como yo llamado Luchín, de un joven obrero asesinado que inspiró  “Cuando voy al trabajo” y de Amanda la joven amante que esperó eternamente a Manuel.

Fue imposible no sentirme triste y a la vez muy molesta, como niña no entendía cuál era el daño que causaba la música, cuál era la necesidad de callar historias que de no haber sido por él, hubieran pasado al olvido absoluto, entonces, ante mi evidente angustia mi madre me dijo, –Victor estaba siendo la voz que no teníamos los jóvenes en esa época, y mi padre interrumpió con una frase que hoy después de años comprendo a la perfección, -El arte es el arma más fuerte de la juventud rebelde.

Hoy, escribiendo en honor a Victor, me doy cuenta que finalmente, para devorar la rebeldía de la  juventud idealista, se debe masacrar a quién porte la voz de la simbólica catarsis; el teatro, el cine, la poesía, la pintura y la música. A lo largo de la historia, es el arte y la cultura las primeras víctimas de todas las dictaduras y guerras, porque es a través de ellas que las almas sin voz pueden ser escuchadas.

Me siento a escribir en este papel digital en memoria de un hombre que considero como uno de los más grandes músicos de nuestra historia y patrimonio cultural. Es él uno de los cimientos que hoy sostienen todo esto que difícilmente hemos construido después de una dictadura, quienes amamos y defendemos algo tan sincero e idealista como la música, reconocemos con todo el respeto que merece su obra.

Detenido y golpeado en el Estadio Nacional, Víctor Jara escribió en dos hojas sueltas su último poema. Es un legado que sobrevivió a la tragedia, la mirada sensible del cantor ante el espanto. Sus ideas y su canto valiente siguen presentes, siempre será canción nueva. El poema denominado “Somos cinco mil” o bien “Estadio Chile”, o también “Canto que mal me sales”, fue escrito por el cantor estando detenido en el Estadio Chile, el 15 de septiembre de 1973, pocas horas antes de ser asesinado. Sus últimas palabras, expresan la impotencia, la rabia y la frustración que vivió en sus últimos momentos, por no tener ya la fuerza de cantar una vez más el fiel retrato de una realidad, que hoy tiñe de rojo nuestra historia.

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¡Canto que mal me sales 
Cuando tengo que cantar espanto! 
Espanto como el que vivo 
como el que muero, espanto. 
De verme entre tanto y tantos 
momentos del infinito 
en que el silencio y el grito 
son las metas de este canto. 

Lo que veo nunca vi, 
lo que he sentido y que siento 
hará brotar el momento…

En homenaje a todas las voces que cesaron durante los 17 años del régimen militar, en iRock te invitamos a hacer sonar una vez más la guitarra de Victor Jara y recordamos, para que nunca más en Chile…

Para mí luchar no significa pertenecer a un partido político, sino entender lo que es el hombre y su verdadera misión sobre la tierra, y el artista no es un ser que vive en la estratosfera, sino que su responsabilidad como creador y como recreador de la misión del hombre, lo obliga a estar metido en los problemas reales; comprenderlos, vivirlos y denunciarlos.

Víctor Lidio Jara Martínez (1932-1973)

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