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Live Review Internacional

Smith/Kotzen: El poder de las cuerdas a corta distancia

Más allá de los estadios y la pirotecnia, el dúo Smith/Kotzen transformó el Teatro Coliseo en un refugio de virtuosismo, solidez y proximidad.

La puntualidad en el Teatro Coliseo dictó la pauta de una jornada donde Adrian Smith y Richie Kotzen apostaron por la sustancia sobre el espectáculo. Fue una presentación compacta, que fue directo al grano sin perder la elegancia.

La apertura quedó en manos de Fahrenheit. La banda nacional, con más de dos décadas de ruta, entregó un set con el oficio que los caracteriza, inyectando energía basada en un hard rock de esencia clásica. Su paso por el escenario fue el combustible adecuado para calentar el ambiente antes del plato de fondo.

Con el dúo estelar en escena, el show se edificó sobre una selección de sus dos álbumes, golpeando desde el arranque con Life Unchained, Black Light y Wraith. La dinámica del set alternó momentos de densidad rítmica con otros de mayor vuelo melódico, todo bajo una ejecución impecable.

En ese engranaje, la base rítmica resultó vital. Julia Lage no solo aportó presencia escénica, sino una gran solidez en el bajo, mientras que Bruno Valverde en la batería fue un motor de precisión y groove. Valverde no solo se limitó a marcar el tiempo; su técnica da una profundidad que solo un baterista de su calibre puede inyectar en vivo.

Pero el foco inevitablemente se desplaza hacia Adrian Smith. sin la escala monumental de un show de Iron Maiden, aquí toma un rol protagónico absoluto. No solo destaca en las seis cuerdas —donde su tono es inconfundible y su precisión quirúrgica—, sino que sorprende al asumir una carga vocal protagónica. Su registro no busca el alarde técnico ni agudos imposibles, sino que se mueve con carácter, profundidad y una intención cruda que encaja perfecto con la propuesta.

Al otro lado, Richie Kotzen reafirma por qué es un fuera de serie. Su capacidad para cantar líneas complejas mientras ejecuta solos vertiginosos (y muchas veces prescindiendo de la uñeta) es de otro planeta. La naturalidad, talento y técnica sin limite de de Smith aporta el equilibrio justo frente a la intensidad y groove de Kotzen, creando una sinergia donde ninguno opaca al otro.

Lo que realmente definió la noche fue la cercanía. Ver a una leyenda como Smith en el formato íntimo de un teatro rompe cualquier barrera. Aquí no hay pantallas gigantes ni pirotecnia; hay contacto real y una dimensión humana que en los estadios se pierde. Fue él quien, durante gran parte del concierto, mantuvo el diálogo con la audiencia, demostrando que la conexión real no depende del tamaño de la tarima.

El tramo final terminó por incendiar el Coliseo. Tras un recorrido que incluyó piezas como ‘Running’ y ‘Solar Fire’, el encore con ‘You Can’t Save Me’ y, por supuesto, una versión de ‘Wasted Years‘ que puso al teatro en fuego. En ese momento, la reacción fue unánime: un recordatorio de que, más allá de los proyectos paralelos, hay himnos que están grabados en el ADN del público chileno.

📸 @crisrock_photography @irock.cl

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