Editorial
Cause of Death de Obituary: la piedra angular que envejeció mejor que el canon del death metal
Hay discos que definen un género y otros que lo infectan, filtrándose en estilos ajenos y transformándolos desde dentro.
Hay una verdad que a los sectores más ortodoxos del metal les cuesta admitir y es que casi nunca se dice en voz alta dentro del circuito que, no todos los discos llamados canónicos envejecen de la misma manera, ni todos sobreviven cuando se los extrae del contexto histórico que los vio nacer. Algunos permanecen intocables más por consenso que por vigencia real, mientras que otros, en cambio, siguen operando con una fuerza indómita en el presente. Es aquí donde Cause of Death se posiciona como un disco que forma parte del legado presente activo y es precisamente esa condición de trascendencia es la que lo convierte en una piedra angular, ya que no se limita a funcionar como documento de una época, sino como una obra que aún interpela, moldea y contagia el presente del género. Mientras buena parte del death metal clásico quedó atrapado en su propio virtuosismo dependiente de una escucha atenta, casi académica, Obituary construyó un disco que no necesita mediación cultural, pues su verdadera magia no radica en el conocimiento de escalas, afinaciones ni genealogías técnicas, porque funciona por acumulación de peso, por su esencia visceral y brutalmente humana y aquí es donde el canon empieza a tambalear.
Desde siempre ha existido una disputa entre quienes privilegian la técnica por sobre el swing. Sin embargo, seamos honestos, bajo esta línea argumental, el tecnicismo no es sinónimo de profundidad, y el death metal lo sabe bien, aunque a muchos les cueste admitirlo. Existe además una tendencia casi automática a jerarquizar discos en función de su complejidad técnica. Bajo ese criterio, Cause of Death suele aparecer “un escalón más abajo”. Pero ese juicio elude una pregunta esencial: ¿complejo para quién?
La complejidad de este disco no reside en su ejecución, sino en sostenerlo y en mantener la tensión sin recurrir a la pirotecnia, en repetir un riff hasta que deje de ser riff y se transforme en la atmósfera dominante. Muchos músicos pueden tocar Cause of Death pero pocos pueden interpretarlo sin sobrecargarlo. En ese sentido, Obituary hizo algo que muchas bandas extremas evitaron y confió en la inteligencia corporal del oyente, no en su conocimiento técnico, sino en su umbral físico y sensorial, como si la escucha fuera una invitación a la exploración del cuerpo, evocada tanto por el sonido como por las letras, sin la necesidad de una meticulosidad excesiva. Ese gesto —aparentemente simple— resulta más radical que cualquier despliegue técnico. Como ha señalado el propio John Tardy, Cause of Death fue un disco en el que la banda literalmente “se volvió loca con los sonidos del estudio”, explorando delays y efectos que no buscaban demostrar técnica, sino configurar una densidad sonora inédita.
Esa lógica material del disco se vuelve aún más evidente en un episodio poco difundido de las propias sesiones de grabación. Durante el proceso en Morrisound, se produjo un accidente con la cinta analógica, uno de los miembros de la banda golpeó involuntariamente la máquina mientras una pista estaba en reproducción, deformando físicamente el soporte. Según relatos posteriores del grupo, el daño alteró de manera irreversible la toma original. Lejos de descartar el material, Scott Burns optó por trabajar sobre esa anomalía mediante edición y decisiones de mezcla, incorporando el error como parte del lenguaje del disco. El resultado fue una textura áspera, irregular y densa que terminó integrándose de forma natural al carácter final de Cause of Death, reforzando esa sensación de masa sonora imperfecta, viva, casi orgánica, que atraviesa todo el álbum. No es extraño, entonces, que hablemos de los umbrales que el disco atraviesa desde su propia materia y densidad, ya que es uno de esos trabajos que pueden escucharse por fragmentos, incluso de forma incompleta, y aun así conservar una identidad absoluta, reconocible de inmediato, capaz de generar un impacto visceral inconfundible.
Paradójicamente, es uno de los discos de death metal más escuchados por gente que no se considera death metalera. Hardcore kids, músicos de sludge, artistas del metal alternativo, incluso oyentes de escenas que históricamente rechazaron el death técnico, encuentran aquí un punto de entrada natural. Esto debería levantar sospechas. Si un disco extremo logra atravesar tantas fronteras sin perder identidad, quizá no sea porque se “mimetiza”, sino porque expone una falla en las categorías. Cause of Death no encaja del todo en el relato clásico del death metal porque introduce una noción que el peso como valor central, incluso por sobre la velocidad, la técnica o la agresión explícita. Ese desplazamiento conceptual es el que permitió que su ADN se filtrara, décadas después, en breakdowns, grooves lentos, afinaciones graves y estructuras repetitivas que hoy damos por sentadas en subgéneros enteros.
Muchos discos del death metal temprano exigen contexto para ser apreciados mientras que él no y ahí está su ventaja, pues no depende del relato de “escena”, ni de la mitología de estudio, ni del momento histórico. Puede ser escuchado hoy, por primera vez, por alguien que jamás pisó el death metal, y seguir funcionando. Esa capacidad —que algunos confunden con simplicidad— es en realidad una forma de universalidad brutal. Pocos álbumes del género pueden decir lo mismo sin perder impacto, mientras el thrash enseñó a acelerar, el death metal enseñó a extremar y aquí Cause of Death enseñó algo mucho más difícil, cuándo no avanzar, cuándo dejar que un riff respire, cuándo repetirlo hasta que deje de ser música y se convierta en presión ambiental. Ese aprendizaje atraviesa escenas completas, desde el hardcore pesado hasta el metal extremo contemporáneo. No como cita directa, sino como forma de pensar el tiempo musical. Y eso es influencia real que no es la que se menciona, sino la que se ejecuta sin saber de dónde viene.
En un género obsesionado con la progresión, la complejidad y la superación técnica, Obituary dejó un recordatorio brutal, grabado en nuestra línea temporal y es que el metal no avanza solo hacia adelante, éste también se hunde, se espesa, se repite hasta volverse inevitable. Puede ir y volver en el tiempo, sobre todo cuando ha logrado incrustarse en diversos subgéneros y mutaciones musicales. Quizá por eso, cuando se rasca la superficie del gusto personal de músicos, periodistas y oyentes experimentados, Obituary siempre aparece. No como la banda más virtuosa. No como la más influyente “oficialmente”. Sino como la que nunca dejó de funcionar. Y en el metal, eso es lo más cercano al éxito, tal como otros estilos suelen buscarlo. Es precisamente en el metal donde las reglas y metas que comúnmente conocemos como estándares de éxito se transforman en algo mucho más complejo. Y es ahí donde lo abstracto y, a la vez, visceral de Cause of Death se destaca y se destacará por siempre, pasen los años o dejen de sonar en vivo.
Y este 2026 cobra una significación especial para quienes respiramos metal: Obituary ha elegido Chile como escenario para celebrar los 35 años de Cause of Death con una mini gira inédita por tres ciudades del país. En febrero, Valparaíso, Santiago y Concepción se convertirán en templos del death metal cuando la banda interprete de forma íntegra —y visceral— este álbum fundamental que ha marcado a generaciones enteras, reafirmando su vigencia no solo como pieza histórica, sino como experiencia viva y compartida en el presente. Las fechas —13 de febrero en Club Segundo Piso (Valparaíso), 14 de febrero en el Teatro Cariola (Santiago) y 15 de febrero en La Bodeguita de Nicanor (Concepción)— prometen ser más que simples conciertos: serán celebraciones de un legado que se rehúsa a morir y que, tres décadas después, continúa perforando cuerpos y conciencias.