Chile tuvo un fin de semana para sacar pecho.
Mientras en Glendale, Arizona, Ignacio “La Jaula” Bahamondes comenzaba una nueva etapa de su carrera dentro de UFC, en Santiago Stephanie Vaquer hacía historia ante un recinto repleto. Dos disciplinas distintas, dos escenarios internacionales y una misma bandera protagonizando una jornada que difícilmente pasó inadvertida.
Bahamondes tenía una tarea particularmente importante. El chileno no estaba debutando en UFC —su recorrido en la compañía comenzó en 2021—, sino que enfrentaba su primer combate en la división wélter, subiendo hasta las 170 libras para medirse con el experimentado Muslim Salikhov.
Y “La Jaula” respondió.
El chileno se impuso por decisión unánime después de tres asaltos y consiguió una victoria que adquiere especial relevancia por tratarse de su estreno en una nueva categoría. Bahamondes dejó atrás el peso ligero para probar suerte en una división más grande y comenzó esta nueva aventura con el resultado que buscaba: una victoria sobre un rival de amplia experiencia internacional.
Pero si en Estados Unidos Chile celebraba una victoria, en Santiago estaba a punto de vivir una verdadera coronación.
Stephanie Vaquer enfrentó nuevamente a Liv Morgan por el Women’s World Championship de WWE, esta vez en el regreso de la compañía a Chile después de siete años. La luchadora nacional no desaprovechó la oportunidad y derrotó a Morgan para recuperar el campeonato mundial femenino.
El triunfo de Vaquer tiene un componente histórico todavía mayor. Se convirtió en el primer cambio de un campeonato mundial de WWE ocurrido en territorio chileno, además de conquistar nuevamente el cinturón frente a su propia gente.
La noche tuvo incluso un ingrediente especial: Becky Lynch actuó como árbitra invitada del combate entre Vaquer y Morgan.
Así, en apenas unas horas, dos de los nombres más reconocibles del combate chileno volvieron a instalar al país en el mapa internacional.
Bahamondes ganó, cambió de división y demostró que todavía tiene mucho que decir dentro de UFC. Vaquer, en tanto, recuperó una corona mundial y lo hizo en casa, ante un público que convirtió su victoria en una celebración colectiva.
No fue el mismo cinturón, ni el mismo deporte, ni el mismo escenario. Pero el resultado tuvo un denominador común: Chile volvió a hacerse escuchar en la elite mundial del combate.
Y esta vez, la bandera chilena llegó por partida doble.
















