Live Review Internacional
Chile TerrorFest Inicia con una Noche Marcada por la Violencia Sónica
La primera noche del Chile Terrorfest partió como suelen partir estos festivales tan peculiares como el metal que contienen, con los primeros asistentes casi perdidos en el vacío del Caupolicán, pero con la promesa latente de que el recinto pronto sería un hervidero. Mayhemic abrió la jornada con una seguridad que solo da el oficio. La banda chilena lleva años acumulando ruido a punta de trabajo constante, desde “No-Life” y “Mortuary Feast of Skeletons” hasta su disco Toba, que los instaló definitivamente en el radar internacional. El setlist fue un golpe tras otro, “Kollarbone Crushed Neanderthal”, “Extinction & Mystery”, “Valley of the Tundra”, “Toba” y “Volcanic Blast”, una descarga que mezcló su identidad blackened thrash con una velocidad feroz que terminó de despertar al público que seguía entrando. Se sintió la seguridad de una banda que entiende su momento y que ya dejó atrás su actitud de telonero para imponer presencia como un plato fuerte.
E-Force tomó el escenario con un giro completo en el ambiente. Eric Forrest cargó todo el peso de su etapa en Voivod, esa era noventera más oscura y densa que muchos consideraban perdida en el tiempo. El show funcionó como una cápsula directa a Negatron y Phobos, un sonido pesado, espacial, grooveado y extraño, más cerebral que visceral, pero sin perder fiereza. El teatro ya tenía cuerpo y ese viaje progresivo, retorcido y metálico cayó preciso en medio de la noche. Forrest mantiene voz, actitud y pulso de líder, y la banda respondió con una presentación sólida, una dosis de memoria que no se sintió nostálgica, sino plenamente vigente como si el paso del tiempo no hubiera avanzado rápidamente. Para muchos asistentes un magnífico reencuentro con una época que dejo de ser lejana por más de una hora de show.
Skeletal Remains llegó para barrer con cualquier respiro o maniobra piadosa. El death metal moderno cargado de técnica, riffs gruesos y sabor clásico tronó fuerte desde el primer segundo, en lo personal una banda que esperaba mucho ver en vivo para corroborar su fiereza y virtuosidad. “Void of Despair”, “Beyond Cremation”, “Relentless Appetite”, “Unmerciful”. Cada tema hundió más al público en un mosh compacto, vibrante pero por sobre un gran numero de atónitos mirando con atención tal despliegue. El sonido fue cavernoso y frío, muy cercano a esa esencia noventera sin reverberación, más bien empujándola hacia adelante como si fuera una mutación casi genética en el ADN de su metal. Hubo momentos donde las guitarras quedaron algo incrustadas en la mezcla y se sintieron como una cierra metálica atravesando el acero, junto a una potencia a cargo de un trigger que no protegió a la batería de los fuertes golpes a los pedales haciendo que el monumental instrumento se moviera en muchas oportunidades, mientras el público respondió como si se tratara de un regreso a casa después de años.
El ambiente ya era un horno cuando llegó Triumph of Death, y desde el primer riff quedó claro que aquello sería un gran viaje al pasado con toques sofisticados en la ejecución. Tom G. Warrior como un necromancer vino a desenterrar a Hellhammer con una crudeza que pocas veces se experimenta en vivo. “The Third of the Storms”, “Massacra”, “Chainsaw”, “Reaper”, una secuencia que encendió una infernal y violenta colisión, de esas que se sienten más como una tormenta que como un golpe organizado. La banda sonó masiva, con un bajo que arrastró al público a un trance primitivo y femíneo dominante. No hubo teatralidad innecesaria o pomposa, solo espíritu, peso, historia y un sonido sorprendentemente claro para material tan cavernoso. Fue una clase magistral de cómo un legado puede seguir vivo sin convertirse en caricatura y continuar cautivando a sus viejas, nuevas y futuras hordas.
La coronación de la noche fue Mayhem, y el Caupolicán lo entendió desde el segundo en que se apagaron las luces y el fondo comenzó a proyectar un recorrido por el universo de la banda, mostrando rostros que provocaban aplausos o abucheos según la historia que cargan; ahí estaban las imágenes de Dead, Euronymous y otros fantasmas del pasado, antes de que los miembros actuales —Attila Csihar en voces, Necrobutcher en bajo, Hellhammer en batería, Teloch y Ghul en guitarras— tomaran control del escenario. Attila, único vocalista vivo de la era dorada, apareció envuelto en su teatralidad espectral, Necrobutcher, bajista original desde 1984 y testigo directo de la formación del género, aportó un peso histórico real, Hellhammer, el baterista más influyente del black metal desde 1988, conservó su precisión imposible y casi perfecta, mientras que Teloch y Ghul empujaron la parte moderna del sonido con solidez demencial. Con esa alineación, el setlist recorrió etapas completas de la banda con naturalidad. Celebrando sus 40 años, y la puesta en escena que habló por sí sola junto a un ambiente ceremonial, más el diseño visual cargado con un aura que transformó el concierto en una inmersión colectiva al inframundo de dos horas. El setlist recorrió épocas enteras con naturalidad, pasando de “Malum”, “Psywar”, “My Death” y “Chimera” a los himnos fundamentales del género: “Freezing Moon”, “Life Eternal”, “De Mysteriis Dom Sathanas”, “Funeral Fog”. Attila fue un espectro movedizo, con un manejo vocal que no necesita explicarse porque traspasa incluso los audios de las grabaciones más humildes. El momento cúlmine llegó cuando Messiah y Manheim se sumaron al encore, un guiño directo a las raíces más primitivas y que a muchos nos remontaron a un episodio que yacía perdido en nuestro tiempo, “Deathcrush”, “Chainsaw Gutsfuck”, “Necrolust”, “Pure Fucking Armageddon”. Fue historia pura ejecutada frente a nuestros ojos y alimentando por completo también nuestros otros sentidos.
La primera jornada del Chile Terrorfest cerró convertida en un documento vivo que pudo brillar más en aspectos logísticos, quizás en una próxima edición podamos disfrutar de stands, aire libre, bar y todo eso que engrandece la experiencia de un Fest. Es así como culminó una noche intensa, nítida y poderosa, donde cada banda aportó un capítulo distinto a un relato común, en que el metal extremo sigue en expansión, y en Chile encuentra terreno fértil para seguir mutando.