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Cynic: ¿por qué el metal progresivo no llega a ser mainstream?

El despertar será máximo este próximo 15 de enero, cuando se presenten junto a Imperial Triumphant en Blondie.

La mala fama del metal progresivo agarra sin piedad a cualquier banda que caiga dentro de dicha categoría: que son fomes, para dormir y hasta la osadía de intentar removerles la etiqueta de metal. Pero ¿Cómo podemos ignorar el hecho de lo Metal, y valga decir entonces, transgresor, que es detenerse a observar y respirar en un mundo que nos insta a avanzar sin pausas ni conciencia interior?

En ese sentido, la música de Cynic nos obliga a posicionarnos en un estado de trance espiritual desde el primer segundo hasta el último minuto. Formados en Miami, Estados Unidos, en 1987, supieron respetar y escuchar cuando el silencio fue necesario, tomándose una pausa desde 1994 hasta 2007, donde retomaron y se mantuvieron activos hasta la actualidad. Sus canciones más populares en Spotify hablan de lo poco que el ser humano conecta con la idea de conectar consigo mismo; apenas 1.000.000 de reproducciones en temas con títulos que evidentemente invitan a reflexionar.

El estado de trance se define como una alteración de la conciencia caracterizada por una atención muy focalizada, relajación profunda y una percepción modificada del entorno, donde la persona se siente como un observador externo de sí. Una de las canciones más populares de Cynic es Veil of Maya, de su disco Focus (1993), con una melodía etérea y atrapante, el “Velo de Maya” hace referencia a un término de origen hindú, que describe la ilusión cósmica que oculta la verdadera naturaleza de la realidad, haciendo que el mundo fenoménico parezca real y separado, en lugar de una manifestación de una realidad divina o espiritual subyacente. En otras palabras, se le conoce coloquialmente como la “matrix“, la —teórica— ilusión de que este mundo no es más que una falsa visión, un velo que esconde lo que somos realmente como seres divinos, partículas cósmicas y parte de un universo en constante expansión.

De ahí que Cynic con su propuesta musical, y cualquier otra banda que busque en el progresivo un encuentro más allá de lo tangible (como Tool), esté lejos de ser música aburrida, sino un manifiesto de lo dormidos que estamos como para creer que somos la única vida, —y aún con la audacia de llamarnos así—, inteligente que existe en todo el universo. Las melodías de Cynic son puertas abiertas que no saturan con letras, el mensaje está en lo que no se dice, en la pausa entre las notas, en el silencio que se esconde entre los compases. Para realmente oír, hay que silenciar y pausar la realidad un momento.

Ello genera, más aún hoy, donde la sobreestimulación y falsa conectividad a través de las redes sociales, un rechazo total hacia este tipo de música. Hablamos de canciones y álbumes con títulos como “Códigos de Ascensión“, “Activación del ADN“, “Arquitectos de la Conciencia“, “En un multiverso donde los átomos cantan“, “Nacimiento Integral“, entre otros, en los que la mirada va hacia dentro, y no hacia afuera, como es común en el metal, donde la crítica va al exterior, a los gobiernos, a la parte oscura de los humanos, a las multinacionales sin ética, pero siempre hacia alguien más.

Cynic, por su parte, releva ese mensaje hacia nosotros mismos, a descubrir qué hay por dentro, entre el silencio y la pausa que nunca nos permitimos darnos, que el sistema no nos permite otorgarnos, en el que su manera de enviar el mensaje, para aquellos a los que les llegue, es a través de su arte. Un arte que, para aquellos que viven desconectados de sí y viven en automático, son para dormir, cuando en realidad, la música de Cynic llama a despertar. Y eso no puede sostenerse en lo mainstream, que se alimenta, crece y vive desde la falta de conciencia interna que nos permitiría, eventualmente, reconocer la farsa en la que vivimos. Así que se mantiene oculto, bajito, resonando exactamente con quienes debe hacerlo.

El despertar será máximo este próximo 15 de enero, cuando se presenten junto a Imperial Triumphant, unos vanguardistas que llaman a despertar desde otra arista: dejar de glorificar al gigante norteamericano con su falso velo de libertad. Será una instancia para mirar desde otros ojos, para observar y detenerse, realmente, a contemplar y escuchar, sin distracciones, en una pausa permitida de lo que será este concierto de lujo cósmico y artístico. Entradas aquí.

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