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De Francia a Chile: LANDMVRKS convierte su debut en un encuentro que trasciende las distancias

“Más que una fecha de paso, el debut dejó una primera impresión difícil de ignorar”.

Nota: thereisah3ll | Fotos: sebastiandominguez.photo

La primera visita de LANDMVRKS a Chile terminó superando cualquier expectativa que pudiera existir antes de su llegada. La Sala Metrónomo recibió a la banda francesa con una convocatoria que sorprendió incluso a sus propios integrantes, quienes durante la jornada hicieron referencia en varias ocasiones a la distancia recorrida para llegar hasta este lado del mundo y a la cantidad de personas que tenían frente a ellos.

Con Florent Salfati, Nicolas Exposito, Paul Cordebard, Rudy Purkart y Kévin D’Agostino sobre el escenario, “Creature” abrió una presentación que prácticamente no tuvo tiempo para tomar aire. Los primeros coros llegaron desde la cancha y, casi al mismo tiempo, comenzaron los primeros mosh. Lo que siguió durante los primeros minutos confirmó que la recepción no sería precisamente discreta.

“Death”, “Blistering” y “A Line in the Dust” continuaron por el mismo camino, hasta que “Sulfur” llevó las cosas a otro nivel. Flo pidió dividir la cancha en dos y, después de unos segundos de espera, dio paso a un wall of death que ocupó buena parte del recinto. Desde fuera de la acción, la escena resultaba difícil de pasar por alto: dos sectores enfrentados y, en cuestión de segundos, todo nuevamente convertido en movimiento.

La voz también tuvo su propio espacio dentro del espectáculo. En “Say No Word”, Salfati alternó sus registros con las partes más rápidas de la canción mientras los asistentes seguían cada palabra. “Scars”, en cambio, permitió bajar un poco la intensidad del mosh. Flo aprovechó esa pausa para pedir que todos saltaran lo más alto posible, consiguiendo que la cancha siguiera en movimiento, aunque de una manera distinta.

“Suffocate” volvió a cambiar el tono. La canción comenzó con Flo en solitario, en formato acústico, hasta que el resto de la formación se incorporó y llevó el tema nuevamente hacia su versión más pesada. Poco después llegó uno de los momentos más particulares de la noche con “La valse du temps”. Algunos asistentes acompañaron sus primeros compases con pequeños pasos de vals, una imagen bastante alejada de los círculos que se habían formado minutos antes.

Ese contraste también permitió apreciar el trabajo de los cinco músicos. Mientras Salfati asumía buena parte de la interacción con quienes estaban frente a él, Exposito y Cordebard sostenían las guitarras, Purkart marcaba el bajo y D’Agostino mantenía el pulso desde la batería. En “Requiem”, los cambios entre voces limpias y guturales volvieron a poner a prueba la presentación, sin que la banda perdiera precisión en el camino.

El apartado técnico acompañó a la altura. El sonido permitió distinguir los distintos instrumentos y las luces fueron cambiando junto con los pasajes del espectáculo, tomando mayor presencia durante el cierre. El trabajo conjunto desde ambos lados de la consola terminó siendo un aporte que muchas veces pasa desapercibido cuando todo funciona como debe, pero que en una presentación de estas características resulta fundamental.

La recta final encontró a la Sala Metrónomo nuevamente en pleno movimiento. “Lost in a Wave” desembocó en “Rainfall” y el cambio entre ambas volvió a desatar un mosh que parecía no tener intención de detenerse. A esa altura, el intercambio entre la banda y quienes estaban en la cancha ya funcionaba prácticamente por cuenta propia: una señal desde el escenario y la respuesta llegaba desde abajo.

“Blood Red”, “Requiem” y “The Darkest Place I’ve Ever Been” mantuvieron el tramo final en lo más alto. En “Requiem”, especialmente, los cambios entre voces limpias y guturales volvieron a poner a prueba a Florent Salfati, quien pasó de un registro a otro con una precisión que se hizo notar, incluso en los pasajes más exigentes. La banda, mientras tanto, sostuvo cada uno de esos cambios sin perder el pulso de la presentación.

“Self-Made Black Hole” puso el punto final al repertorio, aunque LANDMVRKS todavía tenía tiempo para despedirse. “Everytime We Touch”, comenzó a sonar mientras los integrantes permanecían sobre el escenario, repartiendo uñetas, baquetas y saludando a quienes habían acompañado la jornada. Las luces terminaron de convertir esos últimos minutos en una celebración antes de abandonar el escenario.

La historia no terminó con la última canción. Afuera de la sala, todos los integrantes volvieron a acercarse a los seguidores que todavía esperaban. Fotografías, firmas en vinilos y CD y más uñetas repartidas extendieron la despedida un poco más.

Quizás ahí estuvo una de las mejores postales de la primera visita de LANDMVRKS a Chile. La banda llegó desde Francia, después de recorrer distintos escenarios de Latinoamérica y de presentarse habitualmente en festivales de gran escala, pero encontró en una sala de Santiago un público que respondió desde el comienzo y una noche que los propios integrantes parecieron disfrutar tanto como quienes estaban frente a ellos.

Más que una fecha de paso, el debut dejó una primera impresión difícil de ignorar. LANDMVRKS conoció de cerca a un público que llevaba tiempo esperando tenerlos en Chile y, por su parte, los franceses dejaron la sensación de haber encontrado aquí un lugar al que valdría la pena regresar.

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