Destacado
El riff primordial: Gustav Holst y su relación con el génesis del heavy metal
Pocas personas imaginan que una de las obras más influyentes para el heavy metal fue escrita más de medio siglo antes de que existiera Black Sabbath. Sin guitarras eléctricas, sin amplificadores y sin una sola nota de distorsión, Gustav Holst compuso una pieza que cambiaría para siempre la forma de entender la música pesada, aunque él jamás llegaría a saberlo.
La historia comienza entre 1914 y 1916, mientras Europa se precipitaba hacia la Primera Guerra Mundial y en esos mismos años, Holst trabajaba en The Planets, una suite orquestal inspirada no en la astronomía, como suele creerse, sino en el simbolismo astrológico de cada planeta. El primero de sus movimientos, Mars, the Bringer of War, no pretendía glorificar las batallas, sino retratar la naturaleza implacable de la guerra, su avance inevitable y la sensación de terror que deja a su paso. Más de un siglo después, basta escuchar sus primeros compases para comprender por qué tantos músicos de rock y metal quedaron fascinados con aquella composición. Sobre un ritmo irregular en 5/4, Holst construyó una marcha obsesiva, cargada de tensión, donde los metales y la percusión parecen empujar al oyente hacia un campo de batalla. No hay heroísmo ni romanticismo, solo una fuerza oscura que avanza sin detenerse.
Lo sorprendente es que muchos de los recursos presentes en Mars terminarían convirtiéndose, décadas más tarde, en pilares fundamentales del heavy metal. Allí ya aparecen figuras repetitivas que funcionan como verdaderos riffs, enormes contrastes dinámicos, armonías cargadas de disonancia y una sensación de peso que resulta increíblemente moderna para una obra escrita a comienzos del siglo XX. Entre esos elementos destaca el uso del tritono, conocido históricamente como diabolus in musica. Durante siglos fue considerado un intervalo incómodo por la tensión que genera y, con el tiempo, terminó transformándose en uno de los recursos favoritos del heavy metal. Holst lo utilizó para representar el horror de la guerra, pero sin proponérselo estaba escribiendo uno de los sonidos que décadas después identificarían al género.
La conexión con Black Sabbath tampoco pertenece al terreno de las especulaciones. Geezer Butler ha contado en diversas entrevistas que era un admirador de The Planets y que, durante un ensayo, comenzó a tocar fragmentos de Mars. Aquella idea llamó la atención de Tony Iommi, quien tomó esa atmósfera amenazante y la transformó en el riff de “Black Sabbath”, la canción que muchos consideran el punto de partida del heavy metal. No se trató de copiar una melodía, sino de adoptar un lenguaje musical que fue creado por la humanidad hace décadas atrás . Iommi encontró en Holst una manera distinta de construir tensión, utilizando el peso del ritmo, la oscuridad del tritono y la repetición hipnótica como herramientas expresivas. Lo que había nacido como una obra sinfónica terminó encontrando una nueva vida en las guitarras eléctricas de Birmingham. La influencia de Holst, sin embargo, no terminó allí. King Crimson adaptó directamente Mars en “The Devil’s Triangle”, mientras que Diamond Head recogió parte de ese mismo espíritu compositivo en “Am I Evil?”, canción que años más tarde sería inmortalizada por Metallica y se convertiría en una referencia obligada para el thrash metal. Incluso fuera del rock, la huella de The Planets puede rastrearse en compositores de cine como John Williams, cuya escritura para Star Wars ha sido comparada en numerosas ocasiones con la monumentalidad orquestal de Holst.
Todo esto demuestra que la influencia de Gustav Holst va mucho más allá de la música clásica. Su forma de entender la tensión, el ritmo y la construcción dramática terminó filtrándose en géneros que jamás pudo imaginar, convirtiéndose en un puente entre la orquesta sinfónica y el metal más pesado. Sería exagerado afirmar que Holst inventó el heavy metal. La historia del género es mucho más compleja y está construida por innumerables influencias provenientes del blues, el hard rock y la psicodelia. Sin embargo, resulta igualmente difícil ignorar que muchas de las herramientas musicales que hoy asociamos al metal ya estaban presentes en Mars medio siglo antes de que Ozzy Osbourne pronunciara la primera palabra de “Black Sabbath” y quizas esa sea la mayor grandeza de Gustav Holst, que sin buscarlo escribió una obra capaz de atravesar el tiempo e inspirar a algunos de los músicos más importantes del siglo XX para demostrar que, mucho antes de que existieran los amplificadores y la distorsión, el sonido de lo oscuro ya había materializado su melodía en una orquesta sinfónica.