Internacional
Entre maldiciones y blast beat: Nile sacude el Teatro Cariola
Una jornada dedicada al metal extremo nacional e internacional.
Texto: @jeff.qlo / Fotografías: @brutal_pebre_
El Teatro Cariola volvió a transformarse en el epicentro de una jornada dedicada al metal extremo. Un recinto que a lo largo de los años ha visto pasar innumerables rituales sonoros, pero que esta vez se preparaba para recibir una descarga particularmente densa con la llegada de Nile, una de las agrupaciones más influyentes del death metal técnico, famosa por convertir la historia, la mitología y el imaginario del Antiguo Egipto en un torrente musical brutal y erudito.
Pero antes de que las maldiciones faraónicas descendieran sobre el escenario, la noche tenía preparada una sólida antesala de bandas nacionales que fueron calentando el ambiente con distintas vertientes del metal extremo.
Los primeros en salir fueron Gravered, quienes con un death metal de vieja escuela lograron encender rápidamente al público que comenzaba a llenar el recinto. Su presentación destacó por una ejecución sólida y muy bien trabajada técnicamente. Las guitarras sonaban afiladas, con estructuras que evocaban claramente el espíritu de los años noventa, mientras la base rítmica mantenía un pulso firme y pesado. Hubo precisión en cada cambio, riffs que respiraban la tradición del death metal clásico y una banda que se notaba cómoda sobre el escenario, sabiendo exactamente cómo abrir una noche de este calibre.
Luego llegó el turno de Primitivo, quienes elevaron considerablemente la intensidad. Su propuesta, cargada de thrash death metal, trajo a la memoria el salvajismo y la velocidad de bandas como Morbid Saint. Desde los primeros compases quedó claro que su objetivo era empujar al público a un estado de constante movimiento. Los riffs veloces, casi vertiginosos, se entrelazaban con secciones más pesadas que mantenían la tensión en alto. Fue una presentación dinámica, llena de cambios de ritmo y energía cruda, donde el público comenzó a reaccionar con mayor intensidad. Algunos círculos de mosh empezaban a formarse tímidamente, señal de que la noche ya estaba entrando en su verdadero terreno.
La tercera descarga vino de parte de Cadaverous Incarnate, quienes trajeron consigo un brutal death metal cargado de violencia sonora y con evidentes toques de Slam. Las afinaciones bajas, los golpes demoledores de batería y las voces cavernosas hicieron que el Teatro Cariola literalmente retumbara. El público que se encontraba frente al escenario no tardó en reaccionar, el mosh se encendió con mayor intensidad, empujones, cabeceos y una energía que reflejaba perfectamente el espíritu del género. Su presentación fue brutal, compacta y muy efectiva para terminar de preparar el terreno para lo que vendría después.
Con el ambiente ya cargado y expectante, finalmente llegó el momento de la banda principal. El escenario quedó momentáneamente en penumbra mientras comenzaban a escucharse sonidos ambientales que evocaban un mundo antiguo y misterioso. Cánticos, atmósferas oscuras y texturas sonoras que parecían sacadas de un templo olvidado empezaron a llenar el recinto.
En medio de esa atmósfera apareció primero George Kollias, tomando posición tras la batería. Su sola presencia bastó para provocar una reacción inmediata del público. Kollias, reconocido mundialmente por su técnica devastadora, comenzó a probar los tambores con golpes secos y precisos que ya anticipaban la tormenta que se venía.
Cuando finalmente salió el resto de Nile, el Teatro Cariola explotó en una descarga de velocidad y tecnicismo. Las guitarras comenzaron a lanzar riffs intrincados, llenos de cambios de compás, escalas exóticas y una precisión quirúrgica que caracteriza el estilo de la banda. La batería de Kollias, por su parte, destruía todo a su paso, blasts beat inhumanamente rápidos, doble bombo constantes y unos tímpanos adoloridos al otro día.
Sin embargo, algo también quedó en evidencia durante el show, el Teatro Cariola no siempre lograba contener adecuadamente el nivel de estruendo que genera una banda como Nile. En varios momentos el sonido se saturaba o reventaba, producto de la intensidad y la velocidad con la que la banda ejecuta su música. Pero lejos de opacar la experiencia, esto terminó siendo casi parte del caos sonoro que define al death metal más extremo.
A pesar de esos detalles técnicos, la respuesta del público fue contundente. El mosh se mantuvo activo durante buena parte del concierto y la gente coreaba, levantaba los puños y celebraba cada cambio de ritmo con entusiasmo. Para muchos asistentes era también una especie de revancha de ver nuevamente a la banda, después de quienes se la perdieron en su paso anterior por eventos como el Metal Fest Chile.
Al final de la noche quedó la sensación de haber asistido a una ceremonia para conjurar a los grandes ancestros donde el death metal se hizo notar , en sus formas más técnicas y brutales, tomó el escenario del Teatro Cariola y lo transformó en un templo dedicado a la velocidad, la oscuridad y la historia antigua convertida en sonido.