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Chile

Live Review | CAMILA MORENO: Un acto Ritual

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25 de junio 2016 | Teatro La Cúpula

Review: Freddy Veliz | Fotos: © Cristian Carrasco

Este sábado 25 de junio, La Cúpula del Parque O’Higgins recibió a la cantante y compositora chilena Camila Moreno, quien se despide temporalmente de los escenarios celebrando el primer aniversario de su última y elogiada placa Mala Madre. La artista triunfadora de los premios Pulsar 2016, prometió un show extenso, y así mismo lo cumplió.

Una veintena de canciones que fundadas principalmente en Mala Madre, mostraron la actual posición artística de Camila.

Puntualmente a las 21:00 horas y luego de una oscura introducción la banda aparece sobre el escenario junto a la cantante que en un estado de catarsis, envuelta en un túnica blanca nos introduce en “Libres y Estúpidos”, una puesta en escena que impacta con luces láser, y una gran pantalla de fondo en donde se fueron reproduciendo imágenes que daban una ambientación de tintes sicodélicos, o simplemente en colores planos donde las siluetas de los músicos contrastaban definiendo sus movimientos mientras Camila con la pasión interpretativa que la caracteriza, nos lleva por un recorrido musical que fluye por distintos terrenos estilísticos que a estas alturas hacen imposible encasillarla.

El concierto esta desarrollado de manera conceptual, acorde a lo que Camila nos presenta en Mala Madre.  Acompañada de tres bailarines que en modo de danza ritual se transforman en protagonistas en “No Parar de Cerrar”, la elevan y es trasladada por todo el escenario en un acto ceremonial. El embarazo de la cantante no es impedimento para que ella siga derrochando energía, salte, baile y exprese versos con ira y desgarro, presentes en gran parte de su obra. Explota al máximo su inquietud creativa que se subraya en sus presentaciones en vivo, donde no se dejan cosas al azar. Si nos remontamos a sus años de Almismotiempo, podemos apreciar el crecimiento a nivel musical y de producción. Su evolución es palpable.

“Raptado”, “Piedad”, “Esta Noche o Nunca” (Con Tomás Preuss de la banda Prehistóricos como invitado), “Pera” o “Te Quise” fueron parte de un primer segmento en que los samplers, guitarras eléctricas, percusiones, loops generan canciones cargadas de intensidad y atmósferas envolventes, dan paso a que la banda completa se traslade a un costado del escenario en un rincón de la galería, junto a un coro que al igual que Camila visten túnicas blancas para presentarnos una sección totalmente desenchufada. La cantante es acompañada por (Me Llamó) Sebastián en cortes como “Delfín del Deseo”, “Sabré si al Final”, “Ay” y Caer”. Una vuelta a lo primigenio, a los sonidos con los que en un comienzo se identificó a la artista, que siempre ha sentido la necesidad de desmarcarse del sonido con el normalmente se le asocia, metiéndola en el mismo saco de artistas con los que comparte generación (Gepe, Chinoy, Javiera Mena, etc.). Un set que atribuyó dinamismo a la puesta en escena, un respiro entre los recursos tecnológicos que la Moreno explota actualmente.

De vuelta al escenario principal con “Bathory” seguida del single “Tu Mamá te Mató” y la mas introspectiva “Sin Mi”, Camila se refiere a nuestros ancestros, al momento del conjuro, el momento del ritual, el momento del propósito, conceptos que engloban este concierto, repleto de simbologías y sensaciones que nos adentran en ese oscurantismo del que se inspira en Mala Madre, el de las mujeres perseguidas en los tiempos de la Santa Inquisición acusadas de ser brujas. Pero más allá de esa analogía, Camila se remonta a nuestros pueblos originarios, la cultura Selk’nam, Kawesqar y Yamanes para invitar al escenario a Pancho Sazo, la experimentada voz de Congreso, que en medio de los aplausos instantáneos del público comienzan uno de los minutos más intensos de la jornada con la interpretación de “Yo enterré a mis Muertos en Tierra” del disco Panal (2012), canción inspirada en la dirigente Pehuenche María Curriao. Con imágenes de simbología indígena proyectadas en la pantalla, la iluminación en constante movimiento, y una masa sonora que fusiona lo electrónico, lo acústico y percusión tribal, dejan sin respiro. El trabajo de Camila Moreno ha ido enriqueciéndose con el pasar de los años, es sólido, identitario, podemos visualizar influencias a las ya muchas veces referidas Björk o Pj.Harvey, pero también ha mutado hacia elementos industriales, no pude abstenerme de asociar muchos pasajes de este show a Nine Inch Nails. Eso por el lado anglo, porque bien sabemos el arraigo de la cantante con nuestro folclore, que se ha hecho menos obvio en su última obra, pero no deja de estar presente.

Al final el show se transformó en una real  fiesta ritual, en medio del tema “Máquinas sin Dios”, con el grupo coral y de baile, más algunas personas del público sobre el escenario. Una ceremonia litúrgica de dos horas y media, donde lo pagano, el despecho, la ira por las injusticias, el dolor del espíritu y la sanación, las culpas, los conjuros, se  unifican en medio de sonoridades trabajadas con pulcritud y una gran carga de pasión. Camila Moreno es hoy por hoy una de las artistas más importantes de nuestro país, y quedó extensamente ejemplificado en este concierto con el que esperamos sea una despedida para reagrupar ideas, experiencias e inspiración para que más pronto que tarde vuelva a seguir sorprendiendo.

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Noticia publicada por el área editorial.

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