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Conciertos

LIVE REVIEW | MESHUGGAH en Chile: Brutalidad, calidad y perfección

Foto: Ignacio Galvez

MESHUGGAH EN CHILE

12 DE NOVIEMBRE 2013 | TEATRO CAUPOLICÁN

Por Freddy Véliz

 

 

Foto: Ignacio Galvez

Foto: Ignacio Galvez

Deuda saldada y con creces, es lo que podemos afirmar luego de lo que vivimos este  12 de Noviembre en el Teatro Caupolicán, sí, porque MESHUGGAH se había convertido a estas alturas en una de las bandas más esperadas dentro de los fanáticos del metal extremo y técnicamente superior , una banda que no es de gustos masivos, pero que con más de 20 años de trayectoria ha cultivado un fiel séquito de seguidores alrededor del planeta, Chile no es la excepción, y así quedó demostrado en la ansiedad provocada en los más fanáticos una vez se confirmó esta primera visita de los escandinavos por tierras sudamericanas.

A las 21:00 horas de este martes especial dentro de la cartelera de conciertos en Chile, donde el Estadio Nacional recibía a una de los estrellas del pop más exitosos de la actualidad, y el Movistar Arena se teñía de sonidos indie en un festival dedicado al género, en el Caupolicán se apagaban las luces y comenzábamos a vivir una de las experiencias más increíbles que se puedan haber experimentado en un concierto de metal en Chile. No quiero  sobredimensionar lo ocurrido, pero MESHUGGAH desde el primer segundo, desde la primera nota de “Swarm” fue perfecto. Es inútil intentar descifrar  o interpretar en estas líneas lo que realmente se vivió en esa hora y veinte minutos que duró  el concierto, demasiado breve dirán algunos, pero es tal la intensidad que desarrolla la  banda de Kidman, Thordental y compañía en ese periodo de tiempo, que es mejor que así sea, porque es tan descomunal su demoledora puesta en escena, que más de alguien podría salir con secuelas.

Con una precisión metronómica la música avanza por complejos pasajes rítmicos que crean una especie de catarsis hipnótica desde el escenario. Mientras se sucedían piezas magistrales como “Combustion”, “Rational Gaze” u “Obzen” algunos se quedaban estáticos  y otros intentaban seguir con sus cabezas la polirritmia que desatan los suecos en cada una de sus composiciones. Es imposible determinar o descifrar un género específico en la creación de Meshuggah, porque si bien hay elementos del thrash y el Death Metal, también hay estructuras progresivas, elementos del jazz, e incluso por momentos generan trances y atmósferas muy al estilo de los alemanes Kraftwerk.   Meshuggah conjuga cada uno de esos elementos y logra crear un estilo tan propio, que al sentirlo en vivo, no queda más que hacer una reverencia, caer de rodillas y reconocer que posiblemente son los únicos que le dieron un vuelco real al metal a partir de los noventas, al renovarlo y llevarlo a otros niveles. Ellos no suenan a Metallica, no suenan a Death, tampoco a King Crimson (a pesar de que se delatan en “Dancers to a Discordant System”) ni a la Mahavishnu Orchestra, hay ideas de las que se alimentan, pero el resultado final definitivamente es Meshuggah, no hay más. La banda suena como nadie, ayudados claro está de nuevas tecnologías digitales que ayudan a que el sonido roce la perfección, no existen baches, y si así hubiese sido, fueron imperceptibles.

Koloss y Obzen fueron los discos de los que predominaron temas en el set (cinco cortes cada uno), dejando fuera el solicitado Destroy Erase Improve de 1995. Pero nada opacó una presentación brutal y fenomenal, donde el público ovacionó impresionando notoriamente a Jens Kidman, que en algún momento fue en busca de una cámara para registrar el minuto.

Por otro lado Tomas Haake nos golpeaba con su sincopada performance desde la batería, sonaba tan poderoso que sentíamos la vibración  del doble bombo en cada punto de nuestros cuerpos, quiebres y veloces patrones marcan el estilo del músico, base esencial en la impronta rítmica de Meshuggah.

Thordental y Hagström a través de una densa masa de riffs redoblan con matemática intensidad cada corte, desde ese muro

Foto: Ignacio Galvez

Foto: Ignacio Galvez

sonoro emergen afilados solos que calan en nuestros oídos con admirable fluidez.

Jens Kidman, al frente de este coloso escandinavo, motiva con sus brazos a que el público alce la voz y levante los puños, salten en una cancha convertida en un mar de características magallánicas, el frontman llega a límites vocales extremos. “I’Am Colossus”, la celebrada “Bleed” y “Demiurge”, siguen azotando nuestros sentidos, y Lövgren aplica marcado peso desde el bajo.

Repasando el esencial Chaosphere (1998) con “New Millenium Cyanide Christ” y Obzen con la crimsoniana “Dancers to a Discordant System”, llegamos al turno de visitar una de sus mejores obras, del tremendo Catch Thirty-Three del 2005, se extraen “Mind’s Mirrors” y el doblete “In Death- Is Life” e “In Death – Is Death”, y así MESHUGGAH se retiraba del escenario, en un debut soñado por la fanaticada chilena. El público quería más, y los gritos pidiendo a la banda de vuelta no se detenían, los suecos vuelven con una bandera chilena y se fotografían junto a los que aún se negaban a salir del recinto, se despiden y nadie se quería convencer de que el viaje había terminado, por unos 15 minutos el público se mantuvo dentro del teatro con la esperanza de que Kidman y compañía nos dieran una bofetada más, pero el ritual no tenía considerado más extras, y tuvimos que convencernos que todo llegaba a su fin. Una noche en que fuimos testigos del poder que puede generar la música cuando además de lo visceral, es ejecutada a la perfección, todo enmarcado entre telones con la imaginería plasmada en la carátula de Koloss, el disco que motivó esta gira y bajo una iluminación que no dejó detalles al azar, y nos cubrió de una atmósfera llena de matices y destellos que complementaban la voluptuosa y agresiva propuesta escandinava.

Este año ha sido generoso en la calidad de los shows, entre lo más esperado tuvimos a Devin Townsend en una potente y elaborada actuación en The Metal Fest, dejando una vara muy alta para los que vendrían, luego la semana intensa de metal con Iron Maiden y Black Sabbath en memorables conciertos masivos. Antes el Caupolicán albergó a la dupla Anthrax – Testament y la demoledora actuación de Canníbal Corpse, entre otras grandes e importantes visitas, todas de un nivel que pueden pelear un cetro dentro de lo mejor del año dentro del género, pero me arriesgo a afirmar que lo de Meshuggah no tiene rival en este recuento, la banda que redefinió el camino del metal en los 90s, generando el origen de un nuevo subgénero que los medios han intentado inútilmente  definir como experimental, avant garde, djent, math, prog, etc., demostró que están un paso adelante, es inútil buscar algún defecto a lo experimentado la noche de ayer, buscar en la falta de canciones o lo breve del concierto sería odioso y un craso error. Si bien el teatro no copó su capacidad como muchos quizás imaginaron, si pudo albergar una gran cantidad de público, pensando en que la banda no es de gustos extremadamente masivos. Una actuación que sin dudas quedará grabada en nuestras retinas por mucho tiempo.

El colosal quinteto sueco define el metal de hoy, y lo más probable, si mantienen su capacidad creativa,  lleguen a definir el metal de mañana.

Fotos: Ignacio Galvez

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Noticia publicada por el área editorial.

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