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Chile

Lollapalooza Chile 2026, Día I: inicio de una edición que vuelve a su origen

Ayer comenzó la fiesta de Lollapalooza Chile 2026, y lo hizo con uno de los regresos más esperados por el público: el retorno a su hogar histórico, el Parque O’Higgins. Desde muy temprano, miles de asistentes comenzaron a llegar al parque para ser parte de esta nueva edición, llenando senderos, explanadas y accesos con la ansiedad propia de quien sabe que está a punto de vivir tres días de música, encuentros y descubrimientos. Así, entre poleras de bandas, reencuentros entre amigos y el pulso creciente de los primeros escenarios encendiéndose, comenzó a desplegarse una vez más la enorme maquinaria cultural que convierte a Lollapalooza en mucho más que un festival: una verdadera experiencia musical que transforma la ciudad.

En el Banco de Chile Stage la jornada comenzó con el golpe directo al mentón que significó la aparición de Dracma. Bajo un sol sofocante y frente a un público fiel, aperrado y dispuesto a todo, la banda desató la primera descarga del día con Verte Morir, encendiendo a una audiencia que no tardó en cantar, saltar y responder cada riff con una intensidad que pocas veces se ve tan temprano en un festival. La energía se mantuvo en alto con Chilenada, para rematar con Hijo de Puta, un cierre filoso y visceral que cayó como un verdadero mazazo, dejando al rock chileno más que bien parado en esta jornada.

Y como si el impulso no quisiera detenerse, el buen rock nacional continuó su avance cuando Cleaver tomó el Alternative Stage. Con un show de rock directo a la vena, la banda desplegó una presentación de impecable factura técnica y sólida interpretación, demostrando por qué se han transformado en uno de los nombres más consistentes de la escena. Acompañados por su inseparable mascota Vito, dispararon riffs pesados, melodías cargadas de ADN post-grunge y una intensidad que no dio respiro, manteniendo al público completamente conectado con cada golpe de guitarra y cada estallido del escenario.

Las mexicanas The Warning encendieron el Cenco Stage con un show que hizo saltar a un público rockero y mayoritariamente joven que llegó no tan efusivo como se esperaba, quizás las altas temperaturas provocaron que frente al escenario no se desatara la euforia. Con un carisma arrollador y un groove cada vez más sólido, el trío fue desplegando parte de su arsenal con canciones como MORE y EVOLVE, demostrando por qué se han convertido en una de las bandas emergentes más comentadas del hard rock actual. Uno de los momentos más celebrados llegó cuando sorprendieron con una versión del clásico El Baile de los que Sobran de Los Prisioneros, hito que lamentablemente no se ovacionó con la energía que merecía. Fue un set cargado de energía, cercanía y constante comunicación con la gente, que respondió con saltos, coros y una devoción que se sintió plana pero que esperamos tenga otra oportunidad para redimirse en el futuro.

Minutos después, los británicos Bad Nerves tomaron el relevo con un show directo y explosivo, fiel a su ADN sonoro. Con guitarras afiladas, ritmos vertiginosos y un pulso punk que atraviesa cada riff, la banda desplegó una descarga de canciones cortas, intensas y contagiosas que mantuvieron al público en movimiento permanente. La energía del grupo se transmitió sin filtros hacia la audiencia, que respondió con entusiasmo absoluto, saltando y coreando sin que el calor ni ningún otro distractor lograra disminuir la intensidad del momento. Fue otro de esos pasajes del festival donde la electricidad del rock se vuelve colectiva y el cansancio simplemente deja de existir.

Ayer quedó claro que Gepe es, desde hace años, un número seguro dentro de la música chilena. Su nombre ya no solo convoca, sino también garantiza un encuentro colectivo donde la gente llega sabiendo que va a cantar de principio a fin. Con una audiencia completamente entregada, su presentación se transformó en un coro masivo donde cada canción fue celebrada, confirmando por qué se ha consolidado como uno de los actos más transversales y convocantes del país. Mientras tanto, en el Lotus Stage, la intensidad tomó otra forma cuando Consecuence of Energy sorprendió con un recinto repleto que respondió con entusiasmo a su propuesta. El power trio desplegó un rock/metal moderno de gran precisión técnica y contundencia sonora, con pasajes que alternan fuerza y atmósfera, logrando esa clase de impacto que se siente bajo la piel. Un show que confirmó que su crecimiento no es casualidad, sino el resultado de una propuesta sólida que cada vez seduce a más oídos. La jornada de ayer en Lollapalooza Chile 2026 dejó también momentos tan distintos como memorables, confirmando que el festival sigue siendo un espacio donde conviven mundos musicales y sensibilidades completamente opuestas, pero igualmente intensas.

Los suecos Viagra Boys protagonizaron uno de los sets más deslenguados y políticamente cargados del día. En medio de su esperado debut sudamericano, el vocalista Sebastian Murphy convirtió el escenario en una especie de tribuna punk y entre canciones, lanzó consignas contra el fascismo y dedicó duros insultos al presidente José Antonio Kast, lo que encendió inmediatamente a un público que respondió con gritos, aplausos y cánticos espontáneos. El momento no tardó en viralizarse en redes sociales, sumándose a la reputación de la banda de transformar cada presentación en un acto tan caótico como irreverente, donde el sarcasmo y la crítica social forman parte inseparable de su propuesta musical.

En un contraste casi absoluto, Interpol ofreció uno de esos conciertos que parecen suspendidos en el tiempo. Sin necesidad de estridencias ni discursos, el cuarteto construyó una presentación sobria, elegante y profundamente hipnótica, donde cada guitarra reverberante y cada línea de bajo envolvieron al Parque O’Higgins en una atmósfera oscura y contemplativa. Fue un set que se sintió casi litúrgico, con el público sumergido en ese sonido melancólico que la banda ha perfeccionado durante más de dos décadas, confirmando por qué siguen siendo una referencia ineludible para varias generaciones de seguidores.

Y en otro rincón del festival ocurrió uno de los momentos más transversales de la jornada. 31 Minutos transformó su presentación en una celebración colectiva donde la nostalgia, el humor y la música se mezclaron con una naturalidad desarmante. Miles de personas —niños, adultos y fanáticos que crecieron con el programa— cantaron cada canción como si fuera un himno, desde los clásicos más absurdos hasta los más entrañables. Entre risas, sátira y una conexión total con la gente, el espectáculo dejó claro que el fenómeno cultural de 31 Minutos sigue más vivo que nunca. La sensación que quedó flotando entre los asistentes fue compartida por muchos, un show con esa convocatoria y ese nivel de euforia perfectamente podría (y debería) haber ocupado uno de los escenarios principales del festival.

Lollapalooza Chile se vive de principio a fin, con experiencias, compañía y siempre junto a muy buena música, en lo que marca el inicio de un fin de semana que promete postales inmortales.

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Noticia publicada por el área editorial.

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