Live Review Internacional
My Chemical Romance: nostalgia, distopía y un espejo incómodo
Es la década de los 2000, y un joven Gerard Way enfrenta los estragos que el bullying por ser diferente dejó impregnado en su ser. A excepción que, en lugar de continuar empapado en autocompasión, decidió usarlo como keroseno y hacer arder su forma de ver el mundo para crear un legado que mantiene su llama viva 25 años después.
La energía no se crea ni se destruye, se transforma. Y así ocurrió con el traspaso del público a los artistas y viceversa, primero con el turno de los nacionales Hvnvbi, quienes lo dieron todo en el desafío de abrir una jornada en pleno agotamiento por el calor y las largas horas de espera, que resolvieron con absoluto profesionalismo y entrega.
Luego la energía toma impulso y se enciende con The Hives, quienes parecían jóvenes entusiastas llenos de motivación y alegría, jugueteo con el público y varias conversaciones en perfecto español. El calor de la tarde sirvió como combustible para motivar la acción entre clásicos como Tick Tick Boom y Hate To Say I Told You So. Sin duda la entrega y carisma de Pelle Almqvist fue el centro de su presentación, en el que parecía un niño feliz de estar existiendo en ese momento y fue lo que preparó los ánimos para lo que venía en unos minutos.
Finalmente, el regreso de My Chemical Romance. 17 años de espera y un universo distópico que cae sobre el país como una ironía. En la antesala, diversas reglas escritas en el idioma Keposhka, preparando la llegada de –tal como anunciaron previamente algunos fanáticos– un espectáculo temático que no sería exactamente el mismo de Norteamérica con Long Live The Black Parade, sino una versión más acotada, menos intensa, pero igual de cargada con mensajes y guiños políticos.
Al entrar al escenario lo hacen acompañados de generales, agentes y enfermeros que le dan medicamentos a los integrantes de The Black Parade (el alterego de MCR en la historia), en lo que se entiende como un sometimiento y dopamiento para realizar un espectáculo de entretenimiento, todo bajo la mirada de un gigantesco ojo al más puro estilo del Gran Hermano sacado directo de la obra célebre y distópica por excelencia 1984 de George Orwell.
Desde ese momento se establece y queda claro que lo que se presenciará a continuación es una obra dramática, no solo un concierto. En esta reseña no hablaremos de los éxitos que tocaron –aunque al final de ésta se encontrará el setlist completo– sino de cómo My Chemical Romance alcanza la excelencia técnica y teatral que logra posicionarlos desde ya como uno de los mejores shows del año 2026.
Resulta emocionante que una banda tan íntegra regrese con un espectáculo de tan alta calidad. El escenario contenía gigantescas pantallas con imágenes exquisitas que ayudaban a establecer la atmósfera distópica durante la primera parte del concierto. La riqueza cultural de expandir más allá de la música y combinarlo con referencias históricas, literarias y cinematográficas es de un detalle y aprecio fino por las artes, hoy más necesaria y relevante que nunca.
No se trató solo de clásicos musicales, sino de visualidad, storytelling y dramatismo, en el que a medida que avanzaba la historia el escenario se tornaba con diferentes texturas que evocaban localidades distintas, desde el frío de la interperie hasta el encierro y el brutalismo arquitectónico.
Detenerse a mencionarlo no ocurre porque su puesta en escena musical carezca de relevancia, ese hecho es bien conocido por sus fanáticos. Mencionarlo resulta necesario por la ironía de lo que ellos plantean: muestran un show en el que, de comienzo, a los integrantes se les droga con medicamentos para estar a merced de su deber como artistas, luego, un ojo que todo lo ve y observa, y finalmente, grandes atrocidades como ejecuciones, torturas y asesinatos que pasan desapercibidas tras el encanto y melodías pegajosas de un hombre con aspecto mímico en televisión que se encargaba de distraer a la audiencia.
“Espera, ¿esta obra es sobre nosotros?” (Ref. Euforia – HBO) ¡Sí! ¿Lograron captar la tremenda ironía que My Chemical Romance puso sobre el escenario? El Gran Ojo éramos todos nosotros observando cada movimiento que ellos hacían; el hombre que nos distraía desde la pantalla no era un personaje ficticio, sino nuestro propio reflejo: asistentes pendientes de grabar, incapaces de observar lo que realmente estaba ocurriendo; las melodías que cantaba eran la música de MCR distrayéndonos de las atrocidades que ocurren en el mundo; y la “distopía” que mostraban las imágenes no era más que lo que está ocurriendo actualmente alrededor del planeta.
Pero estamos demasiado ciegos para notarlo. Tal como en la segunda parte del concierto el Gran Ojo desaparece y las pantallas pierden conexión. La desconexión del público era tan irónica como desgarradora. Si el ruido de sus cánticos al unísono era ensordecedor, la estática y marea de celulares era aún peor. Si la canción no era un hit, no se veía ninguna pantalla, pero tampoco movimiento. Lo que My Chemical Romance trajo era digno de admirar, había múltiples detalles en esas pantallas para analizar, como referencias a La Naranja Mecánica (1971, Kubrick) y sin embargo, la atención estaba puesta en el botón de grabar.
La desconexión fue tal que ni el escenario envuelto completamente en llamas durante Famous Last Words logró encender al público como My Chemical Romance lo merecía. Gerard Way intentó en más de una ocasión obtener la interacción que deseaba, llegando a solicitar que por favor levantaran sus brazos, en una búsqueda de que bajaran sus celulares y levantaran sus espíritus. El esfuerzo fue en vano y poco a poco a Gerard se le iba borrando la sonrisa… su propuesta artística de distopía dominada por la observación artificial se volvió canon y real.
Pero más allá del actuar de los asistentes, hay que rescatar y enfocarse en el manejo vocal, instrumental y técnico de todo el equipo que trabaja durante esta gira. Desde el técnico de fuego perfectamente sincronizado, los técnicos de iluminación y particularmente, los técnicos de proyección de imágenes. El escenario de MCR tenía vida propia, volviéndolo un show extremadamente rico en una planificación absoluta de una historia que quería ser contada de manera digna. Por ello es importante mirarlo con perspectiva, ¿quién diría que una persona que fue marginada mientras crecía terminaría haciendo un espectáculo tan intenso de vivir?
Lo cierto es que My Chemical Romance, más allá de la política y la crítica social presente en esta reseña, viene con un mensaje más claro todavía: no dejes que nadie te detenga. Lo que te hace diferente es, en efecto, lo que te vuelve especial y marca la diferencia en un planeta con billones de personas donde ¿quién podría importar realmente?, pues en estricto rigor, nadie. Pero sí importan. Sí importas. Sí importamos. Porque en nuestras diferencias nos conciliamos, nos encontramos y nos refugiamos, y eso es exactamente lo que MCR ofrece, y ha ofrecido siempre, en su música y su arte.
La invitación, más allá de cuestionar el uso excesivo de celulares, es a –como dijo el hombre en pantalla– estar aquí, estar realmente aquí. A no tener miedo de continuar viviendo. A no tener miedo de habitar este mundo solos. A apreciar momentos como estos, a vivirlos, pero vivirlos de verdad, no estar atrapados en la pantalla como los personajes lo estaban; a observarlo todo, a experimentar cada detalle, a sentir vívidamente el calor del fuego cuando sale del escenario, a cantar a todo pulmón, saltar, moverse y despreocuparse de la estabilización del maldito video, porque lo que realmente queda es el dolor en tu cuerpo al día siguiente y la garganta raspada, porque eso es lo que realmente te dice que estuviste allí.
El concierto que trajo MCR se vuelve una carta abierta a la reflexión sobre la sociedad el día de hoy, pero más aún, a cómo estamos decidiendo vivir el presente actualmente. ¿Somos parte de la distopía y el mundo de DRAAG, o somos los asistentes que compraron las entradas? MCR invita a dejar las pantallas y mirar hacia dentro.
Setlist y galería de fotos
The End
Dead!
This Is How I Disappear
The Sharpest Lives
Welcome to the Black Parade
I Don’t Love You
House of Wolves
Cancer
Mama
Sleep
Teenagers
Disenchanted
Famous Last Words
The End
Boy Division
It’s Not a Fashion Statement, It’s a Fucking Deathwish
Heaven Help Us
I’m Not Okay (I Promise)
SING (tour debut)
Na Na Na (Na Na Na Na Na Na Na Na Na)
You Know What They Do to Guys Like Us in Prison
Hang ‘Em High
Helena
The Kids From Yesterday