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ORCHID: El mundo está mal, pero puedes sentirte bien

Este 22 de enero Orchid trae el caos a Sala Metrónomo.

Por: @jeff.qlo

Orchid no es una banda que se recuerde por nostalgia ni por moda. Se recuerda porque sigue doliendo. Dentro de la escena screamo y del hardcore punk de fines de los noventa, su nombre aparece como una herida del cuerpo, algo que se abrió y nunca terminó de cicatrizarse. Desde su creación tomó la angustia y la desesperanza para exponerla sin remordimiento, y sin tener miedo a ser humillados.

En un contexto donde el emo empezaba a volverse más melódico y aceptable, Orchid eligió el camino opuesto. Tomó la energía del hardcore punk, la intensidad del emo y lo mezcló en una música que suena como una mente en crisis. Su música no es para descansar, ni para mostrar una estructura compleja, lo complejo aquí es la salud mental que ellos te muestran y que señalan que “puedes permitirte sentir“. Ellos te adentran en la mente colectiva de lo que escupen, es un caos total, mentalmente hablando. Todo es inestable y frágil, como si la banda estuviera tocando al borde del colapso. Y esa sensación no es una pose, es el núcleo mismo de su propuesta.

La voz de Jayson Green es fundamental para entender esto. No canta para comunicar una emoción, grita porque no puede hacer otra cosa. No busca afinación, sino verdad, y su voz suena como alguien que está perdiendo el control frente a ti, y es esa cercanía incómoda es lo que hace que Orchid todavía se sienta tan viva. Hay una exposición constante de violencia sonora que parece salida de un sanatorio mental.

La historia de Orchid, aunque corta, queda sostenida sobre dos discos que funcionan como dos pilares complementarios: Chaos Is Me (1999) y Dance Tonight! Revolution Tomorrow! (2000). Dos álbumes con formas distintas de enfrentar la misma desesperación.

Chaos Is Me es el Orchid más salvaje y crudo. Este disco suena como una banda que todavía no sabe cómo canalizar lo que siente, y por eso todo explota de forma caótica. Las canciones parecen fragmentos de una crisis familiar que entran, golpean y desaparecen antes de que puedas procesarlas. La batería pedalea de una forma como si no aguantaras más ira acumulada y golpearas sin medirte; las guitarras cortan y te recuerdan de dónde viene todo ese dolor; y la voz parece al borde del quiebre emocional. No hay un intento de ordenar nada, y justamente ahí está su fuerza. Chaos Is Me no quiere ser un álbum para un disfrute de amigos o colocarlo en un carrete, quiere ser un registro del colapso. Es música hecha desde la ansiedad, desde la sensación de no pertenecer, de no encajar en ningún lugar.

En cambio, Dance Tonight! Revolution Tomorrow! muestra a una banda que sigue siendo igual de intensa, pero que ahora entiende lo que está diciendo. La rabia ya no es solo personal, es política, social, generacional. El sonido sigue siendo feroz, pero ahora hay una dirección más clara. Las canciones ahora son mas elaboradas y disonantes que antes. Aquí Orchid convierte su caos en una postura frente a un mundo que está mal y por eso es imposible sentirse bien en un mundo jodido. Las letras hablan de sistemas que deshumanizan, de una juventud que no encuentra reflejo en la sociedad que la rodea. No es un disco de protesta clásica, es un disco de existencia en conflicto. La revolución de la que habla no es solo externa, es interna, es la lucha por no dejarse absorber por un mundo que parece vacío.

La relación entre estos dos discos es lo que define a Orchid. Por un lado, Chaos Is Me es el grito cuando todo se derrumba sin saberlo, por otro, Dance Tonight! Revolution Tomorrow! es ese mismo grito cuando empieza a entender por qué se derrumba. Esa dualidad es la razón por la que Orchid se convirtió en una piedra angular del screamo. Muchas bandas posteriores adoptaron los gritos, la velocidad y el caos, pero pocas heredaron la honestidad brutal que Orchid tenía. Porque Orchid no estaba interpretando un rol, estaba reaccionando a una realidad que le resultaba insoportable.

Hoy, en un mundo donde el screamo muchas veces se convierte en una estética limpia, casi decorativa, Orchid sigue sonando incómoda. Y eso es exactamente lo que la hace importante. No hay nada pulido en su música. No hay distancia entre lo que sienten y lo que tocan. Todo está expuesto, temblando, a punto de romperse. Por eso Orchid no envejece, porque no pertenece a una época, pertenece a un estado mental.

Este jueves 22 de enero tendremos un desorden mental colectivo por primera vez en la Sala Metrónomo, sé parte del caos y adquiere tu entrada aquí.

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