Chile
Polémica en redes: cuenta oficial del Ministerio de las Culturas difunde propaganda del “Plan de Reconstrucción Nacional”
Mientras gran parte del país seguía todavía en modo festival, con miles de personas asistiendo a conciertos, ferias y actividades culturales propias del cierre del verano —con eventos masivos como Lollapalooza Chile dominando la conversación— ocurrió algo que pasó casi inadvertido entre el ruido de guitarras y escenarios. La cuenta oficial de Instagram del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile publicó un carrusel de gráficas que, simplemente, no tenía nada que ver con cultura. Y al parecer todas las paginas ministeriales publicaron exactamente la misma información sin mayor detalle. Las láminas hablaban de un “Plan de Reconstrucción Nacional” centrado en seguridad, orden público, reconstrucción institucional y reactivación económica. Frases como “devolver la tranquilidad a las calles”, “combatir el transporte de migrantes irregulares”, o “ajustes tributarios y productividad” dominaban el mensaje. En ninguna de las imágenes aparecía una referencia al arte, al patrimonio, a la creación ni al acceso cultural, que son precisamente las áreas que ese ministerio existe para proteger y promover.
La publicación sigue visible en la cuenta oficial sin ninguna explicación o contexto, lo que rápidamente provocó desconcierto entre los usuarios. En los comentarios abundan las preguntas de personas preguntando si se trata de una equivocación, si es una forma propaganda política o si alguien confundió el canal institucional. Pero la publicación permanece intacta, como si se tratara de una comunicación normal para todas las RRSS ministeriales.
Lo que en apariencia podría ser un error administrativo también abre una pregunta mucho más profunda. ¿Por qué una institución cultural difunde una agenda centrada en seguridad, migración y orden público? ¿Es simplemente una equivocación comunicacional o estamos frente a un síntoma de algo más amplio en la forma en que el Estado empieza a entender el rol de la cultura?
En América Latina ya existen antecedentes recientes que hacen inevitable la comparación. En Argentina, el gobierno de Javier Milei impulsó desde su llegada al poder una reestructuración profunda del aparato estatal que incluyó fuertes recortes y fusiones dentro del sector cultural. Instituciones históricas del cine, el teatro y el patrimonio enfrentaron reducciones presupuestarias, centralización administrativa o eliminación de programas, bajo la lógica de reducir el gasto público y redefinir las prioridades del Estado. El discurso oficial justificó estas medidas señalando que la cultura debía dejar de depender del financiamiento estatal y reordenarse dentro de un esquema de austeridad fiscal y eficiencia económica. Ese proceso fue interpretado por numerosos actores culturales argentinos como parte de una estrategia política más amplia para desplazar la cultura del centro de la política pública y ubicarla en desmedro frente a temas como seguridad, orden y mercado. Un cambio de paradigma que, para muchos, implica transformar la cultura desde un derecho y un espacio de construcción social hacia un área prescindible dentro del presupuesto estatal.
En ese contexto regional, la publicación aparecida en la cuenta del Ministerio chileno resulta, al menos, inquietante. No porque una política de seguridad sea en sí misma discutible, sino porque su presencia dentro de un canal institucional dedicado a la cultura parece insinuar una jerarquía distinta de prioridades. En este sentido el lenguaje institucional de la cultura podría al parecer ser reemplazado por discursos de orden, productividad o control, la señal política puede ser mucho más simbólica de lo que parece.
Chile ha construido durante décadas una institucionalidad cultural que reconoce el valor del arte, la memoria y la creación como parte fundamental del desarrollo social. El propio ministerio nació con la idea de garantizar acceso cultural, fortalecer la diversidad y proteger el patrimonio del país. Por eso resulta extraño —y para muchos preocupante— ver que ese espacio se utilice para difundir mensajes que no guardan relación con esa misión. Podría tratarse de un “error” de comunicación. Puede ser una campaña gubernamental mal distribuida entre cuentas institucionales. Pero también podría ser el reflejo de una lógica política distinta, en la que incluso las plataformas culturales del Estado comienzan a alinearse con una narrativa centrada en seguridad y reconstrucción económica.