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Live Review Internacional

Unto Others en Chile: Cruzando el umbral de la noche

Una noche que fue como haber cruzado un umbral. Uno silencioso, casi imperceptible, donde algo cambia sin pedir permiso.

Por: @jaime_gonzalez_vocalista | Fotos @brutal_pebre_

La noche no comenzó de golpe, sino que se fue abriendo lentamente, como si la oscuridad necesitara asentarse antes de tomar forma definitiva. Antes del descenso profundo que propondría Unto Others, hubo un primer movimiento, donde la melancolía empezó a filtrarse entre acordes limpios y una atmósfera teatral. En ese espacio intermedio, donde el público aún se acomodaba entre sombras y expectativas, Marco Cusato and The Legend Band asumió el rol de guía inicial, preparando el terreno desde una sensibilidad más íntima, confesional y cargada de intención.

MARCO CUSATO AND THE LEGEND BAND: teatralidad, melancolía y el rito de apertura

Antes de que la noche se entregara por completo a la penumbra de Unto Others, el escenario recibió a Marco Cusato and The Legend Band, una propuesta que ha ido construyendo su identidad desde una vereda donde el Rock Gótico se cruza con tintes oscuros y una sensibilidad más introspectiva. Liderados por Marco Cusato, el proyecto se ha caracterizado por una búsqueda constante de narrativa en sus canciones. Más que música per se, hay una intención de contar, de dramatizar, de llevar al oyente a un estado específico. En ese sentido, su presencia como teloneros se sintió como una introducción coherente al ambiente que dominaría la jornada.


Partieron 10 minutos antes de lo informado, para poder entregar un show más sereno en el timming y poder tomarse el tiempo de conectar entre cada canción, sin mayores apuros. “Silent Rite” y “Legend” abrieron un set de sonido pulcro, cuidado en cada detalle, donde las guitarras y la voz convivían en una atmósfera melancólica que lentamente iba envolviendo al público. Entre cada canción, Cusato tomaba la palabra, generando cercanía, rompiendo la barrera del escenario con comentarios que incluso rozaban el humor, bromeando con que “había que ponerse serio” ante tanta presencia dark en el recinto. Esa naturalidad ayudó a que la conexión fuera inmediata, haciendo que canciones como “This Is My Night” y “Out” se sintieran cercanas y confesionales.

Pero más allá del sonido, lo que realmente marcó la diferencia fue la performance. Marco Cusato canta interpretando. Hay un componente histriónico en su puesta en escena, un dejo teatral que convierte cada canción en una pequeña obra. Vive las letras con intensidad, exagera gestos, encarna emociones, y en ese proceso logra capturar la atención de un público que, lejos de mostrarse distante, se fue sumergiendo cada vez más en su propuesta. Ese punto alcanzó uno de sus momentos más altos con “Burn the Witch”, donde su trabajo vocal se expandió hacia registros más extremos, incorporando guturales que imitaban una figura espectral, como si realmente se tratara de una bruja emergiendo desde la oscuridad. Fue un recurso arriesgado, pero ejecutado con precisión y convicción.

El cierre con “After the Dark” y el bis con “Pain of Salvation” terminó de consolidar una presentación que, sin necesidad de excesos, logró instalar una atmósfera clara y coherente. Si la noche tenía que abrirse como un portal hacia lo oscuro, Marco Cusato fue quien trazó el primer círculo.

UNTO OTHERS: El umbral y la sombra

Tal como se anticipamos en la nota previa, había una promesa implícita de sumergirse en una estética donde la oscuridad es un lenguaje. Y anoche, la promesa fue consumida. Tres minutos antes de la hora pactada, como si la noche no pudiera esperar, la banda irrumpió con “A Single Solemn Rose”, marcando un tono limpio, elegante y profundamente emocional. Fue una entrada directa a ese universo donde lo gótico, lo post punk y el heavy metal clásico conviven sin fricciones.

Butterfly” llegó de inmediato a convertirse en gritos. La canción, que habla de fragilidad, transformación y constante sensación de no pertenecer del todo, fue coreada con una intensidad que parecía arrancada desde lo más íntimo del público. Luego de “Jackie”, Gabriel Franco se dirige por primera vez a la audiencia para presentar “Why”, una descarga inmediata que encendió al recinto con una energía más desesperada. Con “Nightfall”, presentada como la primera canción que grabaron del disco Mana, el ambiente adquirió un matiz más denso, como si la noche misma se asentara sobre todos los presentes. Y cuando mencionan su segundo álbum Strenght para comenzar “Heroine”, uhbo aplausos incluso antes de que partiera. Luego, el grito de invocación “¡Santiago!” seguido de ese ya característico “HOOO!” para “When Will Gods Work Be Done” se convirtió en una algarabía para la guerra, un código entre banda y público que se repetiría como mantra durante todo el evento.

Uno de los momentos más envolventes llegó con “Can You Hear the Rain”. Iniciando con guitarra acústica, la canción desplegó una sensibilidad distinta, más introspectiva, donde la lluvia parecía filtrarse y caer sobre nuestras cabezas. La letra, que evoca desconexión, vacío y la búsqueda de algo que responda desde el otro lado del silencio, fue abrazada por un público completamente entregado. En paralelo, la performance de Sebastian Silva se volvía hipnótica, girando sobre sí mismo, recorriendo el escenario sin descanso, buscando miradas, generando una conexión directa   y de honestidad. Era un real acompañamiento, una extensión física de la música.

El rito continuó elevándose con “Momma Likes the Door Closed”, presentada de una forma que rozó lo teatral. Gabriel Franco recitó el coro a capella antes de que la banda entrara, logrando que todo el recinto lo siguiera como si se tratara de una plegaria oscura. Cuando la canción explotó, la energía ya estaba completamente desatada, y su cierre con aullidos afinados, lupinos, terminó de consolidar la imagen del artista como un canal. Esa misma intensidad se transformó en algo más visceral durante “Double Negative”, donde su interpretación incluyó gestos de autodestrucción, haciendo que se cortaba las venas, daban cuerpo a una lírica cargada de nihilismo y conflicto interno.

El guiño a Ramones con “Pet Sematary”, tema inspirado en la novela de Stephen King, fue uno de los momentos más celebrados. La banda no se limitó a replicarlo, sino que lo reinterpretó desde su propia estética, manteniendo la esencia pero tiñéndolo de una oscuridad más densa. La historia detrás de la canción, ese lugar donde la muerte no significa descanso sino retorno corrompido, encajó perfectamente con el universo emocional del show. Luego, “Give Me to the Night” desató uno de los puntos más caóticos, con puños en alto, cánticos y una euforia que ya no buscaba contención.

El cierre del set principal dejó al público en un estado de catarsis total, coreando y exigiendo más. Y cuando regresaron para el encore, la banda no bajó la intensidad. “Over Western Shores”, “I Feel Nothing” y “Cosmic Overdrive” funcionaron como una última inmersión, una caída controlada hacia el vacío emocional que habían construido durante toda la noche. Especialmente “I Feel Nothing”, que en su aparente frialdad esconde una de las declaraciones más crudas de desconexión moderna, fue recibida con una mezcla de euforia y desolación.

Una noche que fue como haber cruzado un umbral. Uno silencioso, casi imperceptible, donde algo cambia sin pedir permiso. La noche no se cerró con un golpe, sino con una permanencia, como si lo vivido se negara a quedarse solo en el escenario.

Porque cuando todo terminó, no hubo distancia. La banda bajó, se mezcló entre la gente, firmó discos, se tomó fotos, conversó como si fueran parte del vulgo. Y ahí, en ese gesto simple, se terminó de cerrar el círculo: no hubo ídolos ni espectadores, solo personas que habían cruzado ese mismo umbral… y decidieron quedarse un rato más, habitándolo juntos.

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Noticia publicada por el área editorial.

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