Por @organic_.flower | Fotos: @manson.fotografias
El Teatro Coliseo fue escenario de una jornada que reunió a dos de las propuestas más reconocibles de la escena musical chilena. Ana Tijoux y La Brígida Orquesta compartieron una noche marcada por el hip hop como punto de partida, pero abordado desde lenguajes, sonoridades y trayectorias diferentes.
Ana Tijoux fue la encargada de abrir la jornada junto a DJ Dacel, presentando parte de su nuevo trabajo, Serpiente de Madera. La propuesta permitió acercarse a esta nueva etapa de la artista, donde el hip hop dialoga con elementos electrónicos y una búsqueda sonora vinculada a sus raíces.
La conexión con el público se produjo desde el comienzo. El repertorio combinó canciones de Serpiente de Madera con algunos de los temas más reconocidos de su trayectoria, en un recorrido que el público acompañó activamente. Canciones como “A veces”, “1977”, “Mi verdad” y “Sacar la voz” fueron parte de un repertorio que evidenció la vigencia de su obra y la profunda conexión que Tijoux mantiene con quienes la siguen. Lejos de sentirse como una revisión nostálgica de su carrera, el paso por estos clásicos se integró de manera natural a la propuesta, confirmando que su música continúa dialogando con distintas generaciones.
Más que una revisión de su carrera, la presentación funcionó como un puente entre distintas etapas de Tijoux: una artista que continúa explorando nuevos territorios musicales sin desprenderse de los elementos que han construido su identidad. La respuesta del público, presente desde los primeros minutos, terminó convirtiéndose en parte fundamental del espectáculo.
La segunda parte de la jornada estuvo a cargo de La Brígida Orquesta, cuya llegada produjo un cambio radical en la dimensión sonora y visual del espectáculo. La numerosa formación tomó el escenario con una propuesta que combina hip hop, jazz y música latinoamericana, demostrando la amplitud que puede alcanzar el género cuando se cruza con una instrumentación de estas características.
El repertorio, que incluyó temas como “A la medida”, “Desde acá” y “El olvido”, permitió demostrar que su propuesta mantiene una fuerza particular en vivo. La experiencia no se limita a escuchar las canciones: la interpretación y la interacción entre los músicos generan una respuesta física en el público.
La Brígida Orquesta consiguió así uno de los aspectos más interesantes de la noche: convertir el concierto en una experiencia colectiva, donde la interpretación y la respuesta del público terminan formando parte de un mismo espectáculo.
El encuentro entre Ana Tijoux y La Brígida Orquesta permitió, finalmente, observar dos maneras distintas de entender una misma tradición musical. Mientras Tijoux representa una trayectoria construida desde la palabra, la identidad y la renovación constante, La Brígida expande ese lenguaje hacia una formación orquestal donde el jazz y la música latinoamericana adquieren un peso fundamental.
Más que una noche dedicada a la nostalgia, el concierto puso en evidencia la vigencia de una escena que continúa transformándose. Tijoux y La Brígida demostraron que el hip hop chileno puede mirar hacia su historia sin quedarse atrapado en ella, utilizando sus propias raíces como punto de partida para seguir buscando nuevos sonidos.
Y cuando las luces del Coliseo finalmente se apagaron, quedó la sensación de haber presenciado algo que va más allá de una sucesión de canciones: una muestra de trayectoria, oficio y evolución musical, capaz de hacer vibrar al público desde dos propuestas diferentes, pero profundamente conectadas.















