Por: @jeff.qlo
Hay bandas que envejecen, otras que se disuelven, y algunas pocas que simplemente se vuelven parte de algo más grande que ellas mismas. The Adicts pertenece a ese último grupo. No porque hayan cambiado el curso del punk de forma radical, sino porque decidieron hacer algo distinto, convertirlo en espectáculo, en juego, en una especie de festividad que nunca perdió su esencia callejera.
Este 22 de marzo, en el Teatro Coliseo, esa historia llega a su fin. No es una pausa ni una gira más. Es el cierre definitivo bajo el nombre de “Adiós Amigos Tour”, y eso le da un peso distinto a todo. No se trata solo de ir a ver una banda que te gusta. Se trata de estar presente en el último momento en que algo que fue constante durante décadas deja de existir en vivo.
Desde el primer día, The Adicts entendió que la música no era suficiente. Mientras otros apostaban por la agresividad o el discurso político, ellos se fueron por la vereda de la imagen, la teatralidad, lo absurdo. Esa estética inspirada en “A Clockwork Orange” de 1971 no fue solo un guiño visual, fue una declaración completa. Rostros pintados, ropa blanca impecable, bastones, sombreros, y al centro de todo, esa figura inconfundible que no necesita presentación: Keith Warren, moviéndose como si el escenario fuera un patio de juegos.
Lo que hacen en vivo no se explica del todo hasta que lo ves. No es simplemente tocar canciones rápidas y coreables. Es lanzar confeti hasta que el aire se vuelve denso, es ver globos gigantes rebotando entre la gente, es sentir que por un rato todo pierde seriedad y eso es más punk que el género mismo, ir contra todo lo establecido y convertirlo en su propio sello distintivo.
La última vez que pasaron por Chile dejó claro que siguen teniendo ese control sobre el público. No importa la edad ni cuántos años lleven escuchándolos, cuando suenan los primeros acordes todo se desordena de buena manera. Hay pogo, hay risas, hay caos, pero también hay una conexión que no se fabrica. Se siente real. Y eso es difícil de lograr después de tantos años.
Pero esta vez es distinto. Ya no es solo otro show más en su historial. Hay una carga emocional inevitable, incluso si la banda se encarga de disfrazarla con colores y energía. Porque aunque el ambiente sea festivo, todos saben lo que esta es la última oportunidad de verlos así, en ese formato que los hizo únicos.
Lo que se puede esperar de esa noche es lo que siempre hicieron, pero llevado al límite. Un recorrido por su historia, canciones que han sobrevivido décadas, y un despliegue escénico que probablemente se sienta más intenso justamente porque no habrá otra vez. No van a bajar la intensidad para despedirse. Todo lo contrario. Y ahí está lo interesante. The Adicts no se va desde la decadencia ni desde el desgaste evidente, se van siendo ellos mismos, fieles a una propuesta que nunca necesitó adaptarse a las tendencias.
Fotografías de The Adicts en su gira de ‘despedida’ en 2025 por @crisrock_photography















