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Live Review Internacional

Festival Fauna Primavera 2025: Una segunda jornada que alcanzó el equilibrio perfecto

Una fecha que quedará en la memoria como el día en que todo encajó a la perfección, cuando la música volvió a ocupar su lugar sagrado, justo en el centro absoluto de todo.

El sábado 8 de noviembre el Parque Ciudad Empresarial volvió a encender su pulso con la segunda jornada del Festival Fauna Primavera 2025, y esta vez todo fluyó con una precisión que solo se logra cuando la experiencia del día anterior enseña y la organización escucha. Desde la apertura puntual a las 12:00, la logística se sintió impecable, los accesos fueron fluidos, los horarios se respetaron al minuto, y la sensación general fue de una armonía entre público, producción y artistas que se echó de menos el viernes. A medida que avanzaba la tarde, la gente fue poblando los escenarios BCI y Levi’s hasta convertir el parque en un río humano vibrante y expectante.

La jornada partió con la calidez local de Niebla Niebla, seguidos por Candelabro, que imprimieron el tono perfecto de bienvenida, un ambiente distendido, de reencuentro y descubrimiento. Poco después, el caos maravilloso de Otoboke Beaver irrumpió con la fuerza de un relámpago eléctrico. Las japonesas, con su punk frenético y virtuosismo femíneo, transformaron el escenario BCI en un hervidero de energía. Cada canción fue un disparo, un grito y una invitación al descontrol. Desde el primer acorde, los mosh pits se sucedieron uno tras otro, y el público respondió con una entrega total. Sin embargo, uno de los momentos más potentes no vino de la música, sino del mismo público, cuando un asistente lanzó un silbido sexualizado hacia la banda, la multitud entera lo abucheó con furia, y entre risas y un respuesta colectiva inmediata se escuchó un coro espontáneo de “¡que se vayan los heteros!”. Fue un instante que trascendió lo anecdótico, un acto de defensa y un recordatorio de que los tiempos han cambiado, de que la música y sobre todo los espacios que la sostienen, pueden y deben ser territorios seguros.

Tras la descarga japonesa, Javiera Mena se alzó como un faro de elegancia y poder emocional, desplegando un pop sofisticado que equilibró energía y sutileza. Su presencia, magnética y consciente, ofreció un respiro luminoso antes de que el escenario se sumergiera en la delicadeza espiritual de RY X. Con su voz quebrada y transparente, tejió un puente hacia lo invisible, un espacio donde cada nota parecía sostener el silencio. Luego, Tash Sultana tomó ese hilo invisible y lo transformó en una danza de sonidos infinitos, con guitarras, percusiones, sintetizadores y respiraciones que se entrelazaban en una sola corriente vital. Su virtuosismo no fue una demostración, sino una ceremonia íntima, donde el parque entero pareció latir al ritmo de su pulso. Pero fue con Aurora cuando el día alcanzó su punto de comunión emocional. La artista noruega se adueñó del escenario con una mezcla de dulzura y poder que pocos pueden equilibrar. Su voz, a ratos susurro y a ratos vendaval, se acompañó de un público profundamente devoto, que cantó, lloró y danzó con ella. Aurora es de esas deidades modernas que predica un mensaje de amor, empatía y conexión con la naturaleza humana que cala en lo más hondo. Su carisma no necesita artificios, pues su sola presencia irradia algo genuinamente luminoso.

El cierre de los escenarios en paralelo fue un verdadero regalo para los sentidos, una coreografía de contrastes que marcó el pulso de la noche. Bloc Party, con la fuerza intacta de los años dorados del indie rock, desató un vendaval de guitarras y nostalgia. Su setlist, ejecutado con la precisión casi matemática de un reloj británico, fue un repaso vertiginoso por los himnos que definieron a toda una generación, una descarga emocional donde cada acorde evocaba juventud, euforia y desarraigo. Pero más allá del baile y la catarsis, su presentación dejó una tensión suspendida en el aire, una especie de preludio eléctrico, preparando el terreno emocional para lo que vendría después, ese instante en que la música dejaría de ser solo sonido para convertirse en revelación. Massive Attack, los titanes del trip-hop, cuya propuesta visual y sonora merece un análisis en profundidad. Su espectáculo fue una experiencia sensorial total, tan densa y conmovedora que hemos decidido dedicarle una reseña aparte. Así, la segunda jornada de Fauna Primavera 2025 se consolidó no solo como una demostración de impecable organización, sino como una celebración de la música en su espectro más amplio, de la furia punk al trance espiritual, del baile a la reflexión, del respeto a la comunión. Una fecha que quedará grabada como el día en que todo encajó, y donde la música, por fin, fue el centro absoluto de todo.

Written By

Editora y Creadora de Contenido en iRock. Leal servidora del Rock, el Metal y los sonidos mundanos. Conductora en "La Previa" y Co-conductora en "Rock X-Files". | Mail: litta@irock.cl

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