Connect with us

Conciertos

Forbidden, Vio-lence y VenomInc: Cuando el cerebro se apagó y el instinto prevaleció

El trío La cita se llevó a cabo en la sala Metrónomo del Barrio Bellavista.

Por @jaime_gonzalez_vocalista – Fotos Cristian Delano

El cartel prometía guerra desde su anuncio y se confirmaba desde antes de cruzar la puerta. Venom IncVio-lence y Forbidden, tres nombres que marcaron estilos distintos del metal y ayudaron a escribir sus reglas, aterrizaban juntos en Santiago como si se tratara de un festival de culto. El cambio de recinto y una promoción 2×1 hacían presagiar una convocatoria tibia, pero bastó llegar a las afueras para entender que los pronósticos estaban completamente equivocados.

Cientos de thrashers ya copaban la calle, cerveza en mano, chaquetas con parches pese al calor, poleras ajadas por décadas de mosh y un festival de zapatillas con caña alta clásicas, que delata a la vieja escuela. La ansiedad en el aire era evidente, conversaciones cruzadas sobre discos esenciales, shows pasados y canciones que “sí o sí” tenían que sonar. Pero había que ingresar Y los encargados de abrir el ritual sería Venom Inc.

Venom Inc El evangelio según el caos

Las bromas corrían entre el público mientras avanzaban los minutos. Que los británicos eran puntuales “a su manera”, porque el reloj ya marcaba las 20:05 y todavía no pasaba nada sobre el escenario. La impaciencia crecía y también la tensión. Y cuando por fin se apagaron las luces, no había vuelta atrás.

El trío apareció imponente y al hueso. Tony “Demolition Man” Dolan, con el bajo colgado al pecho y actitud de comandante absoluto, tomó el control apenas emergió. A su lado, Beleth empuñando la guitarra como arma blanca y JXN firme tras la batería, completaban una formación que entiende esta música con crudeza, velocidad y una evidente mala intención.

El golpe inicial fue “War”, literalmente como declaración de guerra, y rápidamente el repertorio comenzó a sumergirse en la herencia más primigenia con “Parasite” y “Bloodlust”. Fue precisamente con esta última cuando el público explotó por primera vez, los primeros empujones, las latas volando, gargantas desatadas. Por otro lado, “Ave” y “There’s Only Black” mostraron el músculo más actual de la banda, probando que el proyecto no vive solo de recuerdos, mientras “In Nomine Satanas” y “Cursed” devolvían la vibra blasfema y sucia que tanto disfruta la vieja guardia.

El primer gran respiro llegó con el solo de batería de JXN, demostración de técnica y potencia por igual. Luego, “Inferno” terminó de confirmar que la banda sonaba afiladísima, compacta, con un sonido áspero que te golpea el pecho.

Más tarde, Beleth tomó el protagonismo con un solo de guitarra cargado de actitud, enlazando de forma natural hacia “Live Like an Angel (Die Like a Devil)”, uno de esos himnos que se sienten obligatorios, coreados con puños en alto.

Pero si hubo un motor constante durante todo el show, fue Dolan. Su presencia escénica es magnética. No para, no suelta al público, sonríe con malicia, arenga, provoca. Se nota que tomó las riendas del proyecto con total convicción. Su pasado en Atomkraft y décadas de carretera se sienten y respiran. 

La temperatura subió peligrosamente con “In League With Satan”. El calor del recinto dejó de importar. Todos cantaban, empujaban, sudaban, como si el caos fuera parte del contrato.

Y entonces llegó el clímax absoluto. “Black Metal”. La canción que no solo definió a una banda, sino a todo un movimiento. El riff cayó como un martillazo histórico y el mosh se descontroló al instante. Era imposible no pensar en lo que significó ese tema para generaciones enteras. Cuando el coro explotó “Lay down your soul to the gods rock and roll” la sala completa bramó. 

Lo que seguía parecía ser perfecto con “Countess Bathory”, el público estaba completamente entregado, cantando, pero justo cuando la euforia estaba en su punto máximo en la parte de la guitarra coreable, un apagón cortó el sonido en seco.

Silencio. Desconcierto. Luego, negación. Lejos de enfriarse, la gente comenzó a corear por su cuenta: “Evil! In league with Satan!”, manteniendo viva la llama mientras se esperaba el regreso del trío y los clásicos finales “Sons of Satan” y “Witching Hour” habituales. Pero esta vez no hubo vuelta.

La noche se quedó con una sensación extraña, abrupta, inconclusa. Aunque, en el fondo, hasta eso tuvo algo muy Venom, caótico, imperfecto y oscuro. 

Vio-lence: la pesadilla eterna hecha carne

Esto fue directamente una explosión nuclear. Apenas se preparó el escenario, el ambiente ya estaba cargado de euforia. El suelo mojado de cerveza, el aire espeso, la gente apretada hombro con hombro. Se respiraba una sensación previa al desastre, el segundo exacto antes de que todo se salga de control… Y se salió.

Eternal Nightmare” abrió la masacre. El título no podía ser más literal, fue como meterse de golpe en una pesadilla colectiva. Comenzó y el público perdió cualquier rastro de cordura. Brazos en alto, empujones salvajes, latas volando, cuerpos chocando sin dirección. Parecía lucha por la supervivencia. Una estampida humana rindiéndole honores al nombre del disco que prácticamente definió su carrera.

Desde ahí, ya no hubo vuelta atrás. “Serial Killer” confirmó que venían cargados a sus discos más insignes, sin rellenos. Thrash puro, afilado, callejero. El problema (o la gracia) era que el recinto apenas daba abasto. Con el piso resbaloso y el espacio mínimo, armar un círculo era casi imposible, pero eso no detuvo a nadie, a punta de empujones el mosh se abría igual, torcido y caótico. Cada giro parecía una caída segura, pero todos se levantaban riendo, como si el golpe fuera parte del rito.

Y está bien, el Thrash metal no tiene que ver con la comodidad, todo fue demostraciones de resistencia física. “Profit” y “Officer Nice” mantuvieron la presión constante, riff tras riff, sin permitir recuperar el aliento. No daban ninguna momento de descanso. Nada técnico de más, nada ornamental, solo velocidad y mala onda.

Pero uno de los momentos más contundentes llegó con “Phobophobia”. Sean Killian se robó completamente la escena. Con su battlejacket llena de parches, como un estandarte viviente del thrash ochentero, escupía cada línea con su voz rasgada, histérica, inconfundible. Es de esos vocalistas que definieron una escuela entera, una forma específica de frasear y gritar que después copiaron generaciones completas. Verlo ahí, décadas después, sonando igual de violento y auténtico, era como una lección histórica en tiempo real. Y el público lo entendía evidentemente, todos los coros eran gritados de vuelta como si se estuviera exorcizando algo.

El calor ya era insoportable. El recinto se sentía como un horno cerrado. Sudor cayendo por la cara, poleras empapadas, gente intentando llegar al baño sin éxito porque simplemente no había espacio para moverse. Todo estaba tomado por cuerpos. Entonces llegó “Bodieson Bodies”, y la metáfora se volvió realidad, “Cuerpos sobre cuerpos” literalmente. La letra hablaba de caos y destrucción, y abajo la imagen era idéntica, personas chocando, cayendo, levantándose, trepando unas sobre otras para no desaparecer tragadas por la masa. Una completa locura, nadie estaba quieto. Nadie estaba seco. Nadie estaba cuerdo.

Para cuando sonaron “Kill on Command”, “Calling in the Coroner”, “Upon Their Cross” y “World in a World”, la banda ya tenía a todos completamente rendidos, pero aún así exigiendo más. Gargantas rotas, piernas temblando, pero los puños seguían arriba. Porque eso es Vio-lence, es agresión directa al pecho.

Un recordatorio brutal de cómo sonaba el thrash de la Bay Area cuando todavía buscaba hacer daño, cuando solamente buscaba arrasar.

Forbidden: técnica, furia y gloria

Si Venom Inc había encendido la llama negra y Vio-lence había convertido el recinto en una zona de guerra, entonces Forbidden fue directamente el incendio completo. Lo más álgido de la noche. Lo más esperado. Probablemente, el momento por el que muchos habían pagado la entrada.

Todavía no empezaban y ya había cánticos, empujones, latas chocando, y gargantas preparadas. Todo lo que oliera a Forbidden Evil o Twisted Into Form prometía caos, y la gente estaba ahí precisamente para destruirse. 

Con Craig Locicero y Matt Camacho comandando la vieja guardia, Chris Kontosmartillando la batería, Jeremy Von Epp afilando la segunda guitarra… y al frente Norman Skinner, que terminó siendo una auténtica bestia.

Es que, lo de Skinner fue colosal. Afinado hasta lo ridículo, potente, técnico, sosteniendo notas largas como si no costara nada. Honraba con completa autoridad el legado de RussAnderson. Cantó como alguien que entiende el peso histórico de la banda y decide estar a la altura, o morir en el intento y que además era fanático antes de formar parte de ellos.

Infinite” abrió con su melodía previa hipnótica, como una respiración profunda antes del salto al vacío. El público coreándola desde el primer segundo… y cuando la canción parte de verdad, el piso explotó. El mosh apareció instantáneamente. Gente cayendo como fichas de dominó, otros levantándolos al vuelo. Un torbellino que no terminaría jamás.

Con “Out of Body (Out of Mind)” y “March Into Fire”, la temperatura subió todavía más. Esta última se sintió de forma literal, marchar hacia el fuego. Como si todos estuviéramos avanzando voluntariamente a una hoguera. La cerveza dejaba de ser solamente hidratación, se convertían en lluvia, como una refrigeración improvisada que volaba por los aires y caía sobre los valientes que seguían girando sin parar. El suelo era una trampa resbalosa, pero nadie se iba. Te caías, te levantaban. Te empujaban, volvías a entrar.

Cuando sonó “Twisted Into Form”, la locura ya era irreversible. Riffs retorcidos, cambios de ritmo, y la masa respondiendo convulsionando al compás.

Pero lo de “Forbidden Evil” fue otra cosa. Craig Locicero escupiendo algunos de los riffs más exquisitos que ha parido el thrash metal, mientras Skinner gritaba cada línea brutalmente, sosteniendo notas durante segundos eternos. Todo el mundo cantando y sonriendo. La nostalgia convertida directamente en energía cinética, más headbanging, empujones y caos. El calor ya era sofocante y el aire casi irrespirable. Aun así nadie se movía del lugar, no iban a perderse ni un segundo.

R.I.P.” trajo uno de los momentos más coreados. Los cánticos retumbaban tan fuerte que por momentos tapaban a la banda. Se notaba que ellos mismos estaban impactados, se miraban, sonreían, bromeaban entre canciones. Una complicidad de músicos que entienden que algo especial está pasando frente a sus ojos.

Pero si hablamos de clímax… “Through Eyes of Glass”, ahí se abrió el abismo. La letra, una mirada desencantada, una reflexión amarga sobre la realidad, chocaba con una escena completamente opuesta, cientos de personas desatadas, celebrando a golpes del thrashmetal. El mosh más grande de toda la noche nació ahí, un remolino gigantesco tragándose a todo el que se acercara. Probablemente, desde arriba se hubiera visto como un huracán humano. Mirar el mundo “a través del vidrio” y nosotros rompiéndolo a patadas.

El cierre con “Chalice of Blood” fue brutal, sangriento, perfecto en intensidad, pero “casi” perfecto en sensación. Porque nadie quería que terminara, ni listo para aceptar que se acababa. Y aunque hubieran tocado tres, cuatro, cinco canciones más… igual habríaquedado ese vacío. El maldito gusto a poco que solo dejan los conciertos realmente históricos.

Al final no importó el cambio de recinto, el calor sofocante, el suelo mojado, los empujones, la falta de espacio, la garganta hecha polvo, ni la deshidratación que pedía tregua. Nada de eso importa cuando suena thrash metal. Porque el metal tiene un asunto primitivo que apaga el cerebro y prende el instinto, como si  la sinapsis se rindiera y el cuerpo se mandara solo.

Y ahí estábamos todos, chocando, levantando desconocidos del suelo, girando aunque las piernas ya no respondieran, cantando aunque la voz ya no saliera. Como si resistir fuera parte esencial, o aguantar fuera una forma de honra. Porque esto se trata de entrega, sudar lo que no se tiene y salir molido, pero sabiendo que ha estado exactamente donde se debía.

El metal no va a envejecer nunca, seguramente va a seguir siendo esto, irracional, sudoroso, violento y absolutamente vivo.

Written By

Noticia publicada por el área editorial.

Destacado

Dying Fetus en Chile cambia de fecha: 1 de diciembre 2026

Conciertos

Travis en Chile: Teatro Coliseo rendido a sus canciones

Conciertos

Contra Corriente estrena “El Himno”: un ritual distópico que expande su universo conceptual

Chile

Mooncurse debuta con su primer single “Time Goes By”

Chile

Advertisement

Connect
Suscríbete a #iRockCL