De hacernos esperar por su debut años atrás, a convertirse en regalones del país. In Flames se una a una larga lista de bandas que pueden repetir visita en poco tiempo y seguir convocando de forma similar. Está vez les tocó el Teatro Cariola, pero la entrega y la comunión con el público se mantuvieron firmes y la experiencia completa fue absolutamente superior a su pasado show.
Los encargados de abrir la jornada fueron Projector, que entraron con toda la fuerza de “Killing The True”, en un primer tema furioso, para seguir con “Solitary Ascension”, tema más melódico, realzando la dinámica de su música, con el vocalista mezclando pesados guturales y cantos melodiosos de excelente forma. La presentación se mantuvo concisa demostrando toda la capacidad de la gran banda chilena, que finalizó su set con la canción “Corporatocracy”.
Diametral fue la segunda banda de la noche, y contaron con gran apoyo del público, se vieron bastantes poleras de ellos, buenos mosh, y la banda no defraudó, mostrando la gran evolución que han tenido desde sus inicios. La dedicatoria del tema “Onlyfan” saca sonrisas, y la parte final del show fue un mazazo, con “I’m The Truth” y la gran “Hell In Me”, que habla sobre las crisis de pánico. Tremenda y emotiva canción.
Al apagarse las luces, el público comienza a sentir bajo la piel esa excitación ante la presencia de una banda que fundó escena y marcó futuro desde Gotemburgo en los noventa. In Flames fue un torbellino que desató emociones que parecían haber estado secuestradas. Incluso, fácilmente puedo decir que fue mucho más eufórico que el show de hace dos años atrás. “Pinball Map” fue un verdadero grito visceral, seguida por “The Great Deceiver” y “Deliver Us”. “The Quiet Place” fue tan bien recibida, que cuesta imaginar lo polémica que fue para algunos fans más cerrados de aquella época. Lo cierto es que hoy In Flames tiene un público definido muy cautivo, que ya sabe a lo que va y lo disfruta de buena gana.
“In The Dark” y “Voices” demostraron la maestría en las cuerdas de Chris Broderick y Björn Gelotte, con un Anders Fridén que salta y se conecta con todos los rincones del teatro mientras descarga desde su garganta dando todo de sí. “Cloud Connected” fue emocionantemente coreada a más no poder, dando un golpe de gracia con “Trigger” y “Only For The Weak”, donde todos saltan y cantan, dejando postales imborrables a cada momento. Liam Wilson se ve más concentrado en su instrumento, pero ejecuta con precisión junto al nuevo baterista Jon Rice, que sostiene la característica rapidez de estas piezas. “Meet Your Maker” gustó desde que se editó como sencillo, y se disfrutó como tal en esta pasada, al igual que “State Of Slow Decay”, “Alias” y “Mirror’s Truth”. Para el encore sonaron “I Am Above” y “Take This Life”, que fue un verdadero huracán, tanto por como sonó, como por cómo se vivió sobre y bajo el escenario.
El regreso de In Flames fue realmente una maravilla de show, una gran presentación de la banda, en ejecución y en entrega, con un Anders Fridén muy emocionado y muy conectado con el público, un público en éxtasis que también lo dejó absolutamente todo. Un ejemplo de espectáculo en todo sentido.


















