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Editorial

Issues y la catarsis sagrada de Korn: cuando el vacío se convirtió en refugio sonoro

Era casi Navidad de 1999 y yo tenía apenas once años. Vivía en un mundo que no terminaba de armarse, donde las preguntas eran abismos y las respuestas apenas sombras. En ese limbo entre la niñez y la brutalidad de la adolescencia, me sentía extraña en mi propio cuerpo, como si el espejo me devolviera a una desconocida. Y fue justo ahí, entre vitrinas frías y luces artificiales, en la tienda donde trabajaba mi madre, que escuché por primera vez Issues de Korn. No fue por recomendación ni por la radio. Fue por accidente. Un televisor escupía la intro fantasmagórica de “Falling Away From Me”, y algo en mí —algo que ni siquiera sabía que existía— se encendió.  Ese instante sonoro me atravesó como una revelación, irrumpiendo en mi mundo justo cuando más lo necesitaba, aunque yo ni siquiera sabía que lo estaba buscando.

Korn ya había construido una reputación furiosa con sus tres primeros discos, pero Issues fue otra cosa. Fue un manifiesto emocional, una cartografía del dolor trazada con sangre y distorsión. Ahí, la banda tomó su caos interno y lo canalizó en una forma más melódica, más contenida, pero igual de letal. En este disco, el sufrimiento no solo se expresa a través de la música, también se abraza, se disecciona, se convierte en ritual catártico . Desde el inicio litúrgico de “Dead” hasta la confesión abrasiva de “Dirty”, cada tema es una habitación oscura en la que alguien deja la puerta entreabierta, invitándote a entrar si también estás roto. A finales de los 90, cuando la cultura pop vendía perfección plástica y las familias se resquebrajaban en silencio, los adolescentes nos hundíamos en una crisis identitaria sin nombre. El mundo hablaba de progreso, pero nadie nos enseñaba a sentir. Y entonces llegó el nü metal —o aggro metal, como le decíamos algunos en Chile—, y con él, Korn. Con ropa ancha, con mentalidad perturbada, con guitarras que parecían excavadoras emocionales. Nos dieron un lenguaje nuevo, uno en el que la tristeza tenía ritmo, la rabia tenía compás, y el vacío… por fin tenía eco. 

Korn nunca fue sobre técnica o virtuosismo. Fue sobre sentir. Sobre ponerle nombre al hueco que crecía en el pecho. En Issues, esa misión alcanza su punto más alto. “Falling Away From Me” hablaba de abuso, sí, pero también de esa caída libre emocional en la que muchos ya estábamos sin saber cómo pedir ayuda, sin saber siquiera si la merecíamos. Esa frase —“Beating me down, beating me, beating me down…”— se convirtió en mantra, en oración, en válvula de escape. Mientras las noticias hablaban de avances tecnológicos, nosotros hablábamos en voz baja de suicidios, de ansiedad, de no querer levantarse. Y nadie parecía escuchar. Nadie excepto Korn. Issues fue la banda sonora de una generación que creció entre ruinas emocionales. En un tiempo sin redes sociales, sin hashtags de contención ni terapias accesibles, nos teníamos solo a nosotros. Y a la música. Y en esa soledad compartida, canciones como “Make Me Bad” o “Somebody Someone” se volvieron himnos. No eran solo temas que te gustaban, eran verdaderos diarios íntimos que alguien se atrevía a cantar en voz alta. Cuando Davis suplicaba por “alguien, cualquiera”, estaba hablando por todos nosotros. No era solo dolor experimental, también era esperanza enterrada, rabia contenida, un susurro que decía no estás solo.

Y lo más hermoso —y cruel— es que Issues nunca necesitó aprobación. No venía a complacer, sino a existir. Nos insultaban los adultos que decían que eso no era música. Nos menospreciaban los “true metaleros” que no aceptaban a Korn como parte de la escena. Pero justamente ahí está la belleza radical de este disco, que siempre fue de los inadaptados, de los rechazados por todos los bandos. De los que nunca encajaron. De los que aprendieron a hacer de su dolor un espacio habitable. Incluso la portada —esa muñeca rota, remendada, tuerta— fue elegida por fans. Y en ella nos vimos reflejados. Porque todos, de algún modo, éramos esa figura de trapo, tratando de sostenernos con lo poco que teníamos. Hoy, en una época saturada de discursos sobre salud mental, Issues sigue siendo más honesto que muchas campañas. No porque ofrezca soluciones, sino porque reconoce el problema. Y lo abraza.

Han pasado más de dos décadas. Y cada vez que suena “Falling Away From Me”, vuelvo a tener once años. Vuelvo a esa tienda, a esa vitrina, a ese instante donde todo cambió sin que lo supiera. Porque Korn me dio música, pero además me dio un lugar en el mundo. Issues no nos salvó del dolor, pero nos enseñó que no estábamos solos en él. Y eso, para una generación entera, fue más que suficiente. Este disco nos enseñó que la herida y sus emociones también pueden ser hogar y abrigo.

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Editora y Creadora de Contenido en iRock. Leal servidora del Rock, el Metal y los sonidos mundanos. Conductora en "La Previa" y Co-conductora en "Rock X-Files". | Mail: litta@irock.cl

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