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Live Review | Iron Maiden: La Bestia más viva que nunca

Foto: Jaime Valenzuela - DG Medios

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Iron Maiden

Invitados: Anthrax + The Raven Age

11 de marzo 2016 | Estadio Nacional

Review: Freddy Veliz | Fotos: Jaime Valenzuela (DG Medios)

 

 

11 de Marzo de 2016, otra fecha que miles fanáticos chilenos de Iron Maiden atesorarán en sus memorias. La octava visita de la banda británica que genera exorbitantes reacciones en nuestro país por parte del público, que a pesar de la cantidad de veces que La Doncella nos ha visitado, cada una de ellas es como si fuese la primera vez. Por más que se llene el Nacional, siempre habrá un nuevo fan de la banda, quizás la más vigente de su generación.

El Ed Force One aterrizó en nuestro país y consigo venían además los miembros de Anthrax y The Raven Age (conjunto liderado por George Harris, hijo de Steve). Fórmula que Iron Maiden ya adoptó como una tradición (traer bandas invitadas), recordemos sus anteriores shows con Exodus, Ghost, Slayer o Lauren Harris (también hija de Steve, que al parecer hace esfuerzos para promocionar las carreras de sus hijos).

Ya no es noticia lo atrayente de Iron Maiden, tampoco la transversalidad generacional, eso es algo que nos han ido dejando claro en cada uno de sus shows, y el de anoche no fue una excepción. Familias completas, jóvenes adolescentes que ni siquiera nacían cuando la banda debutó en nuestro país en 1996, muchos incluso viviendo el primer concierto de sus vidas. Pasan los años y La Bestia continúa conquistando almas, y llevando casi 60.000 asistentes a nuestro coliseo más importante. Un cuadro para no olvidar.

The Raven Age, la agrupación del hijo guitarrista de Harris, comenzó su presentación antes de lo programado oficialmente, más de la mitad de la cancha ya se veía atiborrada de poleras negras ávidas de lo que se venía, las caras de felicidad eran perceptibles a distancia. Camino al Estadio desde temprano ya se podían apreciar cual peregrinación a Lo Vásquez hordas de fieles marchantes.

El metal melódico de la novel banda británica, que se encuentra promocionando su Ep debut homónimo, publicado el 2014, fue apreciado con cautela por los asistentes, que en su mayoría, gran mayoría mejor dicho, no conocían el trabajo que desarrollan. Una propuesta con nada nuevo como para sorprender, que podríamos asociar al sonido de bandas como All That Remains o Killswitch Engage. Si hay algún corte que destacar, creo que lo más sólido y entusiasta fue el peso de “Angel of Disgrace”. En mi opinión al conjunto le falta madurar su propuesta, creo que Steve Harris le quiere hacer muy fácil el trabajo a su hijo. Un show que no será difícil sacar de la memoria.

A las 19:45 horas estaba estipulada la salida de Anthrax al escenario, la agrupación norteamericana liderada por el guitarrista Scott Ian, también ha logrado una especial relación con nuestro país. No olvidemos que su última visita el 2013 la inmortalizaron en un dvd impresionante titulado Chile on Hell, una preciada recompensa para un público que los recibe con un fervor único.

Un gran telón de fondo con la carátula de For all Kings, última placa de la banda, y que fue publicada a fines de febrero pasado, se imponía en el escenario, para recibir a esta banda esencial en la historia del Thrash Metal, que abren este regreso con la calada “Caught in a Mosh” que asegura una partida en alto, por distintos puntos de la cancha se van desatando los tradicionales mosh pit, que tanto gozan  los neoyorquinos cada vez que pisan suelo chileno.

Un set compacto, que lamentablemente no estuvo exento de problemas en el sonido, y que nunca logró el punto de aceptación que uno espera. Igualmente la banda zafa por la fuerza de su propuesta, y el carisma de Joey Belladona que siempre mantiene el show en alto, incluso con cortes de su nuevo álbum, que en lo personal aun no he escuchado completo, pero que al apreciar piezas como “Breathing Lightning” o “Evil Twin” podemos avizorar una obra con toda la esencia de la banda.

Con el clásico y representativo “Indians” finalizaron un set de 8 temas, dejando la adrenalina en un punto máximo de excitación en una espera de más de 30 minutos, para tener de vuelta en el escenario del Estadio Nacional Julio Martínez Pradenas, a La Doncella de Hierro.

Un estadio colmado cuando ya nos acercábamos a la hora oficial en que Iron Maiden nuevamente tomara posición en un escenario chileno, era la postal que nos acompañaba. Muchos critican aduciendo que la banda ofrece lo mismo de siempre, y tal vez tengan razón, no hay mucha novedad en una presentación de  los dirigidos por Harris, en cuanto a cómo estructuran su show, pero siempre tienen algún detalle para sorprendernos, y esta vez claramente fue la escenografía basada en la cultura Maya, principal inspiración para The Book of Souls, la nueva obra con la que están girando, y que ha obtenido positivos comentarios por parte de la crítica y el público.

Iron Maiden desde álbumes como Powerslave siempre ha dejado entrever sus influencias progresivas, y con el tiempo, en especial en sus dos últimos trabajos esas estructuras se han ido acentuando cada vez más, y esa característica hace que muchos no enganchen con esta etapa de la banda, puesto que los arreglos instrumentales pueden ser menos directos, pero musicalmente más complejos. Sin embargo, la partida con “If Eternity Should Fail” seguida del single “Speed of Light” fue simplemente épica. La teatralidad de la puesta en escena crea atmósferas profundas y misteriosas, enmarcadas en el concepto de la antigua civilización mesoamericana. Un trabajo pulcro, que se enriquece con el fuego que emerge desde distintos puntos del escenario.

Obviamente los clásicos siempre son recibidos con una ferviente respuesta y “Children of the Damned” del esencial álbum The Number of the Beast de 1982 fue el que dio el primer batatazo, confirmando el excelente estado vocal de Bruce Dickinson, quien viene saliendo de la recuperación de cáncer a la lengua, que hizo peligrar su carrera y la de la banda.

Foto: Jaime Valenzuela - DG Medios

Foto: Jaime Valenzuela – DG Medios

La prolijidad con que los británicos estructuraron su set list para destacar principalmente su nuevo trabajo, estuvo muy bien diseñada, intercalándose con las obras más queridas por el público, sin caer en la triste fórmula de vivir de los recuerdos. Eso es una señal de que Harris, Murray, Smith, McBrain, Gers y Dickinson están lejos del agotamiento de ideas, a pesar de que en sus más recientes discos intuyamos un reciclaje de melodías, riffs o los galopantes compases que caracterizan su música. De los quince temas que comprendieron el show, seis pertenecen a The Book of Souls, eso es algo decidor. “The Red and the Black” es una joya preciada dentro de esa obra, y se escuchó imponente desde el comienzo con Steve Harris introduciéndonos desde sus cuerdas graves.

Los clichés de un directo de La Doncella, no pueden quedar fuera, Dickinson con la bandera británica teatralizando “The Trooper” o enmascarado en la increíble “Powerslave”, que sonó brillante, son momentos que nos trasladan a sus años dorados. Igual efecto se produce con la magnánima “Hallowed be thy Name” o “Fear of the Dark” quizás la que provocó uno de los momentos más emocionantes de la jornada con la multitud cantando y coreando cada nota instrumental y cada frase emanada desde la voz de Bruce. Antes con “The Book of Souls” corte que da título al último disco, hizo su aparición Eddie para el asombro de los fanáticos, que fue testigo de un ritual en el que Dickinson le arranca el corazón para posteriormente ofrecerlo en sacrificio estrujándole la sangre sobre las llamas que brotaban en el centro de la escena. Para el final de esta primera parte Eddie reaparecerá en “Iron Maiden”, pero tras la batería de Nicko, como una gigantesca cabeza que a través de sus ojos miraba amenazante a su alrededor hasta desaparecer en medio del humo.

En el encore la voz de Barry Clayton narrando el versículo 18 del capítulo 13 del apocalipsis, nos revela el turno del himno por antonomasia, “The Number of the Beast” es ovacionada por la multitud, un clásico provocador de las más ridículas apreciaciones de grupos religiosos en los 80s, que tildaron y estigmatizaron a la banda como adoradores de Satán, por la imaginería de su letra y la puesta en escena que la acompaña en vivo, y ayer un demonio gigantesco emergió a un costado para recrear el furtivo encuentro de Harris con el infierno, según el sueño que lo inspiró para crear uno de las más importantes canciones del heavy metal.

“Blood Brothers” con una introducción de Bruce refiriéndose a los hechos históricos que han marcado el Estadio Nacional, le dio un significativo sentido, uno de los temas más queridos de su etapa entrando al siglo XXI, en medio de este, alguien lanzó una bandera mapuche, que el frontman recibió sin mucho interés, ignorando que ese momento cargaba una sentida interpretación a esta pieza, con respecto a la hermandad con nuestros pueblos originarios.

“Wasted Years” del grandioso Somewhere in Time de 1986, fue el encargado de cerrar esta nueva pasada de La Bestia por nuestras tierras, una visita que muestra a una banda que mantiene su forma, luego de una larga carrera  no exenta de sobresaltos, pero que los mantiene vigentes y con ganas de seguir creando. En esta oportunidad tuve la percepción de que mejoraron notoriamente el sonido en comparación a sus anteriores actuaciones, que nunca me han dejado realmente conforme. Si bien en el comienzo las fallas se detectaban considerablemente, esto mejoro con el avanzar de los minutos, llegando a momentos en que encontrábamos sentido a la existencia de tres guitarras, que se distinguían unas de otras, mostrando las capacidades y talento de cada uno de los músicos, Sin desmerecer la calidad inexpugnable de Dave Murray y Janick Gers, creo que Adrian Smith nos hizo rendirnos ante sus ejecuciones, sin dudas un guitarrista dueño de una brillantez y humildad admirable. De Nicko McBrain y Steve Harris podríamos seguir alargando los comentarios, pero todos conocemos la consistencia de esos motores, y de Dickinson solo acotar que su voz parece intacta a los devenires de la vida, de la gravedad de su enfermedad parece ya no existir indicios, y solo nos demuestra que La Bestia está más viva que nunca.

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Noticia publicada por el área editorial.

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